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Opinión y Actualidad

Milei: el desafío de ser anticasta otra vez, ahora que X es de la casta

La red social es hoy el megáfono del poder -Trump, Musk, Scott Bessent- y no de la rebeldía de los ciudadanos. ¿Los procesos políticos envejecen a la velocidad de X?

30/09/2025

Por Gonzalo Abascal
Para Clarín

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Premisa inicial: los errores del pasado se adivinan en las decisiones del presente. Milei ubicado otra vez en el centro de la campaña; su hermana Karina, más en silencio (si eso es posible); los primos Menem, borrados; Guillermo Francos y Catalán, intentando una negociación con gobernadores y legisladores; diálogo recuperado con Macri.

Si se ponen los datos anteriores en una coctelera y se bate bien, se sirve el trago amargo de lo que falló: fracaso de la estrategia política, fracaso en la construcción de un partido nacional, fracaso de la negativa a alianzas provinciales, fracaso del maltrato a legisladores...

¿Consecuencia? Marcha atrás desesperada y a intentar empezar la campaña desde cero. ¿Podrá Milei? ¿Qué sería volver al punto de inicio?

Por lo pronto, recuperar urgente la condición sobre la que se construyó el triunfo de 2023. La del hombre anticasta, el outsider que corría a la clase política a puro insulto y chicana, el que encarnaba el desprecio extendido por la  corrupción.

Atrapaba la demanda de la época, y completaba esa figura con originalidad para conectarse: las redes sociales. Historia conocida: "La autonomía de los mensajes en las redes provocó en el público indignación política. Las instituciones se debilitaron y creció el poder de la opinión pública, alimentando la ola antisistema en todo el mundo —  desde las revoluciones en Twitter de 2009–2011 hasta el Brexit y el ascenso de Trump al poder en 2016", describió Andrey Mir, el analista más lucido de los medios y los fenómenos de comunicación de estos tiempos.

"Zurdo de mierda", "Pichón de Stalin", "Burro eunuco", "Nido de ratas", políticos "de mierda", "delincuentes ensobrados", "torturadores seriales", el insulto como posicionamiento y estrategia, aún con su presidencia ya avanzada. Sostener la cualidad de anticasta era un mandato imprescindible porque allí se apoyaba el vínculo con sus votantes.

Bajar la inflación y cuidar la identidad de outsider. No hacía falta más.

Quizá fuera cierto. Pero lo que se cimentó durante años se derrumbó con unos minutos de grabación sintetizados en una idea: Karina 3%.

Un audio le regaló a los opositores la fórmula breve y precisa que no podían idear: Karina 3%.

A ese porcentaje le siguieron otros: 80% de los argentinos se declaró  informado de las acusaciones de corrupción contra Karina Milei. 54% de ese grupo respondió que las acusaciones le resultaban creíbles.

¿Es posible reconstruir la idea de outsider con ese dato (cierto o no)?

El desafío no es sencillo por múltiples razones, entre ellas una a atender. Las redes sociales no son más el canal de los mensajes disruptivos. "La fase en que las redes expresaban la bronca de los ciudadanos terminó", asegura Mir.

"Las  instituciones se adaptaron para aprovechar las oportunidades del entorno digital. Las plataformas se han convertido en los nuevos guardianes, mucho más poderosos que cualquier herramienta anterior de control del discurso de élite, ya sean los medios tradicionales, la academia o Hollywood".

Hoy X no es la red de la rebeldía y el desencanto, sino la del poder: Trump (en su plataforma Truth Social), Elon Musk, el propio Milei, Luis Caputo, ¡Scott Bessent!, los ministerios, la policía, los gobernadores, los legisladores, y sigue la lista. El megáfono del sistema. 

X envejeció. No es un dato menor para la campaña.

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