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Tras el anuncio formalizado el jueves pasado por el diario Clarín sobre la canallesca decisión del gobierno, dada a conocer por el ministro De Vido, en el sentido de que las autoridades nacionales se presentarán como parte querellante en el accidente, para encubrir su propia gravísima cadena de responsabilidades en el trágico accidente de la estación del Once, además de manotearle inescrupulosamente a las víctimas el derecho de accionar judicialmente contra el propio gobierno, por su indolencia y sus probadas complicidades en tan nefasto siniestro, ha quedado bien en claro que la presidenta de la Nación no sabe a quiénes gobierna.
Para Cristina de Kirchner nada ha cambiado en los últimos tiempos. Sigue en la convicción de que tiene bajo su mano de hierro a un pueblo demasiado sumiso, un sistema desfinanciado y corrompido, jueces y camaristas que desprocesan a los corruptores y a los corrompidos, y en el medio de todo esto un Estado ausente, impune y cínico, funcionarios ineptos y corruptos que miran poniendo cara de “yo no fui” y le echan la culpa al factor humano o a los propios usuarios. Toda una verdadera vergüenza nacional.
Un secretario de transportes que le echa la culpa a los pasajeros o a la mala suerte pues si hubiere ocurrido un día antes el saldo hubiere sido menor, un ministro que se conduele con los deudos y los heridos y una presidente que recién pasadas casi ocho horas de la tragedia declara duelo nacional y suspende el “Carnaval Federal Latinoamericano y Popular”, todo una verdadera payasada si no fuere realmente un hecho absolutamente trágico, y digo hecho y no fenómeno, pues ésto era una tragedia preanunciada con absoluta claridad desde hace ya mas de quince años como mínimo y el Estado se mantuvo permanentemente al margen.
Desde las mismas privatizaciones ferroviarias los concesionarios ganadores incumplieron permanentemente con los contratos de concesión, en lo atinente a inversiones, modernización y mantenimiento del sistema; y estos incumplimientos fueron tales por los permanentes actos de corrupción generalizada entre empresarios corrompedores y funcionarios corrompidos. Desde el menemato a la fecha, el sistema ferroviario fue degradándose a pasos agigantados mientras las empresas concesionarias solo se interesaron en lucrar de la manera mas artera y vil que jamás se haya visto.
Las enunciaciones de Schiavi, De Vido y la propia CFK denuncian una endeblez que nos asombra. En 14 meses “ella” lleva acumulados 70 muertos y mas de 1000 heridos por accidentes ferroviarios, todo un verdadero record que debería declamar así como declama otros importantísimos logros de su gestión y la de su extinto marido, pero no creemos que lo haga, porque ella “sabe muy bien que declamar y que ocultar”, y esta desgracia anunciada viene sobrecargada de corrupción desde Jaime y el propio Cirigliano, que no nos olvidemos es el valijero de Néstor y Cristina desde hace ya 9 años, siendo por este motivo un beneficiado directo de la justicia kirchnerista de los jueces Oyarbide, Ballesteros, Freiler y Farah.
Si este gobierno que se considera peronista en verdad no fuera, temería al menos aquella apocalíptica advertencia del General Perón: “Cuando el pueblo se cansa, hace tronar el escarmiento”. Me parece que esa hora no está lejana y que el voluptuoso triunfalismo de octubre se va aceleradamente deshaciendo en un desconcierto para el que ni los genios estrategas más cotizados de palacio encuentran una salida. Pareciera que el kirchnerismo tardío o cristinismo “genera permanentemente hechos o noticias que tapan las atrocidades que diariamente provocan”, y así como a la sanción de la Ley Antiterrorista le salio el apaleamiento de los originarios Qom, y a ésto el de las mineras a cielo abierto, y el boudougate que eclipsó el korralito cambiario, ahora cuando no nos terminábamos de acostumbrar al “ajustazo” y al techo salarial se nos despachan con esta tremenda tragedia de 50 muertos y 676 heridos que los funcionarios intentaran tapar con un enfrentamiento con las petroleras. Ya lo reinició Baratta, el segundo del superministro De Vido, todo ello enmarcado en el sainete tragicómico de una presidenta que llena de Casa Rosada con funcionarios, alcahuetes aplaudidores e incautos opositores que se prestan para poner en escena la payasada de un “supuesto anuncio que no fue” y de una presentación vergonzosa del payasesco canciller Timerman ante las Naciones Unidas.
