Cada vez más familias consultan por chicos que presentan olor fuerte antes de la pubertad. Los médicos explican por qué ocurre y qué rutinas pueden ayudar.
Muchos padres se sorprenden cuando, de un día para el otro, su hijo de 7, 8 o 9 años comienza a oler diferente. El sudor se vuelve más intenso y el aroma recuerda al de los adultos. Se trata de un proceso normal ligado al inicio de la preadolescencia y al desarrollo de las glándulas sudoríparas apocrinas, que se concentran en axilas y zona genital.
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El sudor en sí mismo no tiene olor: el problema aparece cuando entra en contacto con las bacterias de la piel y comienza a descomponerse. Este proceso se intensifica al activarse las glándulas apocrinas, lo que hace que los olores sean más perceptibles. Según la American Academy of Pediatrics, esta activación puede comenzar antes de los 10 años sin que necesariamente signifique una pubertad precoz.
Además de los cambios hormonales, hay otras variables que pueden volver más notorio el olor corporal:
La química alemana Helene Loos, de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Nürnberg, explica que “el olor corporal cambia a lo largo del desarrollo”. Su equipo comparó el sudor de niños pequeños y adolescentes y encontró más de 40 compuestos en común. La diferencia es que en los adolescentes predominan ácidos y hormonas específicas que intensifican el aroma: una produce notas fuertes parecidas al sudor y el almizcle, y otra aporta un olor amaderado cercano al sándalo.
Estos compuestos, que también se encuentran en otros mamíferos, explican por qué los adolescentes desarrollan un aroma corporal mucho más penetrante y fácilmente reconocible.
En la mayoría de los casos, el olor corporal temprano no implica un problema médico. Sin embargo, si aparece acompañado de vello púbico, acné o cambios físicos acelerados, conviene consultar con el pediatra para descartar pubertad precoz. Existen también condiciones poco frecuentes que pueden causar olores inusuales, como la fenilcetonuria (un trastorno metabólico) o el síndrome del olor a pescado (trimetilaminuria).
Para manejar esta etapa, los especialistas recomiendan medidas simples:
Además, es clave hablar con los chicos de manera natural. Explicarles que su cuerpo está cambiando y que no es algo negativo. Involucrarlos en la elección de jabones o desodorantes puede darles autonomía y motivación para sostener hábitos de higiene.