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Murió el cineasta húngaro Béla Tarr, director del clásico "Tango satánico"

El referente del cine experimental y político, reconocido por llevar al cine la obra del Nobel de Literatura László Krasznahorkai, falleció a los 70 años tras una larga enfermedad.

06/01/2026

El director húngaro Béla Tarr murió este martes a los 70 años, según confirmó el realizador Bence Fliegauf a la agencia de prensa MTI, en nombre de la familia.

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Considerado uno de los grandes maestros del cine húngaro, Tarr desarrolló una filmografía compleja, oscura y profundamente política, con una estética marcada por los planos secuencia extensos, el ritmo pausado y una mirada metafísica sobre la condición humana. Su obra más emblemática es Sátántangó (Tango satánico) (1994), una película de siete horas que retrata el colapso del comunismo en Europa del Este y su decadencia material y espiritual.

La película es una adaptación de la novela homónima del escritor László Krasznahorkai, con quien Tarr colaboró en reiteradas ocasiones. Esta asociación creativa fue decisiva para consolidar su etapa de madurez artística.

Aunque su reconocimiento internacional fue tardío, Béla Tarr es considerado uno de los cineastas húngaros más influyentes de la historia, solo por detrás de Miklós Jancsó. Su prestigio se afianzó con homenajes como el recibido en el Festival de Tesalónica en 2002 y con la publicación del libro Béla Tarr. Le temps d’après (2011), del filósofo Jacques Rancière.

Nacido en Pécs y criado en una familia obrera de Budapest, Tarr tuvo un breve paso como actor durante su infancia, pero pronto orientó su interés hacia el cine. En su juventud aspiraba a convertirse en filósofo, pero tras serle negado el acceso a estudios universitarios por el gobierno húngaro, decidió dedicarse de lleno a la dirección cinematográfica.

Sus primeros trabajos fueron documentales sobre la clase trabajadora, lo que llamó la atención de los Estudios Béla Balázs, que en 1977 le ofrecieron dirigir su primer largometraje, Családi tűzfészek (Nido familiar), con apenas 22 años. Filmada en blanco y negro, con actores no profesionales y en solo seis días, la película se inscribe en el realismo social, una etapa inicial de su carrera.

Tras títulos como Szabadgyalog (El intruso) y Gente prefabricada, Tarr inició un giro radical en su estilo con su adaptación de Macbeth (1982), que marcó el comienzo de una narrativa más abstracta y condensada. Desde entonces, su cine se caracterizó por una exploración del tiempo, el silencio y el movimiento, con influencias de Andrei Tarkovski, la pintura de Brueghel y el cine de Jancsó, aunque siempre rechazó la idea de seguir dogmas estéticos.

La colaboración con Krasznahorkai alcanzó su punto más alto con Kárhozat (La condena) (1988) y se consolidó definitivamente con Sátántangó, una obra que requirió siete años de planificación y cuya duración de 415 minutos desafió las convenciones del cine tradicional. La escritora Susan Sontag afirmó sobre el film: “Volvería a ver Sátántangó una vez cada año”, una frase que contribuyó a su consagración crítica.

En los años siguientes, Tarr profundizó su estilo con películas como Werckmeister Harmóniák (Las armonías de Werckmeister) (2000), El hombre de Londres (2007) y su despedida definitiva del cine, A Torinói ló (El caballo de Turín) (2011), tras la cual anunció su retiro de la dirección.

Desde entonces, su obra ha ganado una nueva circulación internacional, permitiendo que títulos antes inaccesibles se incorporen al canon del cine contemporáneo. La muerte de Béla Tarr deja un legado singular: el de un cineasta que llevó el lenguaje cinematográfico hasta sus límites expresivos, desafiando al espectador y redefiniendo la experiencia del tiempo en el cine.