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Natalidad en mínimos históricos: “El desafío no es tener más hijos, sino mejores condiciones para criarlos”

La socióloga Eugenia Bravo advirtió que la caída de la natalidad en la Argentina responde a factores económicos y sociales, y sostuvo que el foco debe estar puesto en garantizar condiciones materiales, laborales y de cuidado que permitan criar sin mayor precariedad ni desigualdad.

Hoy 14:58

La tasa de natalidad en la Argentina atraviesa su punto más bajo en décadas y abre un profundo debate social, económico y político. En diálogo con Noticiero 7, la socióloga Eugenia Bravo analizó los factores que explican el fenómeno y cómo cambió la mirada sobre la maternidad en el país.

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Según datos oficiales, la natalidad descendió de 18,2 nacimientos por cada mil habitantes en 2014 a 10,7 en 2022, mientras que el número de nacimientos anuales pasó de 770.000 a apenas 460.000 en 2023, cifras que marcan un mínimo histórico.

Bravo explicó que esta caída no es un fenómeno exclusivo de la Argentina, sino que responde a una tendencia mundial, visible en América Latina, Europa y Asia. “Está vinculada a transformaciones económicas, laborales y sociales que impactan directamente en la posibilidad de criar”, señaló.

De acuerdo con el último informe de la Dirección Nacional de Población, los nacimientos se redujeron casi a la mitad en la última década. Además, el Censo 2022 reveló que la tasa de fecundidad cayó un 57% entre 1980 y 2022, pasando de 3,3 hijos por mujer a 1,4.

Si bien la disminución se registra en todas las provincias, existen diferencias territoriales. Buenos Aires y Tierra del Fuego presentan las caídas más pronunciadas, mientras que Santiago del Estero y San Juan muestran una menor pérdida de nacimientos, ubicándose por debajo del promedio nacional. Estas variaciones responden a dinámicas socioeconómicas y condiciones locales específicas.

“La baja natalidad no implica un rechazo a la maternidad o paternidad”, aclaró Bravo, y remarcó que el contexto económico vuelve muy costosa la decisión de tener hijos, especialmente para las mujeres. Entre los principales factores mencionó la precariedad laboral, las interrupciones en el empleo tras la maternidad, los menores salarios y las dificultades para acceder a ascensos.

A esto se suma que las tareas de cuidado continúan fuertemente feminizadas. “Aun cuando hay pareja, la mayor parte del cuidado cotidiano recae sobre las mujeres, con poco acompañamiento del Estado y de la comunidad”, indicó. También mencionó las dificultades en el acceso a la salud sexual y reproductiva, la falta de servicios de cuidado y educación para las infancias y el pesimismo sobre el futuro como elementos que retrasan o condicionan la decisión de maternar.

En cuanto a la mirada social sobre la maternidad, Bravo señaló que sigue atravesada por mandatos de género. “En muchos ámbitos laborales se considera que la maternidad es un obstáculo, y eso impacta directamente en las oportunidades laborales de las mujeres”, sostuvo, al tiempo que ejemplificó con situaciones que se replican en distintas provincias, incluida Santiago del Estero.

Respecto a los desafíos políticos, la licenciada planteó que el debate no debe centrarse únicamente en aumentar los nacimientos. “El foco tiene que estar puesto en mejorar las condiciones de vida de las familias, reducir desigualdades y fortalecer los sistemas integrales de cuidado”, afirmó.

El acceso a la vivienda, la educación y los servicios básicos aparecen como ejes centrales. En ese sentido, destacó que Santiago mantiene desde 2005 políticas sostenidas de vivienda e inversión educativa que forman parte de un entramado de cuidado fundamental para las trayectorias de vida de las familias.

Más que incentivar nacimientos, el desafío es construir condiciones que permitan elegir la maternidad y la paternidad sin que eso implique mayor precariedad o desigualdad”, concluyó Bravo.