Aunque a muchos les resultan molestos, los pelitos del kiwi —conocidos como tricomas— cumplen un rol esencial en la protección, hidratación y conservación de esta popular fruta. Qué son, para qué sirven y cómo consumir el kiwi sin problema.
El kiwi es una de las frutas más llamativas y refrescantes del mundo, reconocida por su sabor único y su vibrante color verde. Pero también por algo que a muchos les resulta incómodo: los pelitos que recubren su cáscara. Lo que pocos saben es que estos pequeños filamentos, conocidos científicamente como tricomas, cumplen funciones clave para el desarrollo y la conservación del fruto.
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Estos “pelitos” no están ahí por casualidad ni son solo un detalle estético. Son estructuras que aparecen en la piel de varias frutas, pero en el kiwi tienen un rol particularmente importante. Según especialistas, los tricomas actúan como una barrera natural contra amenazas externas, como insectos, hongos, malezas y la exposición directa al sol.
Además de su función protectora, los tricomas ayudan a reducir la pérdida de agua, lo que permite que el kiwi se conserve fresco por más tiempo, manteniendo su textura jugosa y su sabor característico. También brindan una mayor resistencia a los cambios de temperatura, protegiendo a la fruta durante su crecimiento y transporte.
¿Cómo consumir el kiwi si te molestan los pelitos?
Si bien los pelitos no son dañinos para la salud, muchas personas prefieren quitarlos. Para hacerlo de forma sencilla, se puede:
Pelar el kiwi con un cuchillo o pelador.
Frotar suavemente la cáscara bajo el agua para remover parte de los tricomas.
E incluso comerlo con cáscara, si se lo lava bien previamente: de hecho, la piel contiene fibra y nutrientes beneficiosos.