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El asesino de la “caja de juguetes”: torturaba a mujeres y grababa todo con la ayuda de su hija

El 22 de marzo de 1999 terminó la carrera de David Parker Ray como sádico asesino. Secuestraba mujeres y las sometía a brutales abusos todo con la ayuda de su círculo íntimo.

Hoy 09:08

Nuevo México es conocido en los Estados Unidos como la “Tierra del Encanto”, un territorio árido y escasamente poblado, definido por vastas extensiones de desierto y pequeños pueblos estancados en el tiempo.

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En la aislada aldea de Belen, en noviembre de 1939, nació David Parker Ray. Su entorno familiar estuvo profundamente marcado por la fragmentación y la violencia. Sus padres biológicos estuvieron en gran medida ausentes; su padre era un alcohólico violento y su madre una figura completamente distanciada.

La crianza de David y de su hermana, Peggy, recayó sobre sus abuelos paternos, agricultores y sumamente estrictos que mostraban muy poco afecto hacia los niños. Previamente, el padre de David, Cecil, se había divorciado de su esposa Nettie tras 16 años de matrimonio, obteniendo la custodia sólo para depositarlos al cuidado de los abuelos en el pequeño asentamiento rural de Mountainair.

Mientras Peggy era una niña querida y extrovertida, David creció como un solitario introvertido, explorando el desierto en su motocicleta y ocultando una profunda fascinación por la pornografía violenta.

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Aunque no era muy querido en la escuela secundaria, en la que se graduó con un modesto promedio de “D” en 1957, no era considerado un alumno problemático. Tras su graduación, se unió al Ejército como mecánico, un oficio para el cual demostró gran aptitud natural, y comenzó una seguidilla de cuatro matrimonios fallidos a lo largo de las décadas.


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A simple vista, Ray, quien trabajaba como empleado de mantenimiento para los Parques Estatales de Nuevo México, era un hombre tranquilo de quien nadie sospechaba absolutamente nada ilegal. Sin embargo, detrás de esa fachada laboriosa, diseñó uno de los recintos más macabros de la historia criminal.

Poco antes de 1986, utilizando sus décadas de experiencia mecánica, Ray compró un remolque de carga sin ventanas de más de siete metros de largo y lo estacionó en su propiedad ubicada en Bass Road, cerca del lago Elephant Butte.

Invirtió más de 100.000 dólares y un sinnúmero de horas de trabajo para transformar ese espacio en una sofisticada cámara de tortura insonorizada a la que bautizó como su “Caja de Juguetes” (Toy Box).

Una vista con rayos X  Una vista con rayos X

El diseño del remolque era espeluznante y meticuloso. En el centro exacto de la sala, instaló una mesa de examen ginecológico. Directamente sobre esa camilla, montó un gran espejo en el techo para obligar a sus cautivas a observar cada atrocidad a la que eran sometidas. Las paredes del remolque estaban adornadas con diagramas escalofriantes que ilustraban en detalle distintos métodos para infligir dolor físico.

El lugar fue equipado con instrumentos entre los que se hallaban esposas, cadenas, poleas, correas, pinzas, esparcidores de piernas y tobillos, estiletes quirúrgicos, sierras, látigos y una enorme cantidad de juguetes sexuales.


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Las autoridades hallarían más tarde un artefacto de madera diseñado específicamente para inmovilizar por completo a las mujeres durante los abusos. Además de las herramientas de sometimiento, Ray mantenía planos arquitectónicos de la cámara, registros de suministros y cámaras de video, ya que filmaba los abusos para vender las grabaciones en línea a individuos que compartían sus perversiones.

Cindy Hendy, pareja de David  Cindy Hendy, pareja de David

El calvario en la Caja de Juguetes no era exclusivamente físico; el diseño de Ray buscaba quebrar por completo la psiquis de sus víctimas. Cuando las mujeres recuperaban la consciencia tras ser secuestradas, desnudadas y encadenadas, Ray les reproducía una cinta de casete pregrabada —creada el 23 de julio de 1993— que funcionaba como un sádico mensaje de bienvenida.

En la grabación, les informaba que debían referirse a él únicamente como “Amo” (Master) y a su cómplice femenina como “Ama” (Mistress), y que tenían estrictamente prohibido hablar a menos que se les dirigiera la palabra.

La voz de Ray en la grabación era monótona: “Hola, perra. ¿Estás cómoda en este momento? Lo dudo. Muñecas y tobillos encadenados. Amordazada. Probablemente con los ojos vendados. Estás desorientada y asustada, también, me imagino”. Les explicaba con precisión que estaban allí contra su voluntad, totalmente indefensas, y que serían violadas repetidamente. La cinta concluía asegurando que su destino era ser utilizadas como esclavas sexuales, mantenidas como animales para ser abusadas de cualquier forma que sus captores desearan.

Para llevar a cabo y encubrir esos crímenes durante años, Ray no actuó solo, sino que se apoyó en un círculo íntimo de colaboradores. Su cómplice más cercana fue su propia hija, Glenda Jean Ray, conocida habitualmente como “Jessy”.

