El Presidente ha profundizado su tendencia a hablarse y escucharse a sí mismo, mientras busca amparo fuera del país entre los que piensan igual o saben disimular las disidencias.
Por Claudio Jacquelin
Para La Nación
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Javier Milei se diferencia en muchas cosas de la mayoría de los presidentes que lo precedieron, aunque a veces solo exagera los rasgos más agudos. Hasta rozar la caricatura.
El Presidente repite y exacerba desde hace algunas semanas una conducta demasiado reiterada de los gobernantes cuando atraviesan momentos complicados de su gestión, los resultados no son los esperados y mengua el apoyo social.
Por un lado, Milei ha profundizado su tendencia al aislamiento interno, hablándose y escuchándose mucho a sí mismo y prestándole poca atención a muy pocos.
Por otro lado, se ha vuelto a refugiar en la burbuja externa. Esa que oficia de confortable cobijo donde es arropado por los que piensan igual o saben disimular las disidencias. Y, también, opera como campo de batalla para enfrentar enemigos a medida, con el propósito de satisfacer a aquellos a los que busca agradar, sean los propios o sus referentes más poderosos, y, si es posible, estimular el nervio nacionalista de las mayorías locales.
Fracasos cocinados a fuego lento
Las consecuencias de esa deriva se ven con claridad en las últimas y reiteradas apariciones mediáticas del Presidente en su recobrado, corregido y aumentado papel de vocero de sí mismo, tras la demorada y escandalosa salida de Manuel Adorni y el por ahora fallido experimento de Adrián Ravier como reemplazante.
Solo Milei habla por Milei y se repite con los mismos modales extremos, pero ahora sin agrandar la audiencia y desafiando la tolerancia de los que lo escuchan.
Desde hace siete meses se registra una dominancia de las reacciones negativas respecto del Presidente y de su gestión en las redes sociales, según lo reflejan los seguimientos que hacen las consultoras especializadas Méthodo y AdHoc. En tanto, las encuestas muestran un sostenido deterioro de la imagen presidencial y del Gobierno, así como una caída de las expectativas económicas de la población.
Esos indicadores serían producto de la falta de resultados de las políticas públicas, en particular las que tienen que ver con la calidad de vida individual (ingresos, empleo, poder adquisitivo), lo que potencia un aparente agotamiento del atributo central que terminó depositando al libertario en la Presidencia.
El “Milei, fenómeno verbal”, que analiza con agudeza en el libro de igual título el ensayista Juan José Becerra, parecería estar necesitando una actualización del software. “El político que se hizo a sí mismo hablando”, como reza el subtítulo de ese ensayo, afronta dificultades para seguir haciéndose Presidente. La ausencia de rivales competitivos subraya el problema, tanto como atenúa las consecuencias. Al menos, en lo inmediato.
Los casi 14 meses y medio que aún faltan para la elección presidencial y la fragmentación opositora llevan a suponer que el Presidente y su gestión tienen todavía tiempo suficiente a su disposición para un reseteo o un maquillaje.
Milei ya lo hizo en los tiempos turbulentos que fueron del abrumador triunfo kirchnerista en las elecciones bonaerenses de septiembre pasado, hasta que recobró el aliento hacia fines de año con el triunfo en las elecciones nacionales de octubre y la recuperación de la paz cambiaria. Ese cambio es lo que Becerra denominó “el apagón estratégico” de la verba inflamada mileísta. Esa que acaba de volver y estaría obligando al autor a una edición ampliada.
Las últimas apariciones del líder libertario en modo desenfrenado, con la reivindicación explícita de sus “horribles modos”, cómo él mismo los calificó en la conversación con Luis Majul, permiten conjeturar que el aislamiento interno, la burbuja internacional y un sesgado diagnóstico del triunfo electoral están reforzando la versión original de Milei antes que propiciando una revisión.
En la cima del poder libertario reina la convicción (o sobreestimación) de que la victoria en las elecciones nacionales de medio término es mucho más por mérito propio y apoyo popular a su gestión que por efecto del rescate de urgencia de Donald Trump y Scott Bessent, junto con un profundo miedo al regreso del pasado. Los errores de diagnóstico pueden tener consecuencias funestas.
Cambio de contexto
El contexto muestra hoy cambios evidentes. La paciencia social está registrando fisuras. Lo revelan las encuestas, los grupos focales, el rastrillaje en las redes sociales, así como las reacciones en el espacio público y los recientes cambios de posturas de dirigentes y gobernadores aliados.
El retiro de artículos del proyecto de ley de “inviolabilidad de la propiedad privada” expuso la nueva realidad. Una realidad que hizo explotar conflictos internos en el Gabinete y resaltó la insularidad del Presidente.
Mientras tanto, los colaboradores que buscan sumar voces solo están aportando ruido y cacofonía. Ministros como Luis “Toto” Caputo y Pablo Quirno encabezan la lista de imitadores desafinados, que antes que concitar adhesiones generan rechazo.
Ahí están la percepción de insensibilidad y falta de empatía que generó el desdén con el que Milei se refirió al endeudamiento de los argentinos, minimizándolo como un problema entre privados.
Otro tanto puede decirse de la necesidad de explicación tardía de Caputo respecto de sus dichos sobre “los tarados que defienden a la industria”.
Con treinta y dos meses de gestión, son cada vez menos los que exculpan al Gobierno por la herencia recibida. Incluso voces antes cercanas, como la del economista Ricardo Arriazu, han marcado diferencias.
Disonancia cognitiva
La otra cara de la nueva realidad se advierte en la política exterior, en dos dimensiones contrapuestas.
Por un lado, Milei ofició de vicario regional del trumpismo, interviniendo en el proceso electoral brasileño con críticas a Luiz Inácio Lula da Silva, generando la peor crisis diplomática con Brasil.
La estrategia de crear un enemigo externo mostró límites. La sociedad percibió una disonancia cognitiva entre discurso y políticas.
Algo similar podría ocurrir con el intento de capitalizar la visita papal, dado el contraste entre la narrativa oficial y las posturas de la Iglesia.
La homilía del arzobispo Jorge García Cuerva fue contundente al señalar el impacto social negativo de ciertas políticas y llamar a no callar.
Los próximos meses estarán marcados por la influencia internacional en la política local.
Mientras tanto, Milei recurre al cobijo de la burbuja externa, con giras por países afines que le permiten recomponerse políticamente.
Sin embargo, la historia demuestra que ni Alfonsín, Menem, De la Rúa, los Kirchner, Macri o Alberto Fernández pudieron escapar a las inclemencias de la realidad nacional.
Por el contrario, el aislamiento interno y la burbuja externa suelen potenciar los problemas.