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El misterioso síndrome de la fermentación interna que eleva el alcohol en sangre

Mareos, confusión e incluso estados de ebriedad pueden aparecer sin consumo previo. Qué es este poco conocido diagnóstico y cómo se maneja.

17/11/2025

Aunque suene a excusa o a mito, existe una condición médica en la que el cuerpo produce alcohol de manera interna, a partir de la fermentación de carbohidratos ingeridos en la dieta. Se llama síndrome de fermentación intestinal o “síndrome de autocervecería” (Auto-Brewery Syndrome) y fue descrito por primera vez en la década de 1970.

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La Asociación Médica Americana describe este cuadro como “una fermentación endógena capaz de generar niveles clínicamente significativos de alcohol en sangre”.

Los casos confirmados son muy pocos y se cree que está infradiagnosticado, ya que sus síntomas suelen confundirse con consumo oculto de alcohol, trastornos neurológicos o problemas psiquiátricos.

En 2019, un hombre de 40 años de Bélgica fue condenado por manejar alcoholizado. Volvió a dar positivo años después, pero él aseguraba no haber bebido.

Tras estudios médicos, tres profesionales independientes demostraron que padecía el síndrome. Finalmente, el juez lo absolvió. El fallo incluyó una advertencia contundente: si volvía a presentar niveles elevados al volante, sería sancionado, independientemente de que el alcohol fuera producido por su cuerpo.

Según reportes clínicos, también se han identificado casos extremadamente raros asociados a fermentación en la boca o incluso en el tracto urinario.

Los signos pueden aparecer de manera intermitente y a menudo después de comer alimentos ricos en azúcares o harinas. Algunos síntomas frecuentes incluyen:

  • Mareos o desorientación
  • Dificultad para hablar
  • Resaca sin haber bebido
  • Fatiga crónica
  • Cambios bruscos de humor
  • Malestar digestivo o hinchazón
  • Alteración del equilibrio o coordinación

Un reporte clínico del CG Case Reports Journal describe: “El paciente presentó una concentración de alcohol en sangre de 0,3 g/dL en ausencia total de ingesta etílica”.

Los médicos señalan que puede desarrollarse después de:

  • uso prolongado de antibióticos,
  • alteraciones en la microbiota intestinal,
  • enfermedades preexistentes como diabetes, Crohn, obesidad o sobrecrecimiento bacteriano.

También existe evidencia de que algunas personas podrían tener variaciones genéticas que reducen la capacidad del hígado para metabolizar el alcohol, agravando los episodios.

El abordaje incluye normalmente:

  • reducción estricta de carbohidratos y azúcares,
  • antifúngicos o antibióticos dirigidos,
  • probióticos en algunos casos para reequilibrar la flora intestinal,
  • monitoreo médico y test de alcoholemia para seguimiento.

El portal Best Doctors Insurance resume el abordaje así: “El tratamiento requiere modificar la dieta para impedir la fermentación y utilizar antimicrobianos para reducir la carga de microorganismos responsables.”

Los especialistas recomiendan considerarlo cuando un paciente:

  • Da positivo en alcoholemia sin haber ingerido alcohol
  • Presenta episodios repetidos de intoxicación inexplicable
  • Tiene síntomas compatibles tras ingerir carbohidratos

Eso sí: antes, se deben descartar consumo oculto y trastornos psiquiátricos.

En cualquier persona sana, existe una cantidad mínima de etanol producido por la microbiota intestinal. Pero en quienes desarrollan este síndrome, ciertos microorganismos —principalmente levaduras como Candida o Saccharomyces— proliferan de manera exagerada y fermentan los carbohidratos como si fueran un tanque cervecero.

Ese alcohol se absorbe en el intestino delgado, pasa a la sangre y genera efectos comparables a una intoxicación real.