La psicología, la sociedad y los guiones. Personajes dinámicos y estáticos. Superación versus ostracismo. Los cambios de manera de pensar al evolucionar en la vida. Aristóteles y su “Poética”.
Por Pablo Argañarás, Lic. En Cine y Televisión
Existen dos afirmaciones contrapuestas sobre el ser humano y su comportamiento. Ambas desde la generalización pretenden definir el accionar y obrar del hombre. “Nadie cambia a lo largo de la vida”. Es una de ellas, haciendo alusión al estancamiento del comportamiento. A lo inamovible de la conducta en el discurrir de la vida. “Lo único permanente es el cambio”. Dice la segunda frase. Aquí se asevera que todo, y el ser humano incluido, está a merced del paso del tiempo y por ello del cambio. Desde la psicología se van corriendo de un lado a otro los adeptos según la teoría que barajemos. En la escritura del guión se promueve la segunda, en donde los personajes evolucionan con el correr de la historia.
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Hay dos tipologías de personajes desde la teoría del guión, aquellos estáticos, que no evolucionan en la historia y quienes sí lo hacen, llamados dinámicos. Los personajes estáticos por más que ocurran mil y una vicisitudes en el discurrir de la diégesis de la historia permanecen en las mismas tesituras que al comienzo de la misma. En cambio, los personajes dinámicos van evolucionando y modificando sus actitudes de acuerdo a lo que el drama va barajando.
En los pueblos chicos se tiende a encasillar a la gente. Cual maldición, a fulano de tal se lo rotula de alguna manera y hasta su muerte se lo seguirá viendo a través de ese rótulo. Casi nadie se sale del rol que ese tipo de sociedades asigna a cada quien. Hay familias en las que sucede esta misma dinámica. Cada miembro de la familia cumple un rol, pautado y asignado de manera tácita y se está la vida completa machacando ese rol asignado. En ambos casos, los pueblos pequeños y las familias de la índole mencionada condenan a las personas a cumplir designios asignados y quien se atreve a romperlos está condenado a ser expulsado de ese corpus. Muchas veces quienes se salen son los más sanos. Dejan de replicar pautas que no les son útiles ni propias, no son ellos en realidad, no son los que los demás quieren que ellos sean. Ya dice el refrán, “pueblo chico infierno grande”.
Estamos en una época en donde se promueve la revisión de los archivos audiovisuales. Programas enteros en televisión se basan en ello, en mostrar a personas hace años atrás y contraponer sus actitudes y maneras de pensar o decir con la actual. El chiste está en que, generalmente, en los casos escogidos se contradicen las personas en el discurrir del tiempo. Por ejemplo un jugador de futbol que dice tal cosa y a los quince años se lo muestra expresando tal otra. Esto está socialmente mal visto. No resistir los archivos es malo para la sociedad. Pareciera ser que valoramos el ostracismo y no la evolución. Alguien que vive su vida y crece, evoluciona, evidentemente irá cambiando de parecer en el devenir de su vida. De tal manera no resistir archivos es algo sano. El tema es que vivimos en una sociedad muy enferma.
Uno estudia, se capacita y trabaja. De los errores va aprendiendo y creciendo. Por lo general vamos mutando a mejores versiones de nosotros mismos. Deberíamos ser mejores con el discurrir del tiempo. No creo en las teorías que abonan en la maldad del ser humano desde su nacimiento. El hombre es bueno por naturaleza. Se inserta en una sociedad, crece en el marco de ella y ahí comienzan los problemas. Nadie es un villano de nacimiento. Sólo sucede en las películas de súper héroes norteamericanas en donde algunos cumplen el rol de “buenos” y “otros de “malos”. Como siempre los yanquis y su magnífica capacidad de acotar y banalizar discusiones.
Aristóteles en su libro “Poética” hace una división genérica de las representaciones del ser humano. La característica indispensable para que todas ellas funcionen es una sola. En creer que el ser humano cambia, modifica su ser primario, y en el transcurso de sus días en el mundo va viviendo de manera diferente de acuerdo con los acontecimientos que la vida le plantea. Aristóteles, sin decirlo explícitamente, creía en la evolución del hombre, no en el ostracismo. Toda la ficción de la humanidad se cimenta en su obra cumbre “Poética”, en la cual él toma partido de manera contundente.