El psiquiatra infantojuvenil Andrés Luccisano advirtió sobre el crecimiento de los trastornos de ansiedad, depresión y riesgo suicida en jóvenes, y alertó por el impacto de las redes sociales.
La salud mental de los adolescentes atraviesa un escenario de creciente preocupación, marcado por el avance de la ansiedad, la depresión y otras problemáticas que impactan directamente en la vida cotidiana de los jóvenes.
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En diálogo con Noticiero 7, el médico psiquiatra infantojuvenil Andrés Luccisano, subjefe de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires, advirtió que se trata de una temática que debería ocupar mucho más a la sociedad.
“Hoy la salud mental de los adolescentes es un tema que nos preocupa y que nos ocupa, o nos debería ocupar mucho más”, señaló el especialista.
Luccisano indicó que actualmente uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún compromiso de salud mental, muchas veces sin diagnóstico temprano ni tratamiento adecuado.
Entre los cuadros más frecuentes mencionó los trastornos de ansiedad, los trastornos del ánimo y la depresión. También remarcó la preocupación profesional por el suicidio, tanto en la ideación como en la planificación y consumación.
“El trastorno del ánimo y el suicidio son las situaciones que más nos están interpelando”, sostuvo.
El especialista explicó que la adolescencia cambió de manera profunda y que hoy los jóvenes están expuestos a mayores niveles de presión social, especialmente a partir de las redes sociales.
Según señaló, existe una sobreexigencia constante vinculada a cómo mostrarse, qué mostrar, el rendimiento, el físico y las habilidades personales. “Hay una presión social que no descansa, porque en las redes sociales es un 24/7”, afirmó.
En ese contexto, mencionó el fenómeno conocido como FOMO, o miedo a perderse algo, que genera en muchos adolescentes la necesidad permanente de estar conectados y atentos a lo que ocurre en el mundo digital.
Luccisano explicó que esa exposición constante puede derivar en ansiedad sostenida y, cuando se intensifica o se vuelve crónica, transformarse en un trastorno.
También señaló que el estrés socioeconómico, los cambios propios de la adolescencia y la falta de diagnóstico temprano agravan el panorama. “Cuando llegan a la consulta, muchas veces la situación ya es mucho más compleja”, indicó.
El psiquiatra también se refirió al uso de la inteligencia artificial por parte de los adolescentes y sostuvo que puede ser una herramienta útil, pero también riesgosa si no existe acompañamiento adulto.
Según afirmó, muchos jóvenes consultan a la inteligencia artificial sobre sus dificultades de salud mental, ansiedad o malestares personales, por lo que remarcó la necesidad de enseñar un uso responsable de estas herramientas.
Por último, pidió una mayor presencia de los adultos, escucha activa y acompañamiento frente a las señales de alerta. “Necesitamos poner la mirada más en el cuidado, promover el diálogo, fomentar actividades saludables y estimular la búsqueda de ayuda profesional cuando un adolescente lo necesita”, concluyó.