La investigación internacional analizó a más de 100.000 jóvenes de 40 países y encontró que la edad de inicio con smartphones podría influir en el bienestar emocional años después.
Un nuevo estudio sugiere que tener un teléfono inteligente antes de los 13 años podría estar vinculado con un mayor riesgo de problemas de salud mental en la adultez, una etapa en la que el bienestar emocional se vuelve clave para la vida cotidiana.
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La investigación, difundida por especialistas en neurociencia y bienestar mental, analizó cómo la edad a la que los niños reciben su primer smartphone puede influir en su salud emocional años más tarde.
Los resultados mostraron que las personas que tuvieron su primer teléfono antes de los 13 años presentaban más probabilidades de reportar pensamientos suicidas, agresividad e inestabilidad emocional en la adultez temprana, en comparación con quienes accedieron a estos dispositivos más tarde.
Los investigadores analizaron datos de más de 100.000 adultos jóvenes de 40 países, recopilados en el marco del Proyecto Mente Global de Sapien Labs, uno de los repositorios de información sobre bienestar mental más grandes del mundo.
El objetivo fue evaluar si la edad a la que una persona obtiene su primer teléfono inteligente se relaciona con su salud emocional años después. Para medirlo utilizaron una herramienta denominada Cociente de Salud Mental (MHQ), que analiza decenas de dimensiones del bienestar psicológico.
Los resultados indicaron que cuanto antes una persona tuvo acceso a un smartphone, mayor fue la probabilidad de presentar dificultades emocionales en la adultez temprana.
Por ejemplo, quienes recibieron su primer teléfono a los 13 años obtuvieron en promedio 30 puntos en la escala MHQ, mientras que quienes lo tuvieron a los cinco años registraron valores cercanos a cero, lo que indica mayores dificultades en el bienestar mental.
Según los especialistas, estos resultados sugieren que la exposición temprana a smartphones podría relacionarse con cambios importantes en el desarrollo emocional y social de los jóvenes.
Los especialistas explican que la infancia y la adolescencia son etapas clave para el desarrollo del cerebro y de las habilidades emocionales.
Cuando los niños acceden muy temprano a smartphones, suelen exponerse a redes sociales, estímulos digitales constantes y dinámicas de interacción online en un momento en el que su identidad y su capacidad para regular emociones aún están en formación.
Además, los entornos digitales actuales están diseñados para captar la atención mediante algoritmos que priorizan la interacción constante, lo que puede aumentar la exposición a comparaciones sociales, contenido perturbador o experiencias negativas.
Por este motivo, los investigadores señalan que la edad de acceso a la tecnología podría influir en la forma en que los jóvenes desarrollan su bienestar emocional.
El estudio también señala que el efecto de los teléfonos inteligentes en la salud mental no depende de un solo factor, sino de diferentes elementos relacionados con el entorno digital y social.
Entre ellos se encuentran:
Según los investigadores, aproximadamente el 40% del impacto observado podría explicarse por el acceso temprano a redes sociales, mientras que otros factores como problemas de sueño o conflictos familiares también influyen en el bienestar emocional.
Los especialistas concluyeron que, aunque los teléfonos inteligentes forman parte de la vida cotidiana actual, retrasar su acceso o acompañar su uso con educación digital y límites adecuados podría ayudar a proteger la salud mental de los jóvenes a largo plazo.