La destrucción en curso del sistema universitario público no se debe solamente al rencor de los ignorantes contra los trabajadores del conocimiento, sino que fundamentalmente es coherente con el modelo de país M+M (Macri+Milei).
Por Eduardo Dvorkin
Para Página 12
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Un modelo de saqueo en varias escalas (“problema multiescala” lo llamaríamos con los colegas científicos e ingenieros): en la escala macro saqueo de nuestros recursos naturales y en la escala micro saqueo del estado con sobreprecios y sus correspondientes coimas, estafas a la población con criptomonedas truchas y en la escala ya definitivamente ratonil funcionarios usando tarjetas de crédito corporativas de empresas públicas para gastos personales.
El saqueo macro
Obviamente esta escala es el motor del modelo M+M y es la escala del extractivismo puro:
Extraer petróleo, gas, metales sin cuidado ni por glaciares ni por el agua de comunidades de la puna que con escasísima agua deben sobrevivir en la periferia de los salares de los que se extrae el litio;
No desarrollar industrialización ni aguas arriba ni aguas abajo del proceso extractivo;
Exportar maíz, soja, trigo y ahora carne para lo que hay que imposibilitar el consumo local con precios inaccesibles.
El sector financiero, en complicidad con el FMI, mediante el mecanismo de carry-trade cierra el circuito de saqueo fugando los dólares del país mientras nosotros seguimos siempre endeudados. El flujo de dólares es: entran dólares por exportaciones y salen vía el sector financiero.
La industria local necesita, lamentablemente y porque los sucesivos gobiernos no encararon seriamente el desarrollo industrial autónomo, dólares para poder producir. En un mercado internacional roto por la competencia china se necesitan muchos más dólares para producir localmente que para importar; como los dólares son para la fuga se destruye la industria nacional, con miles de desocupados que a partir de ser desocupados carecen de poder de compra y consecuentemente hay cierres y despidos en comercios y el ciclo se realimenta.
Para mantener los ingresos de los fugadores de dólares es necesario mantener fijo el tipo de cambio lo cual, sin aumentar los impuestos a los grandes capitales, lleva al famoso equilibrio fiscal M+M.
¿Los ganadores?
Las grandes corporaciones multinacionales con sus impuestos reducidos y los usuarios de automóviles de alta gama, embarcaciones o aviones privados.
Un ejemplo importante de ganador es Marcos Galperín; su empresa recibe fuertes subsidios del estado argentino y él se muda a Uruguay para no pagar impuestos. La ética te la debo y el estado como garante del bienestar general no existe.
¿Las víctimas?
Jubilados, salud pública, cultura y educación donde es particularmente cruel el ensañamiento con las universidades públicas en la que sus docentes, no-docentes y becarios son empujados más abajo del límite de pobreza. Tal es la importancia que el gobierno le da al empobrecimiento de los trabajadores universitarios que viola la Constitución para poder hacerlo.
Los discapacitados y los enfermos que requieren medicamentos de alto precio reciben no solo la negativa al pedido del obligatorio apoyo estatal, además son objeto del escarnio de funcionarios.
El arzobispo de Córdoba y vicepresidente del Episcopado argentino, Ángel Rossi, definió las políticas del modelo M+M como “sadismo de estado”.
La clase media es empujada a ser clase media baja; la clase media baja es empujada a la pobreza y los pobre son transformados en indigentes. Caminos que se recorren en pocos meses.
Las universidades públicas
Empecemos por decir que las universidades públicas eran el único medio que quedaba en pie para poder recorrer en sentido inverso el camino de la pobreza creciente arriba esquematizado; a esto lo llamábamos movilidad social ascendente y estábamos orgullosos de que en el país existiese ese mecanismo. A riesgo de ser autorreferencial quiero comentar la emoción que tuve al dar charlas en la Universidad de Moreno o en la de La Matanza o en otras del conurbano y descubrir que la mayoría de los asistentes alumnos eran orgullosamente la primera generación que en sus familias asistía a la universidad.
Algunos ejemplos internacionales
En EE.UU. ya en 1862, durante la presidencia de Lincoln se emitió el “Merrill Land Grant College Act” proveyendo el Estado federal a los diferentes estados de extensiones de tierra que podían ser vendidas para desarrollar facultades de agronomía; como resultado se establecieron, entre otras, las universidades Ohio State y Iowa State como así también el sistema de la Universidad de California. En 1887 se aprobó el “Hatch Experimental Station Act” que fundó y expandió el sistema de SAES (state agricultural experimental stations).
En 1914 se emitió el “Smith-Lever Act” para impulsar entre los productores agrarios la difusión de los nuevos conocimientos generados en las universidades.
A partir de la segunda guerra mundial el MIT se convirtió en el centro de la innovación tecnológica. Más modernamente Stanford generó el altamente innovador Silicon Valley y Harvard con MIT fueron los que en la zona de Boston desarrollaron dos fuertes complejos en las áreas de computación y de biotecnología.
La universidades de EE.UU. fueron las que formaron a la clase media educada más grande del mundo. Para la atracción de talentos, hasta la era Trump, abrieron sus puertas al mundo sin intentar impedir el ingreso de extranjeros como algunos “genios” locales proponen hacer en nuestro país.
Por su lado las universidades europeas trabajaron con la industria y los gobiernos europeos en la construcción de una “ciudadanía europea” y en la construcción del potencial científico-tecnológico de la Unión Europea.
Podríamos escribir otro párrafo sobre las universidades chinas.
Entre Sábato y Millán de Astray
Si un gobierno quiere construir un sólido desarrollo basado en tecnologías de punta o si quiere desarrollar políticas públicas para el bienestar de la población, parafraseando a Jorge Sábato, no debe solamente apoyar a las universidades, sino que debe apoyarse en las mismas.
Lamentablemente los discursos y acciones de nuestros funcionarios M+M tienen mayor sintonía con el “Viva la muerte. Muera la inteligencia” que Millán de Astray le vomitara a Unamuno en Salamanca en 1936 que con el discurso de Sábato.
Conclusión
Es ilusorio pensar que se puede, aunque sea mejorar la situación de nuestras universidades públicas, sin cambiar el modelo de país M+M que hoy guía a Milei y su séquito.