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Opinión y Actualidad

El segundo tiempo del gobierno de Milei

El gobierno de Javier Milei entra en una etapa muy relevante, en una zona turbulenta que complicó a los últimos tres gobiernos, tanto al de CFK, como al de Macri y al de Alberto.

Hoy 07:06

Por Gabriel Slavinsky
Para Página 12

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Por razones diferentes, el tercer año tiene un síndrome asociado de difícil solución, porque se suman varios factores: 

1.- Ya pasó el momento del impacto inicial y la luna de miel de la novedad

2.- Se conoce el modo en el que opera el gobierno y los adversarios refinan el modo de combate ante lo diferente.

3.- La sociedad comienza a reclamar los resultados del plan, luego de 2 años de espera.

4.-  Existe un desgaste natural de los 24 meses en el que se acumulan déficit de gestión, errores, malas declaraciones y sospechas de corrupción.

5.- Se produce un abandono natural de los votantes más blandos, que tuvieron una ilusión previa e incluso cierto pensamiento mágico que con la ruptura del status quo político nacional amanecería un borrón y cuenta nueva

6.- Se reorganiza la oposición. El primer año suele ser de desconcierto opositor. En el tercero, los adversarios ya identificaron debilidades, narrativas eficaces y puntos vulnerables. El combate político se vuelve más sofisticado y coordinado.

7.-  El frente interno comienza a crujir con la interna y una estructura muy débil en cuanto a la confianza en los propios. Eso ya genera una competencia anticipada hacia 2027

8.- Aparece  la ansiedad electoral. El tercer año está atravesado por el cálculo electoral del siguiente turno presidencial. Gobernadores, legisladores y dirigentes comienzan a actuar pensando en su supervivencia política más que en la disciplina del proyecto nacional.

9.-  Se agotan los márgenes de atribución al pasado. Durante los primeros años es viable explicar dificultades por la herencia recibida. En el tercero, la sociedad comienza a atribuir plenamente la responsabilidad al gobierno en ejercicio.

10.- Se intensifica la presión corporativa y sectorial. Sindicatos, empresarios, movimientos sociales y actores económicos endurecen sus posiciones. Ya no están  ante un gobierno en instalación, sino ante uno consolidado que debe conceder o confrontar.

11.- La economía entra en su prueba más fina. Si hubo estabilización inicial, el tercer año exige crecimiento y mejora real del ingreso. La estabilización sin expansión suele generar frustración social.

12.-  Se redefine el vínculo emocional con el liderazgo. El liderazgo disruptivo funciona muy bien en la etapa de ruptura. En la etapa de consolidación, la sociedad demanda previsibilidad y resultados. El tono y el estilo pasan a ser evaluados con otra vara.

En  definitiva, empieza algo más difícil: consolidar el modelo o la receta  para conseguir los resultados prometidos. Empiezan una especie de cuenta regresiva para lograr conformidad en la opinión pública. Esto es diferente a ganar elecciones, porque el gobierno podría ser reelecto con comodidad incluso con magros resultados. En estas palabras analizamos otro plano. En política, el poder no se sostiene solo con discurso y ausencia de adversarios. Se sostiene con resultados. La autoridad necesita legitimidad. Y en democracia, la legitimidad depende de que la gente perciba que las cosas mejoran.

La lógica del Gobierno es bastante clara:

  1. Para que la Argentina mejore, debe funcionar la receta económica.
  2. Para que funcione, debe aplicarse a fondo.
  3. Para aplicarla a fondo, necesita respaldo político.
  4. Para tener respaldo, debe tener más poder que sus adversarios
  5. Para eso, necesita triunfos legislativos y electorales.
  6. Para ganar elecciones y votaciones, debe “romper” a sus opositores.
  7. Para destruir a los otros, necesita que la sociedad ratifique su apoyo.
  8. Pero todo vuelve al punto inicial: que la economía funcione y genere  esperanza de que lo que viene es mejor, por lo menos, mejor que los  otros.

Es un círculo. Si el resultado económico es sólido, el poder crece. Si el resultado tarda o no se  percibe, el poder se debilita y genera la chance de que aparezca algún  líder o espacio que consiga acumular por oposición a Milei.

El  desafío es claro: transformar indicadores macroeconómicos en mejora concreta para la vida cotidiana. Si baja la inflación, pero el salario  no alcanza, la percepción social puede no acompañar.

Los próximos dos años serán decisivos, el futuro del proyecto oficialista depende de muchos factores, pero principalmente de algo muy concreto: que la receta dé resultados sostenidos y la sociedad perciba esas  mejoras y eso se traduzca en confianza política. Ahí se juega el verdadero segundo tiempo del gobierno de Javier Milei.

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