Milei había prometido no insultar más y muy rápido volvió, como alguien que rompe su abstinencia, al agravio.
Por Daniel Santa Cruz, en diario La Nación
“Saben que los audios son falsos. Sigan mintiendo a la gente con situaciones que no tienen además los crudos, vamos, sigan mintiendo. Manga de ladrones, manga de chorros, por eso tienen a su líder presa. Y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el Memorándum de Irán, va a seguir presa por lo que hizo con Vialidad, porque es una chorra”, dijo el presidente Milei el domingo en el Congreso Nacional, desencajado, lejos de un comportamiento institucional acorde a su investidura. Pero más allá de las formas, lo que dijo reviste de una tremenda gravedad política. Milei no tuvo en cuenta que, en la causa Andis, la justicia federal procesó al extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo, exabogado y amigo personal del presidente, y a otros 18 imputados en la trama de coimas y demás discrecionalidades entre esa agencia y laboratorios privados que le proveían medicamentos para personas con discapacidades. Con una salvedad, los investigadores consideran que las acusaciones se basaron en pruebas diferentes y nunca se sustentaron en el contenido de esos audios.
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Por otra parte, un vasto sector de la sociedad sabe que la expresidenta, ya condenada y detenida por la Causa Vialidad, enfrentará un derrotero judicial por distintas causas: Cuadernos, Hotesur, Memorándum con Irán, y que está muy comprometida en todas ellas. Si bien es algo que la opinión pública puede sostener, y el periodismo analizar, hasta ahora la justicia no se expidió y, por más que muchos crean en su culpabilidad, un jefe de Estado no puede afirmar conocer el fallo -lo hace cuando nombra esas causas y asegura que seguirá presa- porque es facultad de un poder independiente de la república. Los abogados de Cristina Kirchner pueden preguntarse: “¿sabe el algo el presidente que los responsables del proceso judicial no sepan?”. En medio del griterío y en su afán por pelearse con el kirchnerismo, Milei dejó abierta una puerta a una posible sospecha de intromisión pública en la justicia. Es que las formas toman relieve político e institucional cuando el que las rompe es el mismo presidente.
Milei está pasando un mal momento en lo económico -la inflación de febrero estará alrededor de los 3 puntos, sumando 10 meses consecutivos de suba-, se pierden miles de trabajos registrados y la recesión se profundiza. Aún así, cuenta con el apoyo de un sector de la sociedad que lo impulsa hacia una posible reelección amparado en la falta de una opción competitiva. No obstante, parecería que, para consolidar ese electorado, necesita mostrarse con un comportamiento agresivo. Quizás lo más importante de su discurso es cuando dijo: “Dedicaremos este año a examinar la organización jurídica e institucional que nos trajo hasta aquí y construir una arquitectura nueva”. La pregunta quedó flotando: ¿Milei buscará reformar la Constitución? Si es así, es preocupante que a alguien que se autodefine como un “liberal libertario” le incomode una Constitución amparada en ese espíritu liberal alberdiano.
Todo hace presumir, de acuerdo a varias confesiones de asesores cercanos al Presidente, que lo que se buscaría para nuestra Carta Magna son algunas reformas como las impulsadas por el referente de la extrema derecha Viktor Orban en Hungría, y aprobadas por el Parlamento. Por ejemplo, hoy en ese país la Constitución prohíbe los actos públicos de las comunidades LGBTQ+ y establece que solo hay dos géneros: hombres o mujeres, con un texto donde prevalece el hombre sobre la mujer y con muchas restricciones a las libertades consagradas en las democracias liberales. Así se afectó a la libertad de expresión y se encontraron “huecos” legales para permitir la interferencia entre poderes independientes, entre otros puntos polémicos. El año pasado, vale recordar, viajaron a Hungría, en representación del gobierno argentino, Agustín Laje, que preside de la usina de pensamiento oficialista Fundación Faro, y el secretario de Culto y Civilización, Nahuel Sotelo. Allí compartieron un encuentro internacional con referentes de la ultraderecha europea como el holandés Geert Wilders, la alemana Alice Weidel (AfD) -no muy reconocida por su simpatía con el sistema democrático en Alemania-, el español Santiago Abascal (VOX) y el anfitrión, Viktor Orban. En ese congreso, los delegados dijeron que Milei es un faro para Occidente, que estaban derrotando al comunismo (?) aunque estos nunca hayan sido una expresión cercana al poder, y que pudieron terminar con la “basura inmunda y pestilente que estaba en el Ministerio de la Mujer. Una recua de pervertidos sexuales, mujeres que militan el feminazidio…”. Una afirmación que no hizo referencia a un gasto desmedido en un área de la administración pública, sino a las características de las preferencias individuales de los miembros que la integraban.
