La fonoaudióloga Carla M. Biagioli destacó la importancia de una evaluación temprana, el acompañamiento familiar y la necesidad de derribar prejuicios.
En el marco del Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez, que se conmemora cada 22 de octubre, especialistas ponen el foco en la importancia de comprender esta condición más allá de las dificultades que pueden observarse al hablar. Escuchar, respetar los tiempos de cada persona y facilitar su participación en distintos ámbitos son aspectos fundamentales para construir una comunicación más inclusiva.
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La tartamudez es una alteración involuntaria de la fluidez del habla, reconocida como un trastorno del neurodesarrollo, de base neurobiológica y naturaleza multifactorial. Se manifiesta mediante repeticiones de sonidos, sílabas o palabras, prolongaciones y bloqueos que interrumpen la continuidad del discurso.
En algunos casos, también puede estar acompañada de tensión, esfuerzo, movimientos asociados o una sensación de pérdida de control al hablar. Sin embargo, la experiencia no es igual para todas las personas: algunas presentan dificultades evidentes al expresarse, mientras que otras desarrollan estrategias para ocultarlas o evitar determinadas situaciones comunicativas.
En este contexto, la fonoaudióloga Carla M. Biagioli (MP 76) compartió una mirada sobre la tartamudez desde su experiencia profesional, con especial atención a la evaluación clínica, el acompañamiento de las familias y la necesidad de comprender a cada paciente en su totalidad.
Lic. Carla Biagioli
¿Qué es la tartamudez y cómo se manifiesta?
La tartamudez suele comenzar durante la primera infancia, especialmente entre los 2 y los 5 años, y se observa con mayor frecuencia en varones que en mujeres.
Para comprenderla, resulta importante diferenciarla de los errores habituales de fluidez que aparecen durante el habla espontánea. Las pausas, las vacilaciones, las reformulaciones o algunas repeticiones pueden formar parte de la comunicación cotidiana.
La diferencia no depende únicamente de lo que se escucha, sino también de cómo transcurre el habla, del esfuerzo que puede acompañarla y de la experiencia de quien se comunica.
Un bloqueo, por ejemplo, puede producirse antes de que comience la voz y transcurrir en silencio. En esas circunstancias, la tensión puede estar presente aunque resulte imperceptible para el interlocutor.
Por eso, observar las características del habla y escuchar lo que experimenta cada persona permite orientar una evaluación adecuada.
La importancia de consultar a tiempo
Uno de los aspectos centrales para las familias es reconocer cuándo resulta conveniente buscar orientación profesional.
Durante la primera infancia, observar cómo evoluciona el habla a lo largo de los meses aporta información valiosa. Conocer cómo comenzó la tartamudez, qué cambios se producen y cómo se desenvuelve el niño en su casa, en la escuela y en otros espacios ayuda a comprender su situación.
Las inquietudes de las familias y las observaciones de los docentes constituyen motivos suficientes para realizar una consulta fonoaudiológica.
Tartamudez
La evaluación permite valorar el habla, el lenguaje y la comunicación, identificar las necesidades de cada paciente y decidir junto con la familia cuáles son los pasos más adecuados.
Biagioli advierte que alcanzar un diagnóstico preciso es una responsabilidad fundamental de la profesión, ya que una evaluación incorrecta puede retrasar el acceso al acompañamiento que un niño necesita durante una etapa importante de su desarrollo.
La intervención debe contemplar las particularidades de cada caso y diferenciar la tartamudez de otras dificultades del habla o del lenguaje que pueden requerir un abordaje específico.
Una condición multifactorial: qué factores intervienen
La tartamudez no responde a una única causa. Su naturaleza multifactorial implica la interacción de distintos factores que se combinan de manera diferente en cada persona.
Entre ellos se encuentran la predisposición genética y neurobiológica, los procesos motores necesarios para hablar, el lenguaje y los mecanismos cognitivos que permiten organizar y expresar un mensaje.
También intervienen las experiencias y las demandas comunicativas del entorno, tanto en la familia como en la escuela, las relaciones sociales y el ámbito laboral.