El pueblo -ese al que el siniestro Schiavi acusa de ser parte de la tragedia por su ubicación en un medio donde se viaja peor que ganado camino al matadero- no tiene ni culpa ni participación ni en las privatizaciones de los ‘90 que el matrimonio avaló y voto (además de aplaudir alegremente y designar a Menem como “el mejor presidente de la historia argentina” (Néstor dixit), ni en las corruptelas implícitas en los subsidios a las concesionarias ferroviarias durante estos 9 años y que llevan acumulados mas de dos mil millones de dólares, cifras nunca bien explicadas por los funcionarios kirchneristas, pero que dieron pie a los juicios y acciones penales severísimas sobre el ex secretario Ricardo Jaime a quien -como una paradoja del destino tragicómico (si no fuera por lo grave y luctuoso de lo ocurrido en la estación de trenes- Oyarbide acaba de dictarle la impunidad casi total al desechar los mails y los documentos que lo condenaban, a la vez que la Sala I de la Cámara Federal desprocesa a Cirigliano -el corrompedor- por considerar que la causa ha prescripto para el empresario, a lo que el Fiscal Moldes califico como una “tramoya”.
No existieron en verdad explicaciones oficiales sino apenas “conjeturas” de los funcionarios responsables directos del área quienes no se “sometieron al juego de las preguntas y respuestas”, que según ellos pretendían los periodistas, pretensiones que se hallaban implícitas en el juego democrático de aclarar los interrogantes que se planteaba una sociedad atónita ante semejante tragedia y desastre en plena Ciudad de Buenos Aires, aquellos interrogantes eran y son un peligro si “desnudan las incertezas” que provocan la catarata de desmanejos, inoperancias, falta de controles, actos de corrupción y complicidades entre los sectores empresarios afines al kirchnerismo y el funcionariado de ese tinte político. Siempre que existe una tragedia en el sector transporte, y cualquiera sea su magnitud -la del miércoles fue tremenda- “hay y existe una responsabilidad directa del Estado” y en consecuencia del Gobierno Nacional.
¿Qué es un accidente? Un “accidente” es un hecho o suceso eventual del que involuntariamente resulta daño para las personas o cosas -dice el diccionario de la Real Academia Española-, por lo que los dichos de los funcionarios y los de la propia CFK faltan a la verdad, ya que no fue “un accidente” sino, por el contrario, una tragedia permanentemente denunciada y anunciada por los medios, los pasajeros, los sindicalistas, los trabajadores ferroviarios a los que se obligaba a viajar con las puertas abiertas y con cinco pulmones de freno, en lugar de los ocho reglamentarios por vagón, desde hacía más de ocho años, y hasta por algunos políticos que hablaban de “inacción del Estado” para procurar reducir al mínimo el riesgo de que esto se produzca, obligando a los concesionarios a invertir y a mejorar su prestación.
Sólo mirando lo que ahora intentan tapar Oyarbide, Ballesteros, Freiler y Farah, se puede saber por que no se hace lo que se debe hacer, mientras se pagan gigantescos subsidios que se esconden detrás de no tocar las tarifas de los ferrocarriles, los colectivos, la luz, el gas y el agua. El sistema ferroviario -el de pasajeros y el de cargas- se encuentran desde hace ya casi veinte años en estado de coma terminal, pero en este último decenio el mismo empeoró aún mucho más y lo fue en grado supino el sistema ferroviario de pasajeros suburbanos y los de media y larga distancia aún corriendo o intentando hacerlo, pues muchos de los servicios que los funcionarios y la presidente anuncian no logran ni siquiera cumplir con los viajes iniciales anunciados a toda pompa.
El pueblo -los usuarios- viajan en condiciones de inseguridad, hacinados y al arbitrio de la suerte y la voluntad divina, los trenes son desde la privatización menemista una verdadera vergüenza, que ha empeorado notoriamente durante estos últimos siete años, y los pasajeros están condenados porque la enorme mayoría de las cosas de su vida dependen del tren. ¡Lo realmente grave de la tragedia es que estaba plenamente anunciada, solo los funcionarios no querían verla!
Este es el “Cromañón de Cristina”, pues como dijéramos antes lleva acumulados apenas en 14 meses 70 muertes y mas de 1.000 heridos ferroviarios, aunque eviten señalar sus responsabilidades directas, e intenten compararlo con los sucesos similares de España, Alemania o EE.UU., la única verdad es la realidad y ésta es exclusivamente que tuvimos la suerte enorme de que el tren accidentado estuviere corriendo en la semana de carnavales donde la cantidad de pasajeros -1200 a 1300- de la formación estaba muy lejana a la de los meses normales de marzo a diciembre donde en ese horario el tren Sarmiento transporta de 2.200 a 2.400 pasajeros. Intentar ahora descargar la culpa en el maquinista (como se hiciera recientemente en el choque de trenes de Pacífico) es intentar desmarcarse de la propia y total responsabilidad de la tragedia provocada, que -lo remarco- no fue un “accidente”.