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Proponen construir un alambrado de 400 km para frenar el avance de guanacos y recuperar la ganadería ovina

Productores de Santa Cruz impulsan un proyecto para instalar un alambrado de hasta 400 km que permita controlar la población de guanacos, recuperar la productividad ovina y generar financiamiento mediante bonos de carbono.

Hoy 12:51

Un proyecto productivo presentado en la provincia de Santa Cruz propone la construcción de un alambrado de hasta 400 kilómetros y dos metros de altura efectiva en el noreste provincial, con el objetivo de controlar el avance de los guanacos, recuperar la salud del suelo y reactivar la rentabilidad de la ganadería ovina.

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La iniciativa fue expuesta ante productores durante la 102ª Exposición Rural de Puerto Deseado y forma parte de un plan integral que abarca unas 2.260.000 hectáreas ubicadas entre la Ruta Nacional 3 y la costa atlántica, donde funcionan cerca de un centenar de establecimientos ovinos.

Un proyecto para enfrentar desertificación y caída productiva

El denominado Modelo Integral de Ganadería Ovina Sustentable plantea una transición hacia esquemas de ganadería regenerativa que permitan mejorar el manejo ecosistémico, recuperar la fertilidad del suelo y acceder a financiamiento a través de bonos de carbono.

La propuesta surge de un diagnóstico crítico del sistema tradicional, afectado por la desertificación, el aumento de depredadores, la presión de la fauna silvestre y la falta de políticas agropecuarias sostenidas, factores que en las últimas décadas provocaron pérdida de stock, abandono de campos y menor actividad económica en amplias zonas rurales.

El productor agropecuario Sebastián Apesteguía, impulsor del proyecto, explicó que la iniciativa apunta a ordenar la carga animal dentro de un clúster productivo y que el objetivo no es eliminar la fauna, sino gestionarla.

Planteamos construir una barrera que nos permita tener la carga ovina que soportan nuestros campos, regular la fauna y también los depredadores. No se trata de eliminar especies, sino de manejarlas”, sostuvo.

Cómo será la barrera y qué impacto tendría

El proyecto contempla un alambrado de dos metros de altura —considerado el mínimo necesario ya que el guanaco puede saltar hasta 1,60 metros— diseñado para una vida útil de 50 años. La estructura utilizaría materiales reciclados de la economía local, como tubing petrolero recuperado.

Además, prevé la instalación de eco-ductos o compuertas cada 5 a 10 kilómetros, que permitirían el paso controlado de la fauna para garantizar la conectividad biológica y el flujo genético.

Dentro del esquema productivo, la carga de guanacos no debería superar el 10% de la capacidad del suelo. El excedente podría destinarse al aprovechamiento comercial de carne y fibra, en línea con el Plan de Manejo del Guanaco vigente en la provincia.

Financiamiento con bonos de carbono y aporte privado

El financiamiento del proyecto se apoyaría en un esquema mixto: 50% inversión privada, 30% estatal y 20% créditos blandos. Parte del capital provendría del llamado “insetting regional”, mediante el cual empresas mineras y petroleras radicadas en la provincia adquirirían bonos santacruceños para compensar su huella ambiental.

Según Apesteguía, el sistema permitiría amortizar la obra en un plazo de 50 años, mientras los productores devolverían la inversión en “valor producto”, es decir, mediante lana, carne o créditos de carbono.

El proyecto también prevé incorporar trazabilidad tecnológica mediante caravanas electrónicas y sistemas de monitoreo, lo que permitiría certificar la producción como sustentable, con huella de carbono negativa y estándares “wildlife friendly”, es decir, amigables con la fauna.

Una propuesta que busca cambiar el modelo productivo patagónico

Los impulsores del plan consideran que la ganadería santacruceña atraviesa un punto de inflexión, afectada por sequías, cambios climáticos y dificultades económicas. En ese contexto, sostienen que la salida solo puede ser colectiva y basada en innovación tecnológica y ambiental.

La iniciativa, inspirada en modelos aplicados en Australia y Nueva Zelanda, apunta a transformar la capacidad de captura de carbono de la estepa patagónica en un activo económico certificable, con potencial de atraer inversiones y revitalizar la producción ovina regional.

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