Desde la asunción del gobierno, todo en la Argentina está en riesgo, frustrado y/o expuesto a gravísimas emergencias. Y la educación pública no es –no podría serlo– excepción a regla o tendencia alguna.
Por Mempo Giardinelli
Para Página 12
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Por eso en el contexto gravitacional de la educación pública, que histórica y tradicionalmente ha sido formadora de nacionalidad para millones de argentinos y argentinas en los últimos dos siglos, hoy enfrenta evidencias tristísimas e inaceptables que no pueden ni deben ser tratadas como excepciones a ningún tipo de reglas.
Así lo confirman las llamadas Pruebas PISA 2025, cuyos recientes resultados son difícilmente aceptables y hasta se diría que vergonzosos en comparación con los guarismos obtenidos en pruebas similares en los sistemas educativos de casi todo el planeta.
El impresionante deterioro de la educación en la Argentina –que muestra una drástica caída y que no hacía falta una prueba internacional para confirmarla– ha vuelto a encender las alarmas en nuestro país, que hasta no hace mucho era avanzado y ejemplar en materia de educación pública y –con justicia– un verdadero orgullo nacional.
Si bien el declive generalizado en todos los aspectos de la adolorida Patria que hoy vivimos es evidente e indisimulable, lo cierto es que si en materia educacional los rendimientos de nuestro país en esta materia eran relativa y moderadamente aceptables, ahora recibimos lo que bien puede considerarse “un baldazo de agua helada” debido a los magros resultados obtenidos de los exámenes estandarizados tomados a estudiantes de 15 años en 91 sistemas educativos del mundo en 2025. Por ejemplo, casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan el nivel básico en Matemáticas. Y 6 de cada 10 fracasan en Lectura y en Ciencias.
Es doloroso reconocerlo, pero nuestro país retrocedió hasta la octava posición en América Latina, siendo uno de los que más involucionaron ya que la caída se dio en casi todas las naciones participantes.
Los resultados de la evaluación internacional mostraron que las causas del retroceso combinan problemas de atención, secuelas de la pandemia, dificultades en la formación docente y falta de continuidad en las políticas educativas.
La caída en lectura es notable respecto de 2022, cuando en muchos países de Europa y Latinoamérica se registró un deterioro y en cambio nuestro país se había mantenido estable a pesar de haber atravesado la circunstancia de la emergencia sanitaria.
En el mundo se culpa a las pantallas, y por eso el informe muestra que Argentina es uno de los países con mayor distracción, tanto digital como de todo orden áulico. Solamente Uruguay presenta un porcentaje superior, siendo además el país con mayor desorden en las aulas. El tercero a nivel mundial es Paraguay (48%). Y en la tabla figuran entre los primeros 10 de mayor ruido y desorden escolar Brasil (44%) y Chile (43%).
Esto es sólo una parte de la verdad, porque hace años que quienes trabajan por la lectura abogan por más tiempo para practicarla en las aulas. La mitad de las dificultades para comprender lo que se lee tienen que ver con la posibilidad de mantener la atención.
Pero lo que pasó en Argentina entre 2022 y 2025 es Milei. Los docentes atraviesan la más grave crisis de salarios desde 2001, todos yendo de una escuela a otra o ejerciendo alguna otra tarea para poder sobrevivir, y entonces es claro que tienen menos tiempo para leer y encontrar las lecturas a compartir con cada grupo diferente.
Las familias viven la misma situación económica desesperante, en cada casa hay quien ha perdido un trabajo, como hay sueldos que ya no alcanzan para lo básico. Los propios datos de contexto que acompañan el informe dan cuenta de un tercio de jóvenes que en lugar de concentrarse en sus estudios han tenido que salir a hacer tareas remuneradas para ayudar al presupuesto del hogar.
Para colmo el Estado dejó de comprar colecciones para las escuelas, sólo envía, bastante entrado el año, los llamados libros “escolares”, Lo cual es grave porque desde 2022 no se renuevan los acervos literarios de las bibliotecas de las instituciones educativas. Y por si fuera poco, desde diciembre de 2023 está discontinuado el Plan Nacional de Lectura, sustituido por un Plan de Alfabetización cuyo diseño se deja a cada Provincia y que no cumple la misma función.
Asimismo, los puntajes obtenidos por los estudiantes que respondieron en 2025 de ninguna manera pueden atribuirse a los “años de kirchnerismo” ya que los desempeños dejan incluso a la CABA --siempre gobernada por el macrismo--, muy lejos de su mejor marca histórica, porque al comparar con los resultados de PISA 2015 se ve que clarmente que la caída fue de 43 puntos en Lectura, 38 en Matemática y 25 en Ciencias.