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Opinión y Actualidad

Se sumó empleo, pero solo informal

El último informe de EDIL (IIEP-UBA-CONICET) muestra que, en un año, el empleo total creció en 265.000 personas pero el informal lo hizo en 348.000: el empleo formal cayó. Y casi todo el aumento informal corresponde a trabajadores independientes.

Hoy 04:47
Foto de archivo.

Por Roxana Maurizio y Tomás Álvarez Kuhnle (*), en diario Ámbito

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En el último año, el empleo total en Argentina creció en 265.000 personas. El empleo informal creció en 348.000. La diferencia muestra un dato particularmente alarmante: el empleo formal se redujo. La caída de puestos formales también se observa en los registros administrativos: desde fines de 2023 se perdieron alrededor de 250.000 puestos asalariados formales.

El aumento de la informalidad entre el segundo trimestre de este año e igual período de 2025 se observó con mayor fuerza entre los trabajadores independientes. De esos 348.000 nuevos informales, apenas mil fueron asalariados sin aportes a la seguridad social. Los otros 347.000 fueron trabajadores autónomos informales: 316.000 cuentapropistas informales y 31.000 patrones informales.

 Entre los asalariados, la informalidad fue de 37,9% en el segundo trimestre de este año, apenas 0,2 puntos más que un año antes. Entre los cuentapropistas, en cambio, la tasa de informalidad pasó de 62,4% a 65,8%, y entre los patrones de 21,6% a 26,2%. El aumento de los cuentapropistas informales explica por sí solo el 91% de la suba de la informalidad total, que arrojó una tasa general en 45%, 2 puntos porcentuales más que en el segundo trimestre de 2025.

En el caso de los asalariados, si bien la incidencia es más baja que entre los trabajadores independientes, casi 4 de cada 10 trabajan sin aportes a la seguridad social, y la tasa se mantiene en valores muy elevados desde hace 18 años.

Quiénes acceden al empleo informal
La informalidad no incide con igual fuerza en todos los grupos de trabajadores. El informe permite dibujar un perfil. Los jóvenes de 16 a 24 años registran una tasa de informalidad de casi 69%, casi 25 puntos por encima del promedio, y con una brecha que se amplió casi 4 puntos en un año.

Quienes no terminaron el secundario (67%), exhiben una probabilidad de ser informales cuatro veces mayor que la de los universitarios (17%). Quienes trabajan en empresas de hasta cinco personas, donde la tasa llega a 68% y se concentra más de tres cuartas partes de toda la informalidad, también se encuentran entre los más afectados. Finalmente, las mujeres experimentan una tasa 3,1 puntos porcentuales más elevada que los hombres, brecha que se incrementó durante el último año.

El sector de actividad también es relevante para entender la heterogeneidad de este fenómeno. El servicio doméstico (77,4%) y la construcción (76,2%) son los dos sectores con mayor incidencia de este fenómeno. Asimismo, son ramas de actividad que concentran a las mujeres y a los hombres de menor nivel educativo. Alrededor de 27% de los hombres que no terminaron el secundario trabajan en la construcción, y 34% de las mujeres con ese nivel educativo lo hacen en casas particulares.

Sin el servicio doméstico, la informalidad femenina bajaría de 46% a 41%. Sin la construcción, la masculina pasaría de 43% a 37%. El comercio, en tanto, es el que más trabajadores informales reúne en términos absolutos, porque combina una incidencia alta (57%) con un cuarto del empleo total.

La informalidad según el territorio
La geografía suma otra capa. En Cuyo, el Nordeste y el Noroeste la informalidad supera el 50%, y Gran San Juan encabeza el listado con 61%. En la Patagonia, en cambio, la tasa es de 27%, y en Ushuaia–Río Grande llega a 18%. Pero hay movimiento debajo de esos promedios. A modo de ejemplo, Posadas pasó de 43,4% a 53,4% en un año, un salto de 10 puntos.

Las consecuencias se miden en el bolsillo. Un asalariado informal gana, en promedio, un 34% menos que uno formal con las mismas características: si el formal cobra $100.000, el informal cobra $66.000. Entre el 20% de asalariados que menos gana, 8 de cada 10 trabajan sin estar registrados. Y más de uno de cada tres trabajadores informales (35%) vive en un hogar pobre, contra 10% entre los formales. Tener un empleo no es, en Argentina, un reaseguro contra la pobreza.

La comparación regional también arroja información valiosa. Con 45% en el segundo trimestre, Argentina queda a mitad de tabla entre diez países de la región: lejos de Uruguay (22%) y Chile (24,5%), pero también de Perú (63,4%). Es una situación intermedia en una región de informalidad muy elevada.

Revertir este panorama tan complejo requiere una combinación de factores: un sendero claro de crecimiento sostenido, sectores que demanden empleo y políticas de formalización y de formación. Ninguno alcanza por sí solo. Mientras esa combinación no se dé, el dato central seguirá siendo el mismo: el empleo creado seguirá siendo informal.

(*) Investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA