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Opinión y Actualidad

Crítica de "El regreso de las golondrinas", el drama chino rural que enamora al público

"El regreso de las golondrinas", hermosa historia de amor ambientada en la China rural y vaciada en la que también hay cabida para hablar del feudalismo y el capitalismo, del director Li Ruijun.

17/07/2023

Por Sergi Sánchez
Para Fotogramas

Hay algo muy hermoso en ‘El regreso de las golondrinas’ (traducción que parece contradecir el original en inglés ‘Return to Dust’) que tiene que ver con la delicadeza, casi propia del cine silente, con que retrata el callado amor que nace entre dos marginados en la China vaciada. Lo que empieza como un matrimonio de conveniencia se despliega en una red de gestos de empatía que cristalizan en el esforzado trabajo de una tierra áspera, que apenas dará frutos para mantener a la pareja con vida. No se trata de romantizar la dignidad de la figura del campesino sino de filmar su dura cotidianeidad como un espacio de entendimiento común, en el que la resiliencia y el cuidado mutuo se convierten en una isla, un lugar desde el cual echarle un pulso a la adversidad. Li Ruijun filma el trabajo en esa granja precaria en silencio, atento a la poética del tesón para dominar la materia del paisaje, que aparece tan bello como indomable.

La película es política sin parecerlo. Youtie Ma, con su burro como su único amigo, y Guiying Cao, arrastrando su cojera, son desterrados de la protección de sus respectivas familias en un escenario en el que el éxodo de la población rural a las ciudades es habitual, y las paupérrimas condiciones de vida de la China campesina empeoran a marchas forzadas, hasta el punto de que la película parece situarse en una época casi medieval. Para sobrevivir más mal que bien, Youtie Ma tiene que vender su sangre a un cacique de la zona, demostrando que el feudalismo y el capitalismo siguen siendo primos hermanos. Ambos personajes encuentran su heroísmo en el aislamiento, en una forma de resistencia que no tenemos que confundir con la resignación. Es de agradecer que la película no los convierta en símbolos de nada, porque desde la posición que ocupan los personajes la única forma de derrotar todo cambio social o económico, siempre en fuera de campo, es seguir existiendo a través de un amor que se retrata, testarudo, sin cargar las tintas en vanos sentimentalismos.