Las pequeñas y medianas empresas atraviesan uno de los momentos más delicados de los últimos años. Con caída de ventas, rentabilidad en retroceso, presión impositiva persistente y un consumo que no logra repuntar, el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Ricardo Diab, advirtió que el sector se encuentra en “una situación muy compleja”, con cierres y dificultades para sostener el empleo.
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En declaraciones radiales, el dirigente —también referente histórico de la Asociación Empresaria de Rosario— sintetizó el clima que atraviesa al entramado pyme con una frase que refleja la paradoja actual: “Muchas PyMEs están mal pero no quieren volver al pasado”.
Diab aseguró que la preocupación no solo pasa por el presente sino también por el horizonte inmediato. Señaló que la apertura comercial, tal como se viene implementando, genera fuertes tensiones en las pequeñas y medianas empresas, que deben competir con productos importados —especialmente de origen chino— a precios que consideran imposibles de igualar, incluso con eventuales bajas impositivas.
“Somos conscientes de que para exportar hay que importar y que necesitamos tecnología e insumos, pero competir con productos que provienen de economías con otras escalas y estructuras impositivas es muy difícil”, explicó. En ese sentido, advirtió que, si no existe algún tipo de administración del comercio internacional, podrían profundizarse los problemas en distintas cadenas productivas.
El titular de CAME mencionó como ejemplo el impacto que puede tener esta dinámica en sectores como el autopartista, con fuerte presencia en distintas regiones del país. Según sostuvo, la mayor participación de vehículos importados podría reducir la demanda de piezas fabricadas localmente, afectando a proveedores y pequeños talleres distribuidos en el interior.
Al comparar la coyuntura actual con otros momentos críticos de la economía argentina, Diab evocó la década del noventa. Consideró que, a diferencia de la primera etapa de ese período —cuando muchas empresas pudieron tecnificarse—, hoy el sector no percibe aún los beneficios productivos que esperaba tras los primeros años de ajuste. “Todavía no vemos las bondades en lo productivo, que es lo que nos importa a nosotros”, afirmó, aunque reconoció la importancia del equilibrio fiscal.
Otro de los ejes centrales de su diagnóstico es la debilidad del consumo. El dirigente señaló que el poder adquisitivo permanece deteriorado y que las empresas, con márgenes mínimos, enfrentan serias dificultades para otorgar mejoras salariales significativas. “Si no hay incentivo al consumo y los salarios no escalan, no veo por qué en tres o cuatro meses esto vaya a cambiar”, advirtió.
En ese marco, describió un escenario en el que muchas pymes operan con rentabilidad negativa o muy ajustada, pero aun así mantienen expectativas de mejora. Según Diab, una porción importante de empresarios prefiere sostener la espera antes que regresar a esquemas económicos anteriores. “La realidad hoy es que está mal, pero todavía hay un colchón que nos dice que preferimos seguir esperando que pueda haber una mejora”, concluyó.