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Opinión y Actualidad

Franz Liszt, el pionero de los popstars

Uno de los más notables pianistas y compositores del siglo XIX.

09/01/2026

Por Luis Vinker, en diario Clarín

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La Lisztmanía

Si pensáramos que la idolatría hacia los músicos, o el fenómeno de masas que constituyen los grandes recitales, desde Elvis o Los Beatles hasta las más cercanas Taylor Swift, Lady Gaga o Dua Lipa, constituyen un fenómeno moderno, seguramente nos faltarían precisiones. La historia de la música indica que Häendel como director y promotor de espectáculos o los castrati del siglo XVIII tenían legiones de adoradores. Pero ninguno alcanzó la dimensión de Franz Liszt –uno de los más virtuosos pianistas de todas las épocas- y maravilloso compositor. Tanto que se acuñó el término Lisztmanía, idea del poeta alemán Heinrich Heine, para describir aquel fenómeno.

Un reciente artículo de la Revista Clásica cita estudios de la Universidad de Sheffield donde explican que “las reacciones emocionales y físicas de los fanáticos de Liszt, como los gritos, las ovaciones y los desmayos, eran características que han sido una parte constante de la cultura de los fans. Los periódicos de la época incluso alimentaron estereotipos de fanáticas femeninas que se desmayaban y gritaban ante Liszt”.

Liszt fue un prodigio musical desde chico, que deslumbraba a las audiencias en los templos de la música en todas las ciudades: por su estilo, su carisma y la belleza de sus composiciones. El mismo artículo recuerda que “la fama de Liszt lo llevó a ser cortejado por las cortes, las mujeres se arrojaban a sus pies, algunas perdían la razón. Los periódicos informaban extensamente sobre los conciertos de Liszt y sus numerosas escapadas que avivaban el interés en él. Durante uno de sus recitales en Viena, se formó un tumulto en el público cuando varias damas de alta sociedad se disputaban a quién pertenecía el pañuelo que Liszt había utilizado para secarse el sudor. La tensión llegó a tal punto que incluso tuvo que intervenir la seguridad para calmar la situación”.

Liszt y Chopin fueron los más mayores compositores de su época. Pero Liszt fue un revolucionario en la interpretación. “Producía un arrebato electrizante”, escribió el crítico Harold Schonberg en su libro Los grandes pianistas. “Se presentaba con su media melena y su ceremonia. No besaba la mano a las mujeres. Ellas debían besárselas a él. Fue soberbio y efectista”.

Un genio universal
Liszt nació el 22 de octubre de 1811 en Raiding, una ciudad que hoy se encuentra al este de Austria y que en su época pertenecía al reino de Hungría. Su familia era originaria de Szeged y su padre Adam resultó una influencia decisiva sobre su vocación musical. Hoy Liszt es reivindicado como propio por Hungría, que considera que junto a Bela Bartok y Zoltan Kodly forman el “tridente” de sus más grandes compositores. Chico prodigio como compositor e intérprete de piano, se radicó con su familia en París, pero perdió muy pronto a su padre –víctima del tifus- y tuvo que ganarse la vida dando clases, antes de iniciar las giras de conciertos.

Aquellos comienzos son similares a los de Mozart. Discípulo de Carl Czerny, a los ocho años Liszt asombraba por sus composiciones y sus primeros conciertos, se presentó en el Palacio de los Esterhazi –los nobles húngaros- y en el teatro de Wroclaw, Polonia. Otra anécdota cita que el propio Beethoven le besó en la frente como testimonio de admiración, pero es incomprobable. Transformó aquellos conciertos en espectáculos emocionales, como un precursor del artista moderno que hace vibrar con la experiencia colectiva. Más adelante, y ya consagrado, vivió en Roma y Weimer (Alemania) pero era un viajero incansable: sus giras lo llevaron por toda Europa, desde Portugal hasta Rusia.

Latin lover
A su vida turbulenta no podían faltarle los romances apasionados. Liszt amó y fue amado por las damas de su época como Marie Duplessis (la mujer que inspiró a Verdi para La Traviata) o la duquesa de Sajonia, Maria Pavlovna. Con Caroline de Saint-Cricq, una joven de la nobleza a quien le dio clases de piano, vivió su primera relación conocida, quedó devastado luego de la separación. Pero el amor de su vida fue una princesa, Carolyne Sayn-Wittegstein, quien dejó a su marido y su vida en un palacio para consagrarse a Liszt. Pidieron la nulidad del matrimonio ante el Vaticano, pero se lo negaron. Esa relación inspiró una de sus composiciones más conocidas de Liszt, “Sueño de Amor”. Finalmente se casó con Marie d’Agoult y tuvieron tres hijos. Una de ellas fue Cosima, luego esposa de Richard Wagner.

Aquella vida tempestuosa, los extensos viajes y una salud deteriorada lo llevaron a recluirse finalmente en Bayreuth. Se había volcado a una música más introvertida y mística (de aquella época data su obra “Funérailles”), concibiendo también la renovación sacra, que no llegaría a concretar. Fue allí, en Bayreuth, el templo de Wagner, su yerno, donde murió en 1886, a los 75 años.

Como describió Jesús Ruiz Mantilla, “el exceso romántico condujo su vida. En el amor, en la música, allá por donde pasaba dejaba huella y delirio. Fue Franz Liszt, el mago ardiente del piano”.