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Opinión y Actualidad

Golosinas y gaseosas en las fiestitas y en el jardín: la difícil tarea de cuidar la alimentación desde la infancia

Comer, un acto tan simple y a la vez tan complejo. Lo hacemos todos los días, es lo que nos da energía para movernos. Entonces, ¿cómo es posible que aún haya personas y espacios en los que no se reflexiona sobre el “qué comemos"?

14/07/2023

Somos lo que comemos

Somos sujetos sociales, nos relacionamos todo el tiempo en diferentes lugares y dimensiones, y en cada una de ellas, la comida está presente. Juntada con amigos: comida. Reuniones familiares: comida. En la escuela: comida. Salida: comida. Cumpleaños de alguien: comida. Celebración por algo: comida. Y esto ocurre en todas las edades, desde muy temprano.

No es extraño ver en las mesas de cumpleaños infantiles los tradicionales snacks como chizitos, palitos salados, puflitos, panchos, hamburguesas, panchuquers, gaseosas, jugos, golosinas, dulces, más dulces... Todo esto que se ha ido instaurando como “lo clásico” en un evento infantil, pero que ya se ha comprobado en infinidad de estudios, no sólo que no son aptos para niños (ni adultos, incluso), sino que además no son alimentos saludables. Entonces, si ya sabemos, ¿por qué se siguen repitiendo estos hábitos?

Argentina cuenta ya con una Ley de Promoción de Alimentos Saludables, conocida como “La Ley del Etiquetado Frontal”, sancionada en 2022, y en ella se establece que deben llevar octógonos negros los alimentos y bebidas con cantidades de azúcares añadidos, grasas saturadas, grasas totales, sodio y/o calorías igual o superior a los limites definidos por el Decreto 151/22 y siguiendo el sistema de perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud. Pero a pesar de ser una herramienta legal, los hábitos pasan por otro lado, y lo cultural es un poco más difícil de cambiar.


Reflexionando sobre nuestros hábitos alimentarios

En Santiago del Estero hubo varios proyectos que intentaron llevar este debate a las instituciones educativas. La nutricionista Alejandra Cáceres conformó el equipo que impulsó uno de ellos y en la actualidad es una de las especialistas que más promueve la alimentación saludable desde la infancia.

“Es importante cuestionar nuestros patrones de consumo y salir de nuestra zona de confort, y es un desafío muy grande porque los alimentos ultraprocesados están para facilitarnos las cosas y ahorrar tiempo, ya listos para consumir, entonces es difícil. Es un desafío que no solo se limita al ámbito escolar, ni a la familia, sino a toda la sociedad”, afirma.


Problema de vieja data

Alejandra Cáceres sostiene que como sociedad debemos empezar a cuestionarnos sobre nuestra alimentación desde el momento en que comenzamos a enfermarnos.

A medida que los patrones alimentarios se han modificado a lo largo del tiempo, surgen problemas de salud como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la hipertensión; enfermedades que antes eran consideradas "de adultos" y en la actualidad son detectadas desde la infancia. La nutricionista afirma que es esencial preguntarnos cómo llegamos a esta situación y trabajar para revertir los malos hábitos que hemos adquirido.


A vos te dimos galletitas y no te pasó nada”: el rol de los padres en la alimentación de los hijos

Al convertirnos en padres, asumimos una enorme responsabilidad: la de alimentar adecuadamente a nuestros hijos. La nutricionista destaca que cada vez más personas se preocupan por brindar una buena alimentación a sus hijos. En su experiencia profesional, ha observado un aumento significativo de consultas sobre alimentación en los primeros seis meses de vida. Sin embargo, también señala que muchos médicos no están lo suficientemente actualizados en este ámbito, lo cual representa una oportunidad para aprender a alimentarse mejor.

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La nutricionista destaca que esta nueva generación de madres, que han recibido información actualizada sobre una buena alimentación, se enfrenta a obstáculos al intentar implementar estos conocimientos en sus hogares. Deben lidiar con mensajes contradictorios provenientes de abuelas, tías, vecinas y otros padres, así como con instituciones educativas que aún no han asimilado esta nueva información. “Nadie muere por comer un chocolate o una gaseosa, pero es esencial comprender y transmitir el impacto negativo que tienen estos alimentos cuando se consumen con frecuencia”, sostiene.



La educación alimentaria como clave: el rol del jardín y la escuela

“Para promover buenos hábitos alimentarios, es fundamental que los niños comprendan que la comida chatarra está diseñada para generar placer, pero su consumo frecuente puede ser perjudicial para la salud”, recalca la especialista, quien considera que ocultar esta información no es beneficioso, y enfatiza la importancia de que los niños comprendan cómo se producen estos alimentos y su impacto en nuestra salud. Sin embargo, sostiene que para que este mensaje sea efectivo, es necesario que el entorno, principalmente la familia y los pares, sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen: “Pasa que se prohíben cosas para niños pero los adultos no acompañan tales decisiones con ellos mismos y eso confunde a los chicos”.

Hasta aquí, lo que ocurre en el ámbito privado, y entonces ¿qué pasa cuando estamos fuera de casa? ¿Cómo se acompaña la alimentación en los establecimientos educativos?

A partir de la ley, los jardines de infantes cuentan con un menú que, en teoría, debe promover estos hábitos saludables, dejando la libertad de los padres y madres de enviar a sus niños con las viandas preparadas. Cada vez son más las familias que eligen alimentar de forma consciente a sus hijos, configurando así un espacio de resistencia ante quienes aún prefieren resolver estas cuestiones en el quiosco de la esquina.

