El aprendizaje de la captura de imágenes. La fotografía de ayer y de hoy. Usos y costumbres para la imagen fija. Aprovechamiento de la tecnología en pos de la pedagogía con imágenes.
Por Pablo Argañarás, Lic. En Cine y Televisión
Quizás hoy en día parezca anticuado para los adolescentes y niños hablar de una cámara fotográfica. En nuestra cotidianeidad la captura de imágenes se convirtió en un anexo de nuestra mano mediante el celular. Así día a día observamos en las diferentes redes sociales miles de selfies que cada persona sube para mostrar su vida y quehacer cotidiano.
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Espero me sepan disculpar, pero al redactar esto me siento un poco anticuado ya que mi niñez y adolescencia fue algo diferente a lo que es hoy en día respecto a la toma de imágenes.
En las décadas de los ´80 y ´90 la toma de imágenes fijas se realizaba con una cámara fotográfica. El celular no existía, al menos en nuestro Santiago del Estero, y la fotografía digital era una cosa de ciencia ficción. Sí, las fotografías se revelaban en laboratorios para tal fin, sean caseros o comerciales y el material sensible era una cinta de celuloide que se compraba en estas tiendas y eran conocidas por todos como rollos de fotos. Uno podía escoger un rollo de 12, 24 o 36 fotografías. Debía de elegir entre otras cosas también si era fotografía color o blanco y negro y la sensibilidad de la película (por lo general los locales comerciales vendían al público el estándar de 100 ISO, salvo que el cliente pidiese de otra sensibilidad).
Imagínense unas vacaciones en familia. Siete días, supongamos en las sierras de Córdoba o en Mar del Plata. Y para todo el viaje, en el mejor de los casos, 36 fotografías solamente para guardar registro de esos días de descanso. Solo 36 imágenes en siete días. Esto porque la película y el posterior revelado y copiado en papel era bastante caro. Hoy sacamos 36 selfies con la cámara fotográfica anexa al celular para elegir una en que nos veamos bien para postear en redes sociales.
En este contexto a mis 15 años de edad decido que iba a estudiar la carrera de Cine y Televisión. Mi padre me envía entonces a tomar clases de fotografía con una Profesora de Artes Visuales, en ese entonces Catedrática del ISBA "Juan Yaparí". Esta mujer había sido alumna de mi abuelo Absalón Argañarás, en la vieja escuela de Bellas Artes, y su discípula en fotografía y arte pictórico. Ella se llamaba Marta Flores Taboada. Una mujer que para mis 15 años me parecía muy extraña. Ella siempre con su guardapolvo gris, su pelo totalmente canoso, sus manos grandes y dedos largos. Su rostro arrugado, y su voz gutural. Ella era sorda, leía los labios. Tenía un automóvil tipo escarabajo color verde oliva. Su hogar era "el paraíso" de gatos y tortugas, los cuidaba, alimentaba y tenía muchos de estos animalitos. Vivía sola en su casa, en la cuadra de la sede del Partido Justicialista, en la Avenida Belgrano de la Capital de Santiago del Estero, Argentina.
Con Marta empezó mi aprendizaje formal en el manejo de la imagen. Ella me enseñó a educar mi observación, mi forma de mirar, me empezó a entrenar la vista. Por aquel entonces una cámara fotográfica profesional manual costaba un dineral. Mi familia no tenía una cámara réflex para que yo pudiese practicar. Entonces Marta Flores me regaló mi primer "Cámara Fotográfica". Recuerdo que nos sentamos a la mesa. Tomó un trozo de cartulina blanca. Con sus dedos largos plegó el papel en cuatro partes y lo iba recortando con sus manos. Así quedo un marco de cartulina blanca. Me lo entregó y me dijo que desde ese momento debía aprender lo más importante en fotografía: que elementos dejar dentro del encuadre y que elementos dejar fuera de ese marco blanco.
De esta manera ella me dio una herramienta con la cual, jugando, aprendí a mirar. Así recorría la ciudad con esa "ventanita" seleccionando que dejar dentro y que fuera de ella. Marta Flores Taboada con un trozo de cartulina me enseñó el arte fotográfico. Luego formalicé mis estudios universitarios y me dediqué al trabajo con la imagen.
En la actualidad tenemos en nuestras manos no un marco de papel, sino un teléfono celular con una cámara de fotos incorporada. Los invito a aprovechar esa pequeña ventana digital para entrenar nuestra mirada y hacer más y mejores imágenes de nuestra realidad cotidiana.