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Opinión y Actualidad

Sin reglas claras no hay empleo: la apuesta de la modernización laboral

El Parlamento sancionó la modernización laboral, la reformulación más profunda en 50 años. Busca reducir litigiosidad, dar reglas claras y limitar discrecionalidad judicial.

Hoy 04:15

Por Marcelo Villegas (*), en diario Ámbito
Luego de un proceso iniciado con el Decreto 70/23 y continuado con la Ley Bases, el Parlamento argentino sancionó finalmente la ley de “modernización laboral”. Las reacciones no se hicieron esperar. Para algunos, es un triunfo frente al poder sindical y la llamada industria del juicio. Para otros, se trata de una norma “antitrabajador” que avasalla derechos históricos.

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Ambas miradas, en sus extremos, simplifican el debate y dejan de lado el fondo del asunto.

El sistema laboral argentino, tal como funcionó hasta ahora, tiene como eje la Ley 20.744 y una extensa red de decretos y normas complementarias. Muchas de ellas —incluida la propia ley madre— nunca fueron reglamentadas.Ese vacío fue llenado con usos y costumbres. Con el paso del tiempo, las reglas del juego se moldearon según la correlación de fuerzas de cada etapa política. El esquema se volvió pendular: hubo ganadores y perdedores según la administración de turno, aunque con una tendencia favorable a la expansión de los reclamos laborales.

En ese contexto, el Poder Judicial asumió un rol central. La interpretación amplia del principio in dubio pro operario derivó, en muchos casos, en sentencias con indemnizaciones desproporcionadas. El impacto no fue menor: especialmente en pequeñas y medianas empresas se instaló una cultura defensiva. No contratar, no registrar o subregistrar pasó a ser, para muchos, una estrategia de supervivencia. El círculo se completó con multas, inspecciones, atribuciones sindicales ampliadas y sucesivas leyes de blanqueo que no lograron resolver el problema estructural. Así creció la llamada “industria sin chimeneas”: la industria del juicio laboral.

En un país que no genera empleo privado genuino desde hace años —y donde el empleo formal se sostuvo en gran medida por la expansión del sector público— lo que sí creció fue la litigiosidad. Detrás de ese fenómeno operó una maquinaria de estudios jurídicos especializados que encontraron allí un negocio altamente rentable. El costo lo pagaron, en muchos casos, pequeñas y medianas empresas que terminaron cerrando o reduciendo personal. La nueva ley representa la reforma más profunda de las últimas cinco décadas en materia de relaciones laborales. Introduce simplificación registral, mayor flexibilidad organizacional y reglas más claras sobre los costos de desvinculación. Reduce la discrecionalidad judicial en la actualización de créditos laborales y acota prácticas sindicales que, bajo el amparo de los usos y costumbres, interfieren procesos productivos mediante bloqueos y piquetes.

¿Alcanzará para generar empleo? Es pronto para afirmarlo.

La norma es una condición necesaria, pero no suficiente. Su impacto dependerá de su reglamentación y de su articulación con otros instrumentos, como el RIGI, el RIMI y futuras reformas impositivas y previsionales. También dependerá de los actores.

El Poder Ejecutivo deberá avanzar en reformas estructurales pendientes. El sector empleador tendrá la responsabilidad de aplicar las nuevas reglas con profesionalismo y capacitación adecuada. Y los sindicatos deberán actualizar su accionar dentro del nuevo marco normativo, con claridad sobre derechos y límites. Ahora comienza otra etapa: la promulgación, la reglamentación y, probablemente, la judicialización de algunos capítulos. Habrá debates. Habrá interpretaciones divergentes. Y habrá un período de incertidumbre.

Sin embargo, más allá de las posiciones ideológicas, lo cierto es que se ha dado un paso trascendente.Los pilotos, al aproximarse a la pista, siguen tres líneas imaginarias: inicial, básica y final. En esa metáfora, el Decreto 70/23 fue la aproximación inicial. La Ley Bases, la básica. Y esta modernización laboral, la final. El aterrizaje no garantiza el éxito del viaje. Pero al menos indica que se ha elegido un rumbo.

(*) Abogado especialista en negociaciones complejas, derecho laboral y recursos humanos, exministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires y coach ontológico.