A fines del año pasado, el papa León XIV denunció “la plaga de los juegos de azar que arruina a tantas familias” basado en las estadísticas que registran “un fuerte aumento” de este fenómeno en los últimos años y señaló que “se trata de un grave problema educativo, de salud mental y de confianza social”. En su encíclica Magnifica Humanitas, advierte sobre la dependencia digital, los “modelos que prosperan a costa de la vulnerabilidad” y pide proteger a los menores.
En la Argentina la Conferencia Episcopal hace años que viene expresando su preocupación por el avance de las apuestas online, sobre todo entre los menores, y el creciente riesgo de la multiplicación de los casos de ludopatía. El sacerdote Munir Bracco, que está oficiando de vocero de la Iglesia ante esta problemática, dice que “lo que más preocupa es su naturalización porque no se dimensiona el peligro, la gravedad de lo que no es un juego, sino una apuesta”.
Subraya que el aumento de las apuestas con motivo del Mundial “fue brutal por el acoso publicitario que hubo en todos los partidos” y lamenta que tras la finalización del campeonato muchos jóvenes quedaron con “deudas muy grandes”. Agrega que en las escuelas y parroquias reciben a “madres desesperadas” pidiendo ayuda por la situación de sus hijos, que hay “internaciones por problemas de salud mental” e incluso casos de suicidio adolescente.
El 27 de noviembre de 2024 la Cámara de Diputados de la Nación aprobó un proyecto de “Prevención de la Ludopatía y Regulación de los Juegos de Azar y las Apuestas en Línea”. Entre otras cosas, establece mecanismos para impedir que apuesten menores de edad, las limita en las transmisiones de fútbol, y prohíbe su publicidad en medios y plataformas digitales, así como la participación de influencers y famosos en su promoción.
Ante su envío al Senado, la cúpula del Episcopado encabezada por el arzobispo Marcelo Colombo le envió a la vicepresidenta Victoria Villarruel una carta en la que le pedía su urgente tratamiento y decía que cada teléfono celular se podía convertir en un casino sin una regulación. Pero el proyecto no llegó al recinto, si bien el fue tratado en un plenario de comisiones, en el que hubo varios oradores, entre ellos el padre Bracco.
Senadores de varios espacios -sobre todo de La Libertad Avanza y del PRO- no mostraron interés en que sea aprobado, ¿muchos acaso porque las apuestas online constituyen una importante fuente de financiación de la política? La oposición más visible provino de la AFA, cuyos expositores afirmaron ante las comisiones que la prohibición de la publicidad de las apuestas on line ponía en riesgo la subsistencia de los clubes.
Este año el oficialismo presentó un proyecto alternativo que endurece las penas para los operadores clandestinos. Sin embargo, no establece la prohibición de la publicidad y los auspicios deportivos, clave para los obispos. Por eso, la Iglesia anhela que el presidente impulse la sanción del proyecto que fue aprobado en Diputados y lo haga antes de que a fines de noviembre pierda estado parlamentario.
Más aún: los obispos coinciden en que sería una muy buena actitud de Javier Milei hacia León XIV si ya mismo lo promoviera y fuese sancionado antes de su llegada. “Ciertamente sería un gesto del presidente y de los legisladores muy en consonancia con el mensaje y la preocupación que viene expresando el papa como también lo hacía Francisco”, sostiene el padre Bracco.
El sacerdote considera, además, que independientemente del gesto al pontífice, el apoyo a la sanción del proyecto “pondría de relieve la preocupación sincera y el respeto inestimable y precioso por el don de la vida ante el riesgo del flagelo de muerte porque las apuestas online y la ludopatía atentan directamente contra dos principios sagrados: la vida, la libertad”.
Habrá que ver qué actitud adopta finalmente Milei, sobre todo luego de que la Iglesia desestimó un enfático pedido del Gobierno: que el papa no tuviera un encuentro con empresarios, sindicalistas y movimientos populares como va a ocurrir en la UCA, acaso por temor a que el pontífice aluda críticamente a la situación social del país y sea muy aplaudido.
La salud de nuestros jóvenes debería estar por encima del enfado del Gobierno.