El recurso tecnológico e informático se ha convertido en un arma intangible pero poderosa, más allá de en manos de quién se encuentre.
Por Gabriel Zurdo (*), en diario La Nación
Durante las operaciones del 3 de enero último, el Comando Cibernético de los Estados Unidos, junto a otras fuerzas terrestres, aéreas, etc., pudieron causar un “apagón”; es decir, interrumpieron la energía eléctrica mientras avanzaban, incluyendo también internet y las telecomunicaciones.
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Varias agencias de los Estados Unidos participaron suministrando información de inteligencia al Comando de Operaciones Especiales y al Comando Sur. El alumbrado público en Caracas “se apagó en gran medida gracias a nuestra experiencia”, declaró el presidente Trump en la conferencia de prensa del sábado. No dio más detalles sobre las capacidades y los métodos que permitieron a Estados Unidos apagar el alumbrado público en la capital venezolana.
El general Dan Caine, Jefe del Estado Mayor Conjunto, declaró en conferencia de prensa que la CIA, la NSA y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA) participaron en la misión. La NGA utilizó imágenes y datos cartográficos para apoyar las actividades militares. También informó que el U.S. Cyber Command (Comando Cibernético) fue autorizado a realizar operaciones cibernéticas ofensivas y confirmó que participó en la operación, dijo Caine, aunque no dio detalles sobre qué acciones se ejecutaron.
En general, no son necesarias ciberoperaciones cuando simplemente es posible atacar la infraestructura eléctrica con bombas de 1000 kg. Es probable que hayan tenido acceso físico a la infraestructura local y que usaran el ciberataque para iniciar el ataque. El alumbrado público y la provisión de energía eléctrica serán necesarios después del evento: la gente necesita poder usar sus celulares, habrá que restaurar la estabilidad.
Todo indica que esta fue una operación “híbrida”, donde el US Cybercom y el Southcom provocaron un apagón.
La población de Caracas y de Venezuela en general sufre y enfrenta, desde hace años y hasta estos días, una profunda crisis respecto de la manipulación tecnológica, con un déficit comunicacional total, bajo tensión, miedo e incertidumbre tras los operativos militares que realizan las fuerzas del chavismo contra la población venezolana, con habitantes desorientados, incomunicados por fallas en los servicios, interrupción permanente de la conectividad y falta de información confiable.
Las redes sociales han sido un recurso útil para entender la realidad, mientras ahora una parte significativa del país vive en un verdadero desierto de información. Sin cobertura de medios locales, existe una desconexión de las noticias, provocando aislamiento comunicacional. La realidad es que luego de las elecciones presidenciales de 2024 la dictadura intensificó su aparato de vigilancia y control. Combinando múltiples restricciones de acceso a la información, acoso y vigilancia, amenazas a las redes sociales y el bloqueo o cierre de medios de comunicación y otros sitios y aplicaciones, como Signal, X, Reddit, Microsoft, AWS CloudFront o plataformas como Mercado Libre. Acceder a internet y que sea segura ha sido una lotería, quizás a través de VPN y ahora gracias a la ayuda de Elon Musk.
En el pasado, el régimen de Maduro ha recurrido a linchamientos digitales y este miedo podría permanecer, ya que aún continúa el uso intensivo de sistemas de monitoreo y vigilancia que viola los derechos a la libertad de prensa, expresión y asociación, restringiendo las acciones de la sociedad civil, los periodistas y la ciudadanía en general. Riesgos que se han experimentado en el pasado, como la divulgación no consentida de información personal, conocida como doxing, hasta la intervención de más de un millón de líneas telefónicas.
Mientras la población veía cercenados sus derechos, el chavismo, en una rara e incomprensible paradoja, sostuvo su aparato de propaganda en X, el mismo que le censuró a la población; efectuando también y hasta el día de hoy registros compulsivos de teléfonos móviles con el objetivo de encontrar algún vínculo con la oposición.
Impulsando a denunciar a vecinos a través de VenApp o en grupos de WhatsApp, la aplicación VenApp es un claro testimonio sobre cómo la dictadura de Venezuela inicialmente generó una tool para reportar fallas de servicios públicos, pero que evolucionó para que los ciudadanos denuncien actividades consideradas “desleales” al regimen, poniendo el foco en la vigilancia social y permitiendo reportar desde drones hasta vecinos que lo cuestionan.
En los últimos años, en Venezuela proliferó la instalación de decenas de antenas falsas ubicadas en lugares estratégicos. Estos dispositivos, conocidos como IMSI Catchers o Stingrays/Triggerfish, parecen antenas de telefonía móvil comunes, pero en realidad pueden interceptar comunicaciones en un radio de hasta un kilómetro, con capacidad de capturar llamadas, leer mensajes de texto y rastrear la ubicación exacta de un teléfono.
En 2010, el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, impulsó la “guerrilla comunicacional”. Desde entonces, el chavismo ha desarrollado estructuras de propaganda digital articuladas con su narrativa política.
Últimamente, campañas como #VenezuelaSeEscribeConVDeVietnam, tras un comentario irónico de Donald Trump sobre la milicia venezolana, utilizaron videos manipulados e inteligencia artificial para amplificar mensajes de respaldo a Maduro y atacar figuras como Trump y María Corina Machado.
(*) Especialista en riesgo tecnológico y negocios