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Opinión y Actualidad

Crítica de "Búnker"

La nueva película del francés Florian Zeller, responsable de las aplaudidas 'El padre' y 'El hijo', compite por el León de Oro de la Mostra de Venecia.

Hoy 07:08
Búnker Javier Bardem

Por Manu Yáñez
Para Fotogramas

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Para los que creemos que el cine es, ante todo, un arte de lo real, hay pocas cosas más apasionantes que seguir la evolución de los artistas involucrados en la creación de las películas. Ocurre con los directores y directoras, que van construyendo con sus obras una mirada personal sobre el mundo. Pero también pasa con los actores y actrices, que a lo largo de sus carreras —sobre todo cuando son extensas y fructíferas— van dejando rastros de unos cursos vitales que, pese a estar sujetos a la ficción, contienen la evidencia de lo vivido. En el caso de Penélope Cruz y Javier Bardem —dos de los más grandes intérpretes de nuestro cine—, sus trayectorias alumbran un fértil itinerario tanto emocional como ético y moral, una historia de vida que salta de la pantalla al imaginario de los espectadores. Además, para los que ya somos veteranos, su historia fílmica en común opera como una suerte de reflejo soñado de la nuestra. ¿Cómo no sentir una cierta nostalgia por la pasión desaforada y la sed de vivir de ‘Jamón, jamón’, cuando el futuro era un territorio virgen por conquistar? ¿Cómo no emocionarse con el recuerdo de aquel centelleante cara a cara de ‘Vicky Cristina Barcelona’, cuando el genio explosivo de Penélope era amortiguado por la compostura y la siempre imponente presencia de Bardem?

Y así llegamos hasta hasta el presente, en el que ‘Bunker’ emerge como una obra de madurez para la pareja de actores españoles. Estamos ante una película en la que Penélope y Bardem construyen, de la mano del dramaturgo y cineasta francés Florian Zeller, una estimulante colección de escenas matrimoniales que imbrican momentos de complicidad, postales del tedio cotidiano, reflejos de los desafíos de todo proyecto familiar e indicios de una fractura en el corazón de la relación de pareja. Es decir, un retrato complejo y muy vivo de una relación que vibra al son de las concisas e intensas interpretaciones de Penélope y Bardem, cuya envergadura actoral merece un lugar de honor en el panteón de la profesión. Puede que su química no sea tan fogosa como la de Richard Burton y Elizabeth Taylor –¿quién querría sufrir de esa manera?–, y puede que su energía no sea tan descontrolada como la de John Cassavetes y Gena Rowlands. Pero las colaboraciones entre Penélope y Bardem tienen la particularidad de contar una historia que va mutando con el tiempo. En ‘Bunker’, hay algún pequeño momento en el que la indignación del personaje de Penélope puede traer a la memoria sus estallidos de ‘Vicky Cristina Barcelona’, pero en realidad estamos ante unas interpretaciones “nuevas”, diferentes, que destacan por la serenidad expresiva. De hecho, los mejores momentos de ‘Bunker’ son aquellos en los que la pareja intercambia miradas, esculpiendo toda una biografía matrimonial con la magia de los silencios compartidos.

En ‘Bunker’, Penélope y Bardem dan vida, respectivamente, a un arquitecto de éxito y a una editora. La pareja vive en Londres, junto a sus dos hijas, en un cierto privilegio, una “comodidad” que parece haber ido horadando el amor de antaño. El compromiso del matrimonio en el proyecto familiar no parece tener grietas, pero en el corazón de la mujer empieza a palpitar un malestar. Este punto de partida se ve golpeado por la aparición de los emisarios de un magnate de la tecnología (creador de apps que abducen a los adolescentes) que ofrece al arquitecto la construcción de un búnker en Hawaii. La generosa remuneración y la posibilidad de realizar una obra de proporciones faraónicas parecen cautivar la imaginación y los anhelos de grandeza del personaje de Bardem; sin embargo, la esposa, Penélope, advierte rápidamente que detrás del encargo subyacen varios de los grandes males de nuestro tiempo. No se trata solo de la obscena acumulación de capital de los gurús de la tecnología, sino la evidencia de que los más poderosos intuyen el colapso de nuestras sociedades, y en lugar de intentar hacer algo para subsanar este peligro, prefieren construir madrigueras apocalípticas.

‘Bunker’ es una película que aborda de forma directa varios de los grandes desafíos de nuestro tiempo: ¿Podemos hacer algo para confrontar a las fuerzas deshumanizadoras que, desde el ámbito tecnológico, se empeñan en oscurecer nuestro mundo? ¿Cómo podemos mantener vivo el diálogo con nuestros vecinos cuando el sistema capitalista no deja de ensanchar las fronteras entre los individuos? ¿Qué vías de diálogo existen entre generaciones aparentemente separadas por la brecha tecnológica? Estamos ante un proyecto artístico de gran ambición, que sin embargo no alcanza la cima de sus pretensiones por culpa de una exposición demasiado explícita de sus tesis. Cuando la película se sumerge en el drama matrimonial –recogiendo los ecos del cine de Michelangelo Antonioni–, el nivel del film crece, y los mismo ocurre con el estudio de las dinámicas intergeneracionales del clan –por suerte, la hija adolescente no queda reducida a una adicta a las redes sociales–. Sin embargo, cuando el film juguetea con el thriller de amenaza vecinal (con Stephen Graham como el vecino humilde que pone en peligro el bienestar de la familia protagonista), la metáfora del bunker doméstico se vuelve demasiado evidente. Curiosamente, en su recta final, la película adopta un camino que puede recordar al estudio de la mala conciencia burguesa en el cine de Michael Haneke, aunque en ‘Bunker’ el fatalismo se ve compensado por un tenue halo de esperanza. En definitiva, con sus altos y bajos, estamos ante una película que invita a reflexionar sobre el presente y sobre el mundo que queremos dejar a las generaciones futuras.

Para admiradores de la bella historia fílmica de Penélope Cruz y Javier Bardem.