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“Una política industrial fallida”, así calificó el Banco Mundial a los subsidios a Tierra del Fuego

Las empresas importaban grandes volúmenes de insumos libres de derechos y revendían al continente a precios más altos, al tiempo que reclamaban los beneficios fiscales asociados.

Hoy 11:13

El Banco Mundial puso foco en un informe sobre el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego y aseguró que se trata de “un caso de política industrial fallida”, con un costo fiscal superior a los USD 1.000 millones anuales. El organismo consideró que hubo problemas en su diseño e incentivos negativos.

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En el documento titulado “Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad”, la entidad multilateral sostuvo que las políticas industriales muchas veces requieren un compromiso gubernamental de largo plazo, tanto por el tiempo necesario para acumular capacidades como porque los resultados de estas medidas son inherentemente inciertos.

Sin embargo, “el apoyo ilimitado sin un procedimiento ni un cronograma para reducir la asistencia (cláusulas de caducidad) puede proporcionar incentivos perversos, socavando el objetivo inicial”, enfatizó el Banco Mundial.

En ese sentido, remarcó que el paquete de incentivos especiales comprendidos en el régimen de Tierra del Fuego, “es ampliamente considerado como un caso de política industrial fallida, empañada por interferencias políticas y fallas fundamentales de diseño que han persistido durante décadas”, remarcó.


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Creado en 1972, el régimen buscó aprovechar la posición estratégica de la región, impulsando el aumento de la población y la creación de empleo a través de un extenso sistema de exenciones fiscales y ventajas comerciales para los productos elaborados en la isla.

No obstante, el Banco Mundial afirmó que su estructura de incentivos “mal concebida” generó un costo fiscal sustancial para el gobierno — estimado en USD 1.070 millones anuales— sin lograr mejoras tecnológicas o de productividad significativas.

“Las fallas de diseño surgen de la interacción de los incentivos básicos del régimen. En primer lugar, las exenciones arancelarias a las importaciones en el archipiélago brindan a las empresas participantes una ventaja de costos sobre los productores de la Argentina continental”, explicó el organismo.

En segundo lugar, mencionó, la aplicación de un crédito sobre el IVA sobre el valor de facturación tiene el objetivo de recompensar la creación de valor nacional en Tierra del Fuego, “pero no fomenta la innovación en la práctica porque las empresas locales generan poco o ningún valor agregado real”.

La entidad sostuvo que la combinación de estos incentivos alienta a las empresas a importar grandes volúmenes de insumos libres de derechos y revenderlos al continente a precios más altos, al tiempo que reclaman los beneficios fiscales asociados.

“Como resultado, el régimen de Tierra del Fuego representa un caso de falla de política persistentes, sustentadas menos por razones económicas que por consideraciones políticas. La actividad que apoya no es autosuficiente”, consideró.

“Las empresas involucradas siguen siendo viables principalmente gracias a las importantes transferencias fiscales más que a los aumentos de su productividad o capacidad tecnológica”, indicó el Banco Mundial.

“Esta dinámica refuerza la dependencia del apoyo gubernamental y aumenta los costos económicos a largo plazo de mantener el régimen, lo que pone de relieve los desafíos de revertir políticas industriales arraigadas pero ineficaces”, agregó.

En este contexto, el Banco Mundial recomendó a los gobiernos aplicar un esquema combinado de incentivos —orientados a promover la inversión en nuevas áreas— y desincentivos, como cláusulas de caducidad, para mejorar la eficacia de las políticas industriales y evitar la asignación de subsidios permanentes a empresas poco productivas, la situación que se observó en Tierra del Fuego.

El organismo también subrayó la necesidad de que las políticas sean evaluadas de manera dinámica, con objetivos que se actualicen periódicamente a medida que se alcanzan las metas establecidas.

En ese marco, sostuvo que los proyectos fallidos no deben considerarse únicamente como pérdidas, sino como instancias de aprendizaje que permiten identificar errores de diseño y redefinir el rumbo.

Asimismo, destacó que la información generada a partir de estos procesos de experimentación resulta clave para orientar a nuevas generaciones de emprendedores, facilitando su incursión en sectores emergentes tanto a nivel local como global.

Argentina: una superestrella estancada

Por otro lado, el Banco Mundial hizo referencia a la trayectoria económica de varias países de América Latina y el Caribe (ALC), entre ellos la Argentina, en un marco más amplio.

El informe asegura que el estancamiento del crecimiento de ALC, que comenzó a mediados del siglo XIX, se remonta precisamente a la época en que la adopción de las nuevas tecnologías de la Segunda Revolución Industrial requería capacidades científicas más organizadas y desarrolladas, algo que las instituciones de la región no tenían, medido como alfabetización, capacidades tecnológicas o instituciones relacionadas con la innovación.

Afirmaron que la región perdió competitividad y luego propiedad en la minería, así como en las nacientes industrias siderúrgica y textil, precisamente por la incapacidad de identificar y adoptar las nuevas tecnologías que surgían; de hecho, muchas industrias extractivas pasaron en total a extranjeros que poseían estas habilidades.

“Al comparar el retroceso de Argentina con el crecimiento de países igualmente ricos en recursos como Australia, Canadá y Estados Unidos, di Tella (1985) sostiene que esos países pudieron pasar de ampliar la frontera a cosechar los beneficios de la innovación donde Argentina no podía. La conclusión es que las superestrellas de América Latina se estancaron no por los sectores en los que se encontraban, sino porque no pudieron aplicar nuevas tecnologías para aprovecharlas”, remarcó el Banco Mundial.

En otro tramo del documento, expresó: “En 1950, Jamaica tenía el doble del nivel de ingresos de la República de Corea. Y lo que es más deprimente, las superestrellas de ALC, como Argentina, Uruguay y, en menor medida, Chile, que a mediados del siglo XIX tenían ingresos similares a los de Francia o Alemania, perdieron terreno durante el siglo siguiente y convergieron con el resto de la región de ALC”.

Se utilizan estos ejemplos históricos para ilustrar la persistencia del bajo crecimiento en la región y la pérdida de oportunidades de convergencia con economías que sí lograron un desarrollo mucho más acelerado, como los llamados “tigres asiáticos”.