Sería el equivalente a entre 23 y 46 veces el volumen de todos los océanos del planeta.
Un estudio publicado en Nature y difundido por Scientific American revela que el núcleo terrestre podría contener una cantidad inesperadamente grande de hidrógeno, desafiando los modelos clásicos sobre la formación y composición de la Tierra y abriendo nuevas preguntas sobre su evolución interna.
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Según la investigación, el núcleo —tradicionalmente considerado compuesto casi exclusivamente por hierro y níquel— podría albergar entre 80 y 140 partes por millón de hidrógeno. Aunque esa proporción parece pequeña, al extrapolarla al volumen total del núcleo representa una cantidad colosal de este elemento, el más abundante del universo.
El hidrógeno es particularmente difícil de estudiar en el interior terrestre. Tiende a escapar hacia el espacio y su comportamiento bajo condiciones extremas es complejo. En el núcleo, las temperaturas superan los 5.000 °C y las presiones alcanzan millones de veces la atmosférica. Para estimar su presencia, los investigadores combinaron simulaciones computacionales con experimentos de laboratorio que replican esas condiciones extremas.

El equipo comparó la densidad y otras propiedades físicas del núcleo con materiales sometidos a altas presiones. Una de las claves fue explicar por qué el núcleo es menos denso de lo esperado si estuviera formado solo por hierro y níquel. La incorporación de hidrógeno —un elemento liviano— permitiría resolver esa discrepancia.
Las implicancias del hallazgo son profundas. Los modelos más aceptados sostienen que durante la formación temprana del planeta, los elementos ligeros como el hidrógeno se habrían perdido en gran medida al espacio, dejando un núcleo dominado por elementos pesados. Si el núcleo retuvo cantidades significativas de hidrógeno, las condiciones iniciales de la Tierra habrían sido distintas de lo que se creía, obligando a revisar los modelos sobre su origen.
Además, la presencia de hidrógeno podría influir en procesos fundamentales como la generación del campo magnético terrestre. Este depende del movimiento del hierro líquido en el núcleo externo; si el hidrógeno modifica la conductividad eléctrica o las propiedades físicas del material, podría alterar la dinámica que produce el escudo magnético que protege al planeta de la radiación solar.
El hallazgo también impacta en la ciencia planetaria en general. Comprender cuánto hidrógeno puede retener el interior de un planeta ayuda a interpretar la evolución de otros cuerpos del sistema solar e incluso de exoplanetas, donde este elemento podría desempeñar un papel decisivo en su dinámica interna y potencial habitabilidad.
Aunque los resultados se apoyan en evidencia experimental y modelos físicos robustos, los científicos advierten que serán necesarias más pruebas, incluyendo nuevos análisis sísmicos y experimentos a presiones extremas, para confirmar la magnitud exacta del hidrógeno profundo. De confirmarse, el descubrimiento obligará a replantear aspectos centrales de la historia de la Tierra y de los procesos que modelan el interior de los planetas.