El Pincha se mantiene invicto en el Apertura, le ganó al Verde en La Plata por 1 a 0 en un duelo especial.
El abrazo de Eduardo Domínguez con Alexis Castro tras el gol del triunfo ante Sarmiento de Junín dijo mucho más que cualquier discurso. En la despedida del entrenador, el tanto del volante fue un desahogo cargado de simbolismo para Estudiantes de La Plata. Fue el 1-0 definitivo en una tarde donde el resultado quedó en segundo plano frente a la emoción.
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La noticia de su salida había explotado el jueves: el Barba aceptó la oferta de Atlético Mineiro y decidió interrumpir un ciclo exitoso de casi tres años en el club platense. En ese período conquistó una Copa Argentina, dos torneos locales y dos Trofeos de Campeones, números que lo ubican como el segundo entrenador más ganador en la historia del Pincha, solo por detrás de Osvaldo Zubeldía.
El clima en el estadio Uno fue especial desde el primer minuto. Cuando Domínguez pisó el campo de juego, la gente lo recibió con un “Barba, Barba” ensordecedor. Su gesto serio habitual se quebró: se secó las lágrimas debajo de los lentes, visiblemente conmovido. No hubo reproches, solo reconocimiento para un ciclo que devolvió títulos y protagonismo.
En lo futbolístico, el triunfo extendió el invicto a 12 partidos y dejó al Pincha como puntero de la Zona A, al menos hasta que juegue Vélez Sarsfield frente a River Plate en Liniers. El equipo no mostró su mejor versión y sintió las bajas de Cristian Medina y Santiago Ascacíbar, pero le alcanzó para ser superior a un rival que solo inquietó en el inicio del complemento.

Castro, quien ya había sido campeón con Domínguez en Colón de Santa Fe, tuvo la más clara en el primer tiempo y en el segundo conectó con precisión un centro de Thiago Palacios para marcar el único gol del partido. Después, el juego se diluyó entre empujones y discusiones, con poco fútbol y demasiada fricción.
El cierre fue puro sentimiento. Tras el pitazo de Andrés Merlos, los jugadores no se fueron al vestuario. Esperaron a su entrenador en el centro del campo y formaron una ronda para el último acto: las cinco copas en exhibición y la foto final. Domínguez levantó la mano, agradeció y guardó esas imágenes en la memoria. Fue el final de una etapa dorada que ya quedó en la historia grande de Estudiantes.