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Mundial 2026
Las elecciones francesas con el triunfo del socialista Hollande, confirman la tendencia de la derrota de los oficialismos desde la crisis del 2009. La importancia de este cambio es que con Alemania son el eje de la comunidad europea, donde la insatisfacción lleva a numerosas personas a inclinarse por posiciones ultraderechistas.
La cuestión principal es si Europa permanece unida, manteniendo el euro, o regresa a las monedas nacionales. Si elige este camino está condenada a la insignificancia. Si logra mantener la unión puede seguir siendo un actor global importante.
La dificultad es la enorme diferencia entre la economía alemana, con su gran productividad y competitividad y la francesa, que está estancada, consecuencia de la falta de reformas, que la lleven al siglo XXI.
Alemania exporta por valor del 52 % de su PBI y Francia la mitad, medida en porcentaje de su producto bruto.
La otra cuestión europea es que hacer con Rusia, país que ha perdido su carácter de gran potencia y que vale como proveedor de energía. El general de Gaulle proponía una Europa del Atlántico a los Urales, es decir inclusiva de la vieja Rusia y que en realidad llegaría al Pacífico.
Es un tema aparentemente fuera de agenda, pero esa aspiración del notable estadista que reconstruyó Francia a mediados del siglo pasado, cambiaría el mapa del mundo y devolvería a ese continente, la importancia perdida a fines de la segunda guerra mundial, o como lo dice Ernst Nolte, después de las “dos guerras civiles europeas”
Tal vez falte estadistas que entiendan, que esta crisis, no es similar a otras ocurridas desde la primera revolución industrial. Se trata de un cambio de paradigmas, del fin de un tipo de civilización y su transición a una distinta y desconocida, sin certezas y que nos llena de preocupaciones y porque no decirlo, de temores.
Mientras tanto nuestro país sigue haciendo papelones en el mundo, con sus sobreactuaciones y la falta de conocimiento de la realidad.
Uno de los resultados concretos de nuestras políticas es que Brasil ha recibido inversiones en 2011 por sesenta y siete mil millones de dólares, siguiéndole Mexico, Chile, Colombia, Perú y en sexto lugar nosotros con menos de ocho mil millones.
Eso de traduce en menos tecnología, menos competitividad, en menos trabajos en blanco y bien pagos, menores posibilidades de agregar valor a las importaciones. Es el fruto de creer que estamos en 1950 y que somos el ombligo del mundo.