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Opinión y Actualidad

Crítica de "La ironía del amor"

Un luminoso homenaje a la escena indie de los 2000 que mezcla música, ambición y romance para retratar los sueños y desencantos de una veinteañera.

Hoy 07:20

Por Laura Pérez
Para Fotogramas

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Cameron Crowe contó su experiencia como redactor de 'Rolling Stone' en los 70 en 'Casi famosos' (2000) y retrató la escena musical del Seattle de los 90 en 'Solteros' (1992). De una y otra bebe Chandler Levack, directora y guionista canadiense que empezó como crítica musical en el Montreal de los dos mil y poco (de ahí salieron Arcade Fire o Wolf Parade). El peso de la película recae sobre una encantadora Barbie Ferreira, también productora, que inaugura una nueva época pos 'Euphoria'. Resulta refrescante, si se ha visto esta serie, ver a jóvenes que leen, hacen música, hablan de los autores que les gustan, se quieren comer el mundo y están llenos de sueños por cumplir, más allá de prostituirse.

Uno de esos proyectos es escribir un libro sobre Alanis Morissette y la influencia de su disco 'Jagged Little Pill' en la ultramasculina industria musical de los años 90 y el grunge. También enamorarse, claro, y jugar a ser la adulta que imaginó, y construirse una voz propia y poder pagarse el alquiler. La vida y los anhelos de esta chica de  veintitantos no son muy distintos de los de la Winona Ryder de 'Reality  Bites' (1994), la Zooey Deschanel de '(500) días de Summer' (2009) o la Greta Gerwig de 'Frances Ha' (2012), ya sea porque la brecha  generacional no es tanta o porque los códigos de la comedia romántica indie están ya inventados y solo hay que replicarlos.

Levack rinde homenaje a una escena musical que marcó una época llena de referencias a Sonic Youth, Dave Grohl, Nirvana, Avril Lavigne, Pavement, Deerhunter y otras bandas que difícilmente entenderá la generación de Bad Bunny. Sin embargo, hay algo universal e intergeneracional en el empeño de una joven brillante por conseguir que su talento se reconozca como el de sus compañeros hombres, o simplemente que ellos la escuchen cuando tiene algo que decir.

Plantea algunas dudas la traducción del título –el original 'Mile End Kicks' hace referencia al barrio de la efervescencia cultural en Montreal– y el guion da algunos bandazos en su tercer acto. Pero la sensación que deja la película es como la de un verano inolvidable, estación en la que transcurre, de esos que se recuerdan con ternura, con sus noches sin fin, sus ligues y la música que seguirás escuchando mucho tiempo después.