Nacida en 1969 de su tercer matrimonio, Jessy creció idolatrando a su padre. A los 21 años, en 1986, Jessy ya estaba plenamente al tanto del comportamiento sádico de Ray e incluso se presentó ante la oficina del FBI en Nuevo México para denunciarlo. Sin embargo, los agentes federales desestimaron sus afirmaciones, creyendo que actuaba por despecho, y archivaron el expediente en 1987. Tras ser ignorada de forma rotunda por las autoridades, Jessy pasó de ser una denunciante a convertirse en una participante activa en los secuestros de su propio padre.

Otra cómplice fue su novia, Cindy Hendy. Ray la conoció después de su cuarto divorcio, mientras ella trabajaba formalmente en el Parque Estatal Elephant Butte.

Hubo una conexión inmediata, y Hendy se mudó con él al poco tiempo, tras confesarle de manera directa que ella también albergaba el deseo de violar y lastimar mujeres. Hendy asumió el rol de “Ama” y participó infligiendo dolor con látigos, instrumentos médicos y potentes descargas eléctricas. El círculo delictivo se completaba con Dennis “Roy” Yancy, un conocido a través de Jessy, quien le suministraba metanfetaminas y cocaína a la hija de Ray a cambio de participar en los actos dentro del remolque.

Yancy Dennis, uno de los cómplices Yancy Dennis, uno de los cómplices

Para asegurar el control y evitar ser identificados los criminales suministraban a las víctimas drogas pesadas como pentotal sódico, fenobarbital y diversos barbitúricos. El propósito de esas sustancias era desorientar severamente a las mujeres y provocarles amnesia prolongada, asegurando que, si sobrevivían y eran liberadas, no pudieran recordar claramente los detalles del ataque ni la ubicación del remolque. Muchas de sus víctimas lidiaban con fuertes adicciones o ejercían el trabajo sexual en la calle, factores que Ray explotaba sabiendo que las autoridades rara vez investigarían a fondo la desaparición de esas mujeres vulnerables.

Aunque la cantidad de víctimas es imposible de estimar, las autoridades lograron confirmar los crímenes contra algunas personas. En septiembre de 1988, desapareció Billy Bowers, socio comercial de Ray. Seis días después, un pescador encontró su cuerpo en el lago Elephant Butte; presentaba un impacto de bala en el cráneo y estaba asegurado con dos anclas de barco para evitar que flotara. Fue identificado en 1999 solo cuando Cindy Hendy confesó el asesinato.

En julio de 1996, Jessy orquestó el secuestro de su antigua amiga Kelli Garrett. Tras un altercado con su esposo, Garrett fue al Blu-Water Saloon, donde Jessy introdujo drogas en su cerveza y llamó a su padre para que las recogiera.

Le colocaron un collar de perro de metal en el cuello, la trasladaron a la propiedad de Bass Road y la torturaron brutalmente durante cuatro días, sometiéndola a violaciones y descargas eléctricas mientras era filmada por las cámaras de Ray. Al cuarto día, Ray le cortó la garganta en el desierto y la dio por muerta. Garrett sobrevivió milagrosamente, pero ni la policía ni su propio marido creyeron su desgarrador relato de los hechos.

En 1997, secuestraron a Sylvia Marie Parker, una mujer sin hogar y madre de dos niños que vivía en una carpa prestada por Ray en las orillas del lago. Tras padecer días de tortura en la Caja de Juguetes, fue estrangulada hasta la muerte por Dennis “Roy” Yancy mientras David Ray filmaba el asesinato; su cuerpo fue abandonado más tarde en la cercana localidad de Truth or Consequences.

En febrero de 1999, Angelica Montano fue a la casa de Ray para pedir prestados ingredientes para cocinar y fue secuestrada a punta de pistola y cuchillo. Tras atarla a la mesa ginecológica y torturarla tres días, la arrojaron al costado de la ruta, y la policía nuevamente desestimó sus súplicas de ayuda.

El horror sistemático se desplomó el 19 de marzo de 1999. Cynthia Vigil Jaramillo, una joven trabajadora sexual de 22 años que operaba en la Avenida Central de Albuquerque, fue abordada por un hombre que afirmaba ser un oficial de policía encubierto.

Cynthia Vigil Jaramillo Cynthia Vigil Jaramillo

Creyendo que estaba siendo arrestada formalmente, ingresó al auto, donde Ray y Jessy la esposaron de inmediato, le colocaron un collar metálico de perro y la condujeron por más de 150 kilómetros hasta Elephant Butte.

Vigil fue encadenada dentro del remolque insonorizado y torturada sistemáticamente durante tres días. Ray le reiteró de forma constante que la mataría al igual que al resto y que nunca volvería a ver a su familia. Sin embargo, la tarde del 22 de marzo, mientras Ray se encontraba en su trabajo, Cindy Hendy cometió el error fatal de dejar las llaves de los