Sin embargo, las cosas se complica cuando, en eventos especiales por  cumpleaños o festejos, desde las instituciones se da la libertad de llevar "algo" para compartir, y los límites entre saludable o no, permitido o no, se desdibujan.

Entonces se vuelve necesario problematizar lo educativo, el rol de las instituciones en acompañar estos procesos tan importantes para el desarrollo de la primera infancia. “Muchos niños prueban cosas en la institución escolar, las instituciones descuidan al sujeto visto de una manera integral ofreciendo en consumo frecuentes alimentos fuertes en azúcar; y ven el azúcar como premio, como recompensa”, advierte Antonela Romiti, psicopedagoga con orientación en crianza, también mamá de dos.

“La alimentación saludable no entiende de estaciones, son hábitos, entonces no tiene sentido que saquen la fruta del menú porque hace frío, y se lo reemplace por alfajor o yogurt, que en definitiva son golosinas”, agregó.


Un caso puntual:

“Tengo mucho temor que el día de festejo en el jardín lleven gaseosas para compartir, cuando mi hija no las toma, o las toma con mínima frecuencia. ¿Quien limitará esa consumición? Cuando ya la ley nos dice que no es una bebida para niños. ¿Habrá snack? ¿Cuáles? ¿Quién limitará el consumo de ellos en peques de 3 años? ¿Ellos mismos? Realmente estoy muy preocupada y quería expresarlo... Porque los patrones culturales con relación a la alimentación nutritiva son variados, y al abrir esa posibilidad de acuerdo entre padres, nos encontramos con esa situación. No todos alimentamos del mismo modo. No quiero causar problemas, sino advertir que son peques de 3 años en una institución educativa dónde hoy tiene mayor responsabilidad que otros espacios”; narra el mensaje escrito esta semana por una mamá a las autoridades de la institución a la que acuden sus hijas.

Un ejemplo de muchos que se presentan en más de una escuela o jardín, y que en la mayoría de los casos son situaciones que no se advierten; entonces, trabajar hábitos saludables desde la casa se convierte en un acto similar a “remar en dulce de leche”.

“La libertad y liviandad como la que esperan que un niño de 3 años que se está formando maneje de manera acertada la decisión de qué comer cuando por curiosidad va a probar todo. ¿Qué es lo que se busca con la infancia ofreciéndole opciones no saludables desde tan temprana edad? ¿Qué esperamos como sociedad para acompañar un desarrollo sano e integral de la infancia?, se pregunta la licenciada Romiti, en un claro llamado a la reflexión.


Proyectos innovadores para trabajar con niños, docentes, directivos y padres

Como mencionamos al comienzo de esta nota, hace unos años Alejandra Cáceres participó de la elaboración de un proyecto sobre alimentación saludable pensados para trabajar la temática en el aula, una propuesta que aunque innovadora, no prosperó porque “en aquel momento no había las herramientas y la información que hay ahora, como la ley”.

En el proyecto presentado se destacaban propuestas que buscan promover hábitos alimentarios saludables desde la infancia, que involucraban a diferentes actores clave en la educación de los niños: docentes, directivos y padres.

En primer lugar se centró en trabajar con los niños a través de juegos y actividades lúdicas que fomenten el conocimiento y la elección de alimentos saludables. El objetivo era enseñarles de manera divertida sobre los beneficios de una buena alimentación.

Una segunda instancia del proyecto estaba dirigida a las autoridades escolares con el propósito de transformar los entornos educativos mediante la implementación de medidas que promuevan la disponibilidad de opciones saludables. Esto incluye la instalación de bebederos de agua potable para evitar el consumo de bebidas azucaradas, y que los quioscos ofrezcan opciones como frutas y otro tipo de alimentos que no sean los ultraprocesados exclusivamente.

Por último, el proyecto se enfocó en los padres, ofreciéndoles capacitación conjunta con los docentes sobre alimentación saludable. A pesar de los avances en este campo, Alejandra Cáceres señala que aún existen conceptos equivocados en la sociedad sobre lo que realmente constituye una alimentación saludable. “Por ejemplo, muchos consideran que los cereales azucarados o los productos anunciados como saludables, como jugos, yogures o turrones, son opciones adecuadas, cuando en realidad no lo son”.

En conclusión, la alimentación saludable se ha convertido en un tema clave en nuestra sociedad. Alejandra Cáceres, nutricionista santiagueña, destaca la importancia de trabajar con niños, docentes, directivos y padres para promover hábitos alimentarios saludables. Asimismo, subraya la necesidad de cuestionar nuestros patrones de consumo y de transmitir información veraz y coherente a las nuevas generaciones, para así fomentar una alimentación que contribuya a una vida sana y equilibrada.

“No sólo debemos pensar en la comida como sustancias que ingresan al cuerpo, sino que la alimentación es algo más complejo, son las formas en las que aprendemos a relacionarnos con la vida, con el cuerpo, con el cuidado de la salud, la forma de consumir, de aprender a socializar, y esto implica muchas cosas; por eso la infancia y adolescencia son momentos claves para promover buenos hábitos, y el cambio que es profundo, comienza en la casa, pero se necesita del compromiso de toda la sociedad para ver resultados”, finalizó.


*Alejandra Cáceres es nutricionista M.P. 078, docente universitaria. Continuó su formación desde el enfoque de alimentación real y sustentable. Dicta talleres sobre alimentación, acompaña en consultorios y lleva adelante su tienda natural “Del Suelo”.

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