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A 50 años del golpe, la ministra O’Mill advirtió: “La memoria necesita ser transmitida, sino se diluye"

La titular de Justicia advirtió sobre los riesgos del olvido y remarcó que la democracia "debe ser protegida todos los días".

Hoy 10:26

En el marco del 50° aniversario del último golpe cívico-militar, la ministra de Justicia de la provincia, Matilde O'Mill, reflexionó sobre el valor de la memoria colectiva y la necesidad de sostenerla como herramienta para preservar la democracia.

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Durante su intervención, la funcionaria destacó que el paso del tiempo puede transformar las experiencias traumáticas en relatos distantes, lo que implica un riesgo si no existe una transmisión activa entre generaciones.

Cinco décadas es la distancia exacta entre abuelos, padres e hijos. Es el tiempo suficiente para que una experiencia traumática deje de ser vivida y pase a ser narrada, reinterpretada o, en el peor de los casos, olvidada”, expresó.

En ese sentido, subrayó que la memoria no es un hecho estático, sino un proceso que debe ser sostenido y resignificado. “La memoria necesita ser transmitida, resignificada, porque si no se diluye y lo que perdemos no son solo recuerdos, sino un aprendizaje construido con dolor para sostener la democracia”, afirmó.

O’Mill también vinculó la memoria con la capacidad de proyectar el futuro, al señalar que ambas dimensiones están profundamente conectadas. “La red de la memoria funciona tanto para evocar el pasado como para imaginar el futuro. Cuando esa memoria se empobrece, también lo hace nuestra capacidad de proyectar. Una sociedad que descuida su memoria limita su inteligencia cognitiva”, advirtió.

Asimismo, remarcó que la democracia no se agota en las instituciones, sino que se construye de manera cotidiana en los vínculos sociales.

Es una construcción permanente que se sostiene en las instituciones, pero también en cómo hablamos, cómo discutimos y cómo incluimos”, sostuvo.

Por último, la ministra alertó sobre los signos tempranos de deterioro democrático, especialmente para las generaciones que no vivieron la última dictadura. “Para quienes no atravesaron la ruptura institucional, la democracia puede parecer algo cotidiano, incluso obvio. Pero hemos aprendido que empieza a quebrarse mucho antes de romperse, en la naturalización de la violencia, incluso en las palabras”, concluyó, y enfatizó que la democracia debe ser cuidada y defendida todos los días.