Todas las pistas están a la vista, las intenciones también, el interrogante es si el oficialismo podrá conseguir el apoyo de la sociedad para avanzar en ese sentido. Para ello necesita ganar las próximas elecciones en 2027 en primera vuelta. El problema que enfrentará -más allá de sí la economía acompaña- es que puede dividir votos con otros partidos que comparten el cambio de rumbo adoptado en diciembre de 2023, pero no con las formas institucionales y los modos, reiteradamente insultantes, del propio Milei, que cada día tiene más imitadores en sus filas. Si el Pro decide ir con candidato propio -como algunos creen está pensando Mauricio Macri- pescaría en la misma pecera que los libertarios y podría obtener un porcentaje de votos sumamente necesario para que los libertarios logren evitar el balotaje. Pero lo que comenzó a preocupar al gobierno es la posibilidad de que su vicepresidenta, Victoria Villarruel, decida armar su propio espacio político y competir electoralmente. Villarruel goza de buena imagen en el interior del país, a su propia manera nunca dejó de hacer política, representa a la derecha clásica y tradicional y, además, se beneficia indirectamente con el maltrato que le dispensa su propio gobierno. Pero hay algo más, es hija del teniente coronel Eduardo Villarruel, veterano de Malvinas, y pertenece a la familia militar. De hecho, su trabajo en defensa de las víctimas de los hechos perpetrados por organizaciones terroristas en los setenta la ubicó en un lugar de referencia entre los 90.000 militares en actividad, pero sobre todo en los retirados y sus familias, que hoy están muy disconformes con los salarios y la realidad que les toca vivir.
Villarruel sería un “enemigo perfecto” para frenar las chances de una amplia victoria de Milei en 2027. Es que mientras el peronismo se desarma y los verdaderos partidos republicanos no encuentran su norte, habrá que empezar a medir los votos en ese sector del electorado. Y algo de esto está sucediendo. En estas últimas horas comenzó a correr el rumor de que algunos ideólogos mileístas le aconsejaron al Presidente que el próximo 24 de marzo, al cumplirse 50 años del golpe de estado, anuncie un indulto a todos los militares que aún siguen encarcelados o en procesos por crímenes de lesa humanidad o, al menos, una reivindicación más convincente que las dichas en los dos años anteriores. En la actualidad hay más de 500 detenidos por esos crímenes, 32 prófugos y una cifra superior a 1500 en libertad. También lo haría como un gesto para cooptar la voluntad de ese sector. Claro, no deja de ser un riesgo traer al debate un tema tan sensible para todos los argentinos y que hoy no está en la agenda pública. Pero, dicen los que lo piensan: “Menem lo hizo en 1989, apenas cuatro años después de las principales condenas y fue reelecto, ahora, 40 años después, solo puede traernos beneficios”.
Algunos de los rasgos y objetivos de Milei parecerían encerrarlo en su propio laberinto: el carácter, que le impide transitar un acto institucional sin dejar flancos abiertos innecesariamente. La ideología, al querer asemejarse a las derechas más autoritarias que existen en las democracias del mundo y verse limitado por las reglas institucionales vigentes. Y, finalmente, creer en la necesidad de tener que cambiar todo, desde el estado hasta la Constitución, aunque hoy parezcan batallas no aconsejables.
Milei había prometido no insultar más y muy rápido volvió, como alguien que rompe su abstinencia, al agravio. Pero hasta es lógico que entre y salga de esos lugares, porque como decía Séneca, filosofo estoico: “A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde”.