El Millonario tuvo una noche negra en casa y terminó 4 a 1 abajo ante el Matador que se trepó a la cima de la Zona B del Torneo Apertura.
Los 85 mil hinchas que llenaron el Monumental se fueron con una resaca futbolística imposible de disimular. No fue sólo la derrota: fue el baile que Tigre le dio a River en su propia casa, una actuación que dejó olor a papelón y reabrió heridas que parecían cerradas. El equipo de Marcelo Gallardo, que insinuaba una recuperación en el arranque del año, jugó como si nunca hubiera salido de su peor versión reciente.
River fue un equipo sin peso ofensivo, con delanteros desconectados del gol y sin rebeldía. Retrocedió mal, dejó espacios infantiles y fue superado en energía, inteligencia y actitud. El dato duele: perdió los últimos nueve partidos que empezó abajo en el marcador. La noche estuvo marcada por rendimientos individuales muy bajos que potenciaron un funcionamiento colectivo frágil.
El primer tiempo fue un catálogo de errores. Viña sufrió todo el partido: quedó expuesto en los dos primeros goles y nunca encontró respuestas. Rivero, más allá del tanto del final, tuvo una de sus peores actuaciones. Martínez Quarta y Montiel tampoco lograron sostener la defensa, mientras que Aníbal Moreno regaló una pelota que terminó en gol rival. La expulsión de Fausto Vera terminó de quebrar cualquier intento de reacción.
Arriba, el panorama fue igual de pobre. Salas y Colidio extendieron su sequía y quedaron en evidencia frente a la contundencia de los delanteros de Tigre. River tiró centros sin destinatario y nunca tuvo un faro ofensivo. El equipo atacó sin ideas, sin sorpresa y sin convicción. El contraste con un Tigre intenso y decidido fue brutal.
La reacción del público fue inmediata. A los 24 minutos del segundo tiempo bajó el grito que resumió la bronca: “Jugadores, la concha de su madre…”. Silbidos, insultos y abandono anticipado en las tribunas reflejaron la ruptura emocional entre el equipo y su gente. Mientras el estadio sigue creciendo, el rendimiento futbolístico parece encogerse.
Tigre firmó una goleada que quedará en su historia. Para River, en cambio, fue una noche que reabrió fantasmas y dejó una certeza incómoda: el equipo volvió a parecerse demasiado al de 2025. Una derrota que no es sólo un resultado, sino una alarma a todo volumen.
