El Fortín pegó sobre el final del partido y le ganó por 1 a 0 a la Gloria en el Monumental Presidente Perón.
El primer tiempo en Córdoba fue claramente soporífero. Vélez e Instituto ofrecieron un desarrollo típico de comienzo de temporada, con intenciones renovadas pero plagadas de imprecisiones. Las escasas aproximaciones al arco llegaron más por errores propios que por virtudes ofensivas, en un trámite que nunca logró levantar vuelo.
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La acción más destacada de esa etapa inicial fue una durísima entrada de Mosevich sobre Pellegrini, que generó preocupación general. El defensor de la Gloria fue con mucha vehemencia y, aunque tocó la pelota, terminó impactando con la plancha en la tibia del ex Estudiantes. Andrés Merlos entendió que fue un choque y no sancionó falta. Pellegrini quedó muy dolorido, pero pudo continuar. Sobre el cierre, Instituto tuvo un penal que luego fue invalidado por offside previo de Alarcón.
En el segundo tiempo, la tónica no cambió demasiado. La sensación era que ambos podían jugar otros 90 minutos sin sacarse diferencias. El partido parecía condenado al cero, con centros aislados como única vía para romper el marcador. De hecho, la Gloria estuvo cerca con un cabezazo de Alarcón, bien contenido por Álvaro Montero, que terminó siendo el mejor jugador del encuentro.
El arquero colombiano respondió al voto de confianza de Guillermo Barros Schelotto, quien decidió dejar en el banco a Marchiori, uno de los referentes del plantel, respaldando el buen nivel de Montero en la pretemporada. Y cuando el empate parecía sellado, llegó el golpe inesperado.

A los 46 minutos del segundo tiempo, Andrada apareció para sacar un disparo preciso al palo izquierdo de Roffo y desatar el festejo de Vélez. Casi sin buscarlo y aprovechando la última bala, el equipo de Guillermo se llevó una victoria que vale más por lo anímico que por lo futbolístico.
En Córdoba, el Fortín arrancó el campeonato con tres puntos que significan un empujón de confianza, mientras que Instituto se quedó con las manos vacías tras un partido que parecía destinado al empate.