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Opinión y Actualidad

Crítica de "¡La novia!"

Maggie Gyllenhaal dirige esta versión libérrima y asalvajada de la obra de Mary Shelley que va más allá de un simple remake de 'La novia de Frankenstein' de 1935.

Hoy 06:51

Por Laura Pérez
Para Fotogramas

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Maggie Gyllenhaal se confirma con esta su segunda película, después de la perturbadora ‘La hija oscura’ (2021), como una cineasta con una mirada única y una de las voces más rotundas del momento. El salto de una a otra es monumental. La primera la rodó con cinco millones de dólares, esta es una superproducción de 80. 

Su apuesta es una película salvaje, frenética y apasionada, convirtiendo la historia de la novia en Frankenstein en un grito de rabia de las mujeres y la búsqueda febril de una voz propia por parte de su protagonista, que representa a todas las demás. Resucita a la propia Mery Shelley para convertirla en narradora con una confesión: “Escribí ‘Frankenstein’ para ganar una apuesta (la que hizo con Lord Byron una noche de tormenta en 1818) pero esta es la historia que verdaderamente habría querido contar, si no hubiera muerto antes”. Hace justicia al espíritu de su relato trasladarlo a una época socialmente convulsa, donde casi cualquier cosa era posible, desde lo mejor hasta lo peor, hedonista, liberadora y violenta a la vez como fueron los años 30 (en Chicago y en otros sitios de Europa también).     

Tal vez con una pareja protagonista que no fueran Jessie Buckley y Christian Bale la película habría sido otra. Lo de Bale ya lo sabíamos, pero que la actriz irlandesa haya estrenado en poco tiempo dos películas como ‘Hamnet’ y ‘La novia!’, donde también canta y baila, la coloca en una liga diferente a la que jugaba hace solo unos meses. Cuesta imaginar qué será lo siguiente en su carrera. Está desenfrenada interpretando a esta mujer en busca de su nombre –en ‘La novia de Frankenstein’ (James Whale, 1936) no lo tuvo nunca– y de su propia identidad.

Poseída por la rabia en un sistema de hombres abusadores, corruptos y violentos que se reparten el poder entre ellos. Eso es lo que han representado históricamente los monstruos en la  literatura y en el cine: lo feo, lo grotesco, pero también lo que amenaza la tranquilidad de un mundo ordenado y obediente. Esas son las monstruas de Gyllenhaal clamando venganza. Impresionante su  baile bajo lámparas de araña que podría ser el ‘Berghain’ de Rosalía en los Brit Award antes de que Rosalía lo imaginara.      

Gyllenhaal tenía claro lo que buscaba cuando contrató al director de fotografía de ‘Joker’ (2019) y ‘Joker: Folie à Deux’ (2024), Lawrence Sher, quien le ha dado una estética oscura, barroca y apabullante. También son evidentes las referencias al ‘Metropolis’ de Fritz Lang (1927), ‘El gabinete del doctor Caligari’ (Robert Wiene, 1920) y al cine de Hollywood de los años 20 y 30 al que homenajea toda la película. En esta pareja que huye dejando un reguero de delitos a su paso vemos a ‘Bonnie & Clyde’ (Arthur Penn, 1967) o a los Martin Sheen y Sissy Spacek de ‘Malas tierras’ (Terrence Malick, 1973).

Eso sí, la directora ha soltado tanta artillería pesada en su trama principal que echamos de menos un mayor desarrollo de esa otra, de corte muy cinéfilo, que protagoniza su propio hermano Jake. Resulta juguetona la dinámica entre los personajes de Penélope Cruz y Peter Sarsgaard, aunque su historia peca de subrayar el mensaje a medida que se acerca al final. Tal vez la directora sea consciente de ello e intencionadamente remarque algo que ha quedado más que claro en toda su película. Porque hay cosas que nunca deberíamos dejar de repetir.