En este sentido, la predisposición biológica ocupa un lugar central en la explicación de la tartamudez, mientras que las experiencias comunicativas pueden influir en la tensión, la anticipación y las respuestas que desarrolla cada persona frente al habla.
El bullying, el rechazo y la presión para expresarse de determinada manera también pueden intensificar el malestar y limitar las oportunidades de participación.
Comprender estos factores permite evitar explicaciones simplistas y reconocer que cada persona atraviesa una experiencia particular.
Lo que se escucha y lo que muchas veces permanece oculto
Una de las ideas centrales del enfoque de Biagioli es que la tartamudez no debe evaluarse únicamente por las repeticiones, prolongaciones o bloqueos que se perciben al hablar.
La experiencia puede incluir anticipación, temor, frustración, tensión y estrategias para evitar situaciones en las que la persona siente que tendrá dificultades para expresarse.
Esta dimensión suele representarse mediante la metáfora del iceberg, asociada al investigador Joseph Sheehan: la parte visible corresponde a las manifestaciones del habla, mientras que debajo de la superficie pueden existir experiencias que no resultan evidentes para quienes escuchan.
Iceberg
Un estudiante, por ejemplo, puede conocer la respuesta a una pregunta y, aun así, evitar levantar la mano por temor a tener dificultades al hablar frente a sus compañeros.
Algo similar puede ocurrir durante una entrevista laboral, una llamada telefónica o una conversación cotidiana. En algunos casos, una persona puede sustituir palabras, reformular frases o postergar una intervención para evitar un posible bloqueo.
Por eso, la cantidad de tartamudez que se escucha no siempre refleja el impacto que tiene en la vida de quien la presenta.
El acompañamiento familiar y escolar
La familia y la escuela cumplen un papel importante en la construcción de espacios de comunicación respetuosos.
En el hogar, acompañar implica escuchar con naturalidad, respetar los tiempos y permitir que la persona complete lo que desea expresar sin apresurarla.
Indicaciones como "respirá", "hablá despacio" o "tranquilizate", aunque puedan surgir con intención de ayudar, pueden desplazar la atención hacia la forma de hablar en lugar de mantenerla en el mensaje.
En el ámbito educativo, las dificultades pueden aparecer al leer en voz alta, responder frente al curso o participar en actividades grupales.
Por eso, resulta importante que los docentes conozcan las preferencias de cada estudiante, respeten sus tiempos de respuesta y generen oportunidades reales de participación. Frente al bullying, el rechazo o la presión comunicativa, la intervención de la escuela es fundamental.
El acompañamiento debe construirse en diálogo con el alumno, su familia y los profesionales que intervienen, teniendo en cuenta sus necesidades y los espacios en los que desea participar.
Una mirada más allá del síntoma
Desde hace 27 años, Biagioli desarrolla su práctica fonoaudiológica con un enfoque que contempla a cada paciente como una persona única, con su cuerpo, sus emociones, sus vínculos y su historia de vida.
Esta perspectiva biopsicosocial y holística busca comprender qué significa la tartamudez para cada individuo y cómo influye en sus actividades cotidianas, sus relaciones y sus proyectos.
El tratamiento se organiza de acuerdo con la edad, las necesidades y los objetivos compartidos con cada paciente. Puede incluir recursos para trabajar la tensión y los bloqueos, modificar determinados momentos de tartamudez, desarrollar una forma de hablar más fluida y ampliar las oportunidades de comunicación.
Cuando existen anticipación, evitación u ocultamiento, estos aspectos también pueden abordarse de manera gradual y respetuosa.
La especialista señala, además, que en su práctica clínica diaria recibe consultas de niños, adolescentes y adultos, tanto de la Capital como del interior de Santiago del Estero. Cada persona llega con inquietudes, experiencias y necesidades diferentes.
En el Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez, el desafío es transformar el conocimiento en formas cotidianas de escuchar, acompañar y respetar.
Porque comprender la tartamudez no significa limitarse a reconocer cómo se manifiesta el habla, sino también entender qué vive quien habla y qué necesita para expresarse y participar plenamente en su entorno.