Kaley empezó a usar YouTube a los6 años, Instagram a los 9, TikTok a los 10 y Snapchat a los 11. Acaba de ganar un juicio por daños por adicción a las redes sociales. Meta y YouTube deben indemnizarla en US$ 3 millones.
Por Silvia Fesquet
Para Clarín
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No fue una buena semana para Mark Zuckerberg. El Estado de Nuevo México (EE.UU.), le ganó un juicio a su empresa, Meta, dueña de Instagram, Facebook y WhatsApp, por dañar la salud mental de los chicos y, volviéndolos vulnerables, exponerlos a depredadores sexuales. Para el jurado, la compañía priorizó las ganancias por sobre la seguridad, hizo declaraciones falsas o engañosas y diseñó sus plataformas para generar adicción en los jóvenes.
En un fallo que se considera histórico, Meta deberá pagar US$ 375 millones en sanciones civiles por los daños provocados. Pero no fue el único revés para Zuckerberg: junto con YouTube, su empresa fue condenada, en Los Angeles, a indemnizar con US$ 3 millones, a una joven de 20 años, KGM o Kaley, por haberla perjudicado con el diseño “adictivo” de sus plataformas.
El fallo, señalan los especialistas, marca algo crucial: no se cuestionó el contenido publicado por terceros sino el diseño mismo del producto -scroll infinito, autoplay, notificaciones compulsivas-, colocando el eje en la seguridad.
Este tipo de denuncias no son nuevas. Ya en 2017, Sean Parker, ex presidente de Facebook, declaró que se sentía como un “objetor de conciencia” de las redes sociales, que “aprovechan la vulnerabilidad de la psicología humana” con un mecanismo “que genera dependencia como una droga”, para agregar: “Sólo Dios sabe lo que está ocurriendo en la mente de los niños”, detallar que el proceso creativo en estas aplicaciones fue “cómo acaparar la atención el mayor tiempo posible”, y declararse “profundamente arrepentido”.
Evan Williams, uno de los fundadores de Twitter (hoy X), fue por un camino similar al advertir que “Internet se hizo añicos y las cosas empeorarán. Basta ver a las personas que en Facebook postean en directo suicidios, asesinatos o torturas”.
Frances Haugen trabajaba como gestora de productos en el equipo de integridad cívica de Facebook. A principios de 2021 dejó la compañía y filtró una serie de archivos que publicó luego The Wall Street Journal (TWST), y que, según declaró entonces en el programa 60 Minutes y ratificó ante la Justicia, demostraban que la empresa puso repetidamente “el crecimiento por encima de la seguridad”.
De acuerdo con el material, una investigación interna de Facebook detectó que Instagram estaba afectando la salud mental de los adolescentes pero que, sin embargo, no compartió sus conclusiones aun cuando se sugirió que la plataforma era un lugar “tóxico” para muchos jóvenes. En uno de los papers, el 32% de las adolescentes encuestadas dijo que cuando se sentían mal con sus cuerpos, Instagram las hacía sentir peor.
A lo largo de estos años, Zuckerberg y otros directivos de plataformas, como el responsable de Tik Tok en 2024 ante el Senado de EE.UU., enfrentaron cargos, y a centenares de familiares que afirmaban que sus hijos habían sido perjudicados por las redes sociales.
Uno de ellos era Mason, de 19 años, cuya madre, Joann Bogard contó que su hijo participó en un TikTok de asfixia que era tendencia, y murió. “Yo era una de las que pensaba que estos daños de los que hablamos hoy no iban a afectar a nuestros chicos”, asumió.
Infinidad de estudios presentan datos que preocupan. Uno, publicado en JAMA Pediatrics, determinó que 1 de cada 2 adolescentes tiene un uso adictivo de pantallas. Acá, la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires detectó que el 34% de los menores de la Provincia usa el teléfono más de 6 horas por día. El 26,7% dijo que es para estar en las redes sociales y aunque admitió que le produce frustración, ansiedad y tristeza, el 26,2% manifestó no estar interesado en disminuir su uso.
El Gobierno de la Ciudad, junto al Observatorio de la Deuda Social de la UCA, reveló que sólo 1 de cada 10 jóvenes presenta un comportamiento libre de riesgo en la utilización de su celular, mientras que gran parte revela ansiedad, depresión y alteraciones del sueño. Seis de cada 10 lo emplean más de 5 horas por día, con los riesgos emocionales que conlleva.
Habrá que ver si los últimos fallos, o las multas, se traducen en plataformas más seguras.