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Opinión y Actualidad

En busca de la autoestima perdida

En la cotidianidad no hacen falta mesías, solo decisiones, aciertos, errores, actos fallidos, olvidos, suerte.

22/09/2025

Por Franco Fronzini, en diario Clarín
Vivimos en un mundo de memoria perfecta, implacable. En algo así como la Metamemoria; ya superamos a Dios. El Dios que mató Nietzsche, era un estado de liberación, de recuperación de la autoestima perdida como especie, como individuos. Era un reseteo de lo demasiado humano, una reivindicación de la cotidianidad.

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En la cotidianidad no hacen falta mesías, solo decisiones, aciertos, errores, actos fallidos, olvidos ,suerte. Pensar es olvidar las diferencias, sentenció Borges en su cuento Funes el memorioso, ese cuento que describía el peor de los castigos que la Creación pudo perpetrar: recordar cada instante, en cada una de sus variaciones, en cada una de sus posibilidades, en cada uno de sus detalles. Ser Dios es abandonar la ilusión, es dejarse triturar por la Meta constatación que obtura cualquier forma de aparición de lo inesperado.

Algo así como la supremacía de una planilla Excel por sobre la Mecánica Cuántica, que en su belleza y su incertidumbre se esconden todos los secretos de la existencia, como la definición de Fe ( Hebreos 11:1) atribuida a San Pablo: el argumento de lo que no se ve y la substancia de lo que se espera. Dios ha resucitado en una versión reloaded,un Avatar, con más gigas de memoria, veloz hasta la premonición, que es más rápida y certera que la inmediatez, siempre a un click, portátil.

Es una versión bastante ordinaria de Dios, pero muy rentable. No sangra, porque ya no se hace carne. Ni odia, ni se venga, privándonos de la majestuosidad de los relatos del Antiguo Testamento. Simplemente abandonó el cielo, y se instaló en una nube. Pero por sobre todas las cosas, aunque no se lo cuente a nadie, El también perdió la autoestima.

En el fondo, para qué sirve un Dios en una Teocracia tecno-financiera-militar, manejada por gurúes narcotizados de egos, cuyo génesis no proviene de mitologías fantásticas arraigadas en el ADN de la civilización; estos gurúes autosuficientes se generan en garajes, como figura en sus extremadamente romantizadas y siempre idénticas biografías con la lógica de un guión de Hollywood.

¡Qué metamorfosis!, porque antes los garajes parían grupos de rock y grunge, tracción a sangre, precoces seductores, adictos por necesidad, que gritaban los dolores de la precariedad de los subsuelos de los aplastados.

Esos mismos garajes hoy son las nodrizas de superhéroes reaccionarios sin aura, adictos a la adicción, que no gritan, que simplemente susurran, a los ojos y al deseo, las fórmulas de la satisfacción inmediata, minimizadas y estandarizadas para evitar el agotamiento que exige una interpretación.

Ya no hay que preocuparse por nada, porque el Meta ojo que todo lo ve, decide por nosotros, de acuerdo a nuestros deseos inducidos. Un poeta italiano, Giussepe Ungaretti, escribió , allá lejos y hace tiempo, que el hombre moderno ya no le teme a la muerte sino al futuro.

El campo de batalla entre el Dios mitológico y los mesías de la teocracia tecno-financiera-militar es la cotidianidad, el único espacio-tiempo del cual tenemos total certeza, porque es en el que vivimos. Y a Dios, siempre es mejor no darlo por muerto, porque existe desde mucho antes que los gurúes, y el E-book no mató al libro, ni los autos a los trenes, ni las ruedas a los caballos, y la autoestima la regenera un golpe de fortuna, un amor correspondido, o un buen psicólogo.

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