X
Opinión y Actualidad

Legados de un papa argentino

“El año viene movidito”, se escucha decir. Una afirmación de la sabiduría popular que vislumbra un intrincado 2026 con múltiples facetas y vaivenes. ¿Tiempo de desengaño y zozobra? No necesariamente; solo constatación de camino que impera avanzar “con los pies en la tierra y la mirada puesta a lo alto”.

Hoy 08:19

Por el Pbro. Marcelo Trejo, Doctor en Teología  
Y, allí pues, afirmaba el papa Francisco, la luz de la fe ensancha el horizonte y reanima pasos de esperanza. Se trata entonces de reescribir nuevos mapas de bienestares, calar una historia irrepitente de errores y desatar asociados intereses individuales de manera amplia y generosa, al modo del corazón de Dios.

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

En ese sentido, caben las preguntas de una “razón práctica” (E. Kant) qué podemos pensar, qué debemos esperar, qué debemos hacer. Cuestionamientos que, el papa argentino, delinearía bajo cuatro principios para una convivencia sana y duradera. (Cf. Ev. Gaudium 222 -237).

Como es imposible bañarse dos veces con la misma agua de un río (Heráclito), así también fijismos institucionales solo acarrean inevitables desconfianzas. Entonces, lejos de inmovilizar momentos de coyuntura conviene disponerse a procesos y etapas porque «el tiempo siempre superior al espacio».

Un camino paciente sin letargos donde la construcción social-política sea templada por «la unidad que prevalece sobre y a través del conflicto de partes». Ciertamente, las diferencias pueden generar frenos y desavenencias, pero la uniformidad silenciada genera asfixia (cf. Fratelli Tutti). ¡Que resuenen las distintas voces y de los acallados primero!

Proclama un sabio adagio latino: “Contra factum non valet argumentum”, significando que la honestidad con la realidad (I. Ellacuría) prevalece ante cualquier justificativo contrario. La vida gemida, añorada, incluso en la manera más cruenta, siempre tendrá el resquicio para volver a empezar o continuar según sea la ocasión. En ella constantemente palpita el Espíritu de Dios que bien puede revivir los huesos secos de una nación (Ez 7, 1 ss).

Más aún, el buen proyecto social o la gustosa idea política que viabiliza el buen vivir no solo tiene en cuenta la realidad, sino que hacia ella tiende como verificación de autenticidad (cf. Tomás de Aquino). De otra manera, la idea nutrida sobre sí misma se convierte en ideología nefasta y mentirosa. Negadora de una verdad que nos hace humanos, libres y desafiados caminantes de la vida (Cf. Jn 8, 34 ss).

Estos principios evocados caerían en un vacío de bondad intensional sino se plasmarán en la historia política de los pueblos y naciones. Argentina no es la excepción. Modernos unitarismos, federalismos, regionalismos, centralismos nos ponen en jaque. Rememorar el principio de «el todo es superior a la parte» es una necesidad. Un axioma de Aristóteles que por sí no alude a un “todo montón: “mucha gente” o a “uno indiscutible de todos”.

Contemporáneamente, el Papa Francisco refresca creativamente este principio con la metáfora del poliedro. Imaginario geométrico de múltiples y distintas lateralidades - ad latere - aunque algunas sean angulosas o cortantes. “Junto a”, ¿no es acaso el modo como se construye fraternidad política y amistad social? ¿Y “al lado”, paso a paso en proyecto común, no se aplica a la noción de Pueblo-Nación; el modo optado para una praxis democrática argentina?

Volviendo al principio. Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso y orquestado. No quedemos atrapados ni menos entrampados. Construir esperanza 2026 es el desafío. Y, «si hay que retomar o volver a empezar que sea siempre desde los últimos, desde los pobres». (Francisco).