El DT se despidió con un breve discurso, evitó responder consultas y dejó en claro que su vínculo con el club trasciende el cargo.
En silencio y sin espacio para preguntas, Marcelo Gallardo le puso punto final a su segundo ciclo al frente de River Plate. Tras el último partido, el entrenador se sentó en la sala de conferencias y ofreció un mensaje breve, atravesado por el agradecimiento y la emoción contenida. No hubo análisis tácticos ni balances estadísticos: eligió hablar desde lo humano.
“Voy a ser muy breve. Simplemente agradecer”, comenzó. El Muñeco destacó el “amor incondicional” de los hinchas y valoró el respeto de la prensa durante sus dos etapas como DT y también en su época como jugador. En un tono sereno, lejos de cualquier estridencia, dejó una frase que resumió su sentimiento de pertenencia: “No me voy a despedir”.
Cuando mencionó que al día siguiente tal vez estaría buscando a su hijo por el colegio “que viene acá”, rompió la solemnidad del momento. En esa referencia íntima dejó ver que su lazo con River va más allá del banco de suplentes. No habló como alguien que se aleja, sino como quien sigue sintiendo al club como parte de su vida cotidiana.
Está claro que este segundo ciclo no tuvo la contundencia del primero, aquel que lo llevó a conquistar América y a marcar una era. Los altibajos futbolísticos y la irregularidad en momentos decisivos desgastaron el proceso. Sin embargo, el reconocimiento de los hinchas se mantuvo intacto hasta el último día.
Gallardo se fue agradeciendo y deseando que el plantel, el nuevo cuerpo técnico y la dirigencia logren “volver a ponerse de pie”. River inicia una nueva etapa, pero lo hace con la huella todavía fresca de un entrenador que ya es parte estructural de su historia grande.