Netflix consolida su ambicioso universo de fantasía oscura a través de Geralt de Rivia.
Por Frankie MB
Para Vida Extra
El peligro es una constante en los Reinos del Norte y el Imperio de Nilfgaard. A veces se trata de bestias, espectros y todo tipo de fenómenos; y otras de inesperadas traiciones en acomodadas fortalezas. Los brujos se ganan la vida eliminando a los primeros, y los pocos que quedan no confían demasiado en los segundos; lo cual hace que la resolución de la primera temporada de The Witcher sea tan peculiar: Geralt de Rivia, un poderoso brujo cazador de monstruos, toma bajo su protección -y a su pesar- a la princesa Cirilla de Cintra. ¿Y ahora qué?
Netflix es sinónimo de entretenimiento. Y, si bien, su plataforma de video en streaming está presente en prácticamente todas las consolas (salvo Switch, por ahora) también ha logrado llevar a los héroes de éstas a su catálogo. El caso de Geralt de Rivia es singular: nació entre las páginas de los libros de Andrzej Sapkowski, pero también tiene una enorme presencia en el mundo de los videojuegos. Y eso hace que la serie de The Witcher sea una obra de paso obligado para los apasionados por los RPGs de fantasía.
Y es que el Geralt de Rivia de Henry Cavill no es ni Superman con peluca ni el brujo que conocimos a través de los libros de Andrzej Sapkowski o los videojuegos de CD Projekt RED, y eso no es necesariamente malo. Es una versión hecha a medida del icónico Lobo Blanco y la pieza clave del gran proyecto de fantasía oscura de Netflix en torno a la Saga del brujo. Una nueva versión del crudo universo de The Witcher que queda consolidada y mucho mejor definida en su segunda temporada.
Un proyecto a largo plazo que despegó con los ocho ambiciosos capítulos de la primera temporada y un largometraje animado que nos dejaron a las puertas de acontecimientos mayores. Y, si bien, esta segunda tanda de episodios de The Witcher sabe encauzar todo lo anterior, su verdadero logro es el modo en el que -por fin- éste proyecto encuentra su propio tono, ritmo e identidad; consolidando definitivamente lo que ya podemos definir como el mundo de The Witcher de Netflix.
Un mundo en expansión al borde de la guerra en el que las maldiciones, la conspiración y la inevitable venida del mito de la Cacería salvaje (localizada en la serie como la Persecución Salvaje). Llevan los compases de una trama que, por fin, florece en esta nueva temporada en torno al destino de sus tres engranajes principales: el brujo mutado Geralt de Rivia, la misteriosa princesa Cirilla de Cintra y la maga medio elfa Yennefer de Vengerberg.

Y lo más curioso es que, ya desde el primer episodio de esta segunda temporada, los tres protagonistas de The Witcher -al menos, los de la serie de Netflix- han evolucionado desde aquellos que nos fueron presentados en 2019 para acomodarse los unos a los otros sin renunciar a su forma de ser. Porque si en la primera temporada de The Witcher conocimos a tres figuras fuertes y solitarias, ahora existe una serie de lazos de dependencia directa entre ellos que alinea al conjunto a lo ya visto en las novelas o los videojuegos y que, por cierto, le sienta fenomenal a Geralt, Ciri y Yennefer.
La leoncilla de Cintra, el cazador de monstruos y el destino de los elfos
Pese a tener los modales de un jabalí -y un olor no mucho mejor-, Geralt de Rivia tiene una compasión muy inusual para ser un brujo dedicado a la caza de monstruos. Precisamente, será esa compasión, y un inesperado pago amparado en la Ley de la Sorpresa, la que le acabará vinculando con el destino de la jovencísima princesa Cirilla de Cintra incluso antes del nacimiento de ésta. Sin embargo, la reunión entre ambos se produjo en circunstancias desoladoras.
Cirilla escapó de Cintra a la desesperada y siendo perseguida por el implacable ejército el Imperio de Nilfgaard. Las últimas palabras de su abuela, la reina Calanthe, fueron que partiese en búsqueda del brujo con la esperanza de que ésta obtuviese su protección. Una serie de casualidades hará que Cirilla encuentre a Geralt tras la resolución de la Batalla de Sodden. Quizás el hombre conocido como el Carnicero de Blaviken no tuviese muy claro cómo se debe criar a una joven princesa, pero sabía muy bien dónde la leoncilla de Cintra estaría a salvo: en la fortaleza y bastión de su gremio Kaer Morhen.
La llegada del invierno suele congregar a los brujos en Kaer Morhen, quienes poco a poco llenan sus salas de anécdotas y botellas vacías mientras se reponen de sus heridas, recargan sus pociones y refuerzan su equipamiento. Lo curioso es que, pese a tratarse de una profesión temida y bien remunerada, está se encuentra en plena decadencia, ya que los procesos de mutación para generar nuevos brujos fueron interrumpidos largo tiempo atrás. Aunque solo es necesario un brujo para someter una gran amenaza, cada vez son menos. Quizás por ello, la llegada de Geralt con una hija adoptiva resulta toda una sorpresa. Especialmente para Vesemir, el decano de la orden.
Tras numerosas aventuras por todo el continente, el viejo Vesemir se ha establecido de manera indefinida en Kaer Morhen sirviendo de mentor para la que posiblemente sea la última generación de brujos. Sin embargo, ve algo más que juventud y determinación en la nueva protegida de Geralt, quien no tarda en aclimatarse a su nuevo hogar y emprender un adiestramiento con la espada y en diferentes circuitos diseñados para el entrenamiento de los brujos. Demostrando poco a poco una habilidad insólita.
Mientras tanto, a mucha distancia de la fortaleza de los brujos, dos magas atadas y dadas por muertas son llevadas ante los elfos. Una de ellas es Yennefer de Vengerberg, quien usando la magia del caos declinó a su favor el resultado de la Batalla de Sodden; la otra maga es Fringilla Vigo quien combatió y resultó vencida en la misma batalla junto al ejército de Nilfgaard. Ambas serán llevadas ante la hechicera elfa Francesca Findabair y puestas a juicio. Lo que ninguna de ellas sabe es que esa inesperada reunión tendrá grandes consecuencias para todo el continente.