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Alarma ambiental por una araña gigante que invade Estados Unidos y desplaza a especies nativas

El avance de un arácnido asiático causa preocupación entre científicos y autoridades, al provocar el descenso de poblaciones autóctonas y alterar el equilibrio ecológico en distintos hábitats del país.

Hoy 12:35

Una especie invasora de araña gigante, conocida como Jorō, está colonizando rápidamente gran parte de Estados Unidos desde su llegada en 2014. Originaria de Asia y con hembras capaces de alcanzar hasta 8 centímetros de envergadura —lo que equivale al tamaño de una mano humana—, la Jorō presenta una coloración amarilla con franjas azules y rojas. Su capacidad de adaptación a distintos ambientes, incluidos ciudades, autopistas y zonas residenciales, favoreció su expansión.

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Estos arácnidos, ya detectados en estados como Georgia, Carolina del Sur, Tennessee y Maryland, se multiplican a ritmo acelerado y desplazan a especies nativas. Aunque poseen veneno, científicos y autoridades confirman que no representan peligro real para personas ni mascotas.


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Sin embargo, la preocupación principal no reside en su toxicidad, sino en las consecuencias que su irrupción está generando en los ecosistemas urbanos y rurales.

Aunque son especialistas en ambientes urbanos, su notable capacidad de dispersión utiliza un mecanismo llamado ballooning: las crías generan hilos de seda para desplazarse por el aire, lo que explica su rápida colonización de zonas urbanas y rurales, incluso a distancias lejanas de los focos originales.

El origen y la llegada de la araña Jorō a Estados Unidos

La araña Jorō, cuyo nombre científico es Trichonephila clavata, es nativa de Japón, China, Corea y Taiwán. Su arribo accidental a Estados Unidos se atribuye al transporte marítimo de carga desde Asia, en un principio en el estado de Georgia.

Los primeros registros son de 2014, y desde entonces, su avance ha sido documentado por universidades y entomólogos en estados como Carolina del Sur, Carolina del Norte, Tennessee y Maryland.


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Investigadores de la Clemson University y la University of Georgia se encargaron de seguir de cerca la expansión de la Jorō mediante monitoreos de campo. Los especialistas confirmaron su capacidad para establecerse en diferentes ambientes, también urbanos, lo que facilita su dispersión.

Un crecimiento poblacional acelerado

Estudios recientes muestran que las poblaciones de Jorō en Estados Unidos aumentaron significativamente en los últimos años. Este fenómeno se atribuye a su metabolismo elevado, tolerancia al frío y ciclo vital rápido.

Según datos publicados por la revista científica Arthropoda y la asociación North American Invasive Species Management Association (NAISMA), la especie duplica su población cada año, lo que favorece su extensión a nuevas áreas.

La dispersión de la Jorō es impulsada por el método de ballooning antes descrito, fundamental para la propagación de las crías por varios metros a través del aire y para la aparición de ejemplares en regiones alejadas.

Las hembras adultas alcanzan una envergadura de hasta 8 centímetros con las patas extendidas y presentan cuerpo amarillo con franjas azules y marcas rojas. Los machos, de menor tamaño y coloración menos visible, suelen pasarse por alto.

Las hembras construyen grandes telas doradas de hasta 3 metros de diámetro, visibles en jardines, caminos y áreas suburbanas.

Otra característica es su comportamiento cannibalístico: tras el apareamiento, es posible que las hembras se coman a los machos, fenómeno documentado tanto en su área nativa como en los nuevos territorios colonizados.

Adaptabilidad y presencia en zonas urbanas

La Jorō destaca por su capacidad de adaptación a ambientes urbanos. Investigaciones de la Odum School of Ecology de la University of Georgia han demostrado que la especie tolera vibraciones, ruidos y otras perturbaciones propias de la ciudad, a diferencia de muchas arañas nativas.

Esto le ha permitido prosperar cerca de carreteras, infraestructuras y zonas densamente pobladas.

Andy Davis, especialista en ecología urbana, puntualizó: Estas telas de Jorō “aparecen en otoño junto a carreteras muy transitadas”, y las arañas sobreviven sin dificultad en esas condiciones. Esta tolerancia favorece su propagación en áreas urbanas, donde otras especies encuentran barreras.

Efectos en las especies nativas y en el ambiente

El avance de la Jorō genera alteraciones comprobables en la biodiversidad local. Informes de entomólogos y de la asociación NAISMA advierten que, aunque la especie no es un peligro directo para las personas, desplaza a arañas autóctonas tejedoras de orbe.

Censos realizados entre 2014 y 2024 en zonas invadidas muestran un descenso de hasta el 40% en poblaciones de especies nativas, debido a la competencia por presas, espacio para las telas y recursos alimenticios.

Si bien este arácnido ayuda a controlar algunas plagas, su dieta variada le permite consumir organismos beneficiosos y especies en riesgo, lo cual altera el equilibrio ecológico y afectando a la fauna local en regiones invadidas.

¿Existe riesgo para personas y mascotas?

Si bien la apariencia y tamaño de la Jorō pueden generar aprensión, las pruebas científicas coinciden: no existen registros de muertes ni de picaduras médicamente relevantes. El entomólogo David Coyle y el ecólogo José R. Ramírez-Garofalo han indicado que la especie no representa un riesgo médico para humanos ni animales domésticos.

El veneno tiene efectos similares al de otras arañas tejedoras y es poco agresiva hacia las personas, rehusándose a morder.

El desafío más relevante para la población es la incomodidad causada por la proliferación de telas durante la época de apareamiento o cuando cubren jardines y caminos. Los expertos recomiendan que las telas pueden retirarse fácilmente con una escoba o palo, siempre tomando precauciones para evitar dañar innecesariamente a los ejemplares.

Perspectivas para el futuro

Las proyecciones científicas indican que la Jorō continuará expandiéndose en Norteamérica y podría llegar a Canadá. Su tolerancia al frío, capacidad reproductiva y fácil adaptación dificultan los esfuerzos de contención.

Investigadores y autoridades ambientales insisten en mantener el monitoreo y estudiar nuevas estrategias de manejo para limitar los efectos sobre la biodiversidad.

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