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Ni a los 20 ni a los 50: a qué edad somos más felices, según la psicología

La sensación de bienestar no avanza de manera lineal a lo largo de la vida y desafía una de las creencias más arraigadas: que la juventud es sinónimo de felicidad plena.

Hoy 14:15

Durante años se asumió que los primeros años de la adultez concentraban los mayores niveles de satisfacción. Sin embargo, investigaciones en psicología y economía del comportamiento muestran un patrón diferente. Estudios desarrollados por especialistas como David Blanchflower y Andrew Oswald describen la denominada “curva en forma de U” del bienestar.

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Según este enfoque, la satisfacción vital suele ser relativamente alta en la juventud, desciende de manera gradual durante la mediana edad y vuelve a incrementarse en etapas posteriores. Diversos análisis ubican el punto más bajo del bienestar entre los 45 y 50 años, aunque este umbral puede variar según factores culturales, sociales y económicos.

A partir de los 60 o 70 años, muchos estudios registran un repunte en los niveles de felicidad percibida. Este fenómeno se asocia a una mejor regulación emocional, a la disminución de presiones vinculadas al estatus laboral o social y a una mayor capacidad para disfrutar de las experiencias cotidianas.

Los especialistas aclaran que el aumento del bienestar en edades más avanzadas no implica que la vida sea necesariamente más simple, sino que cambia la manera de afrontarla. Con el paso del tiempo, las personas tienden a priorizar vínculos significativos, ajustar expectativas y concentrarse en actividades que generan satisfacción personal.

En esa línea, investigaciones en neurociencia sugieren que el cerebro desarrolla, con la edad, una mayor habilidad para manejar emociones negativas, lo que contribuye a una mayor estabilidad emocional.

Si bien estos estudios reflejan tendencias generales, los psicólogos subrayan que la felicidad no depende únicamente de la edad. La salud, el entorno social, la situación económica y el sentido personal que cada individuo le da a su vida son factores determinantes en el bienestar.

En conclusión, la felicidad es un proceso dinámico que se construye a lo largo del tiempo. Atender las propias necesidades, sostener relaciones saludables y mantener expectativas realistas son claves que pueden favorecer el bienestar en cualquier etapa de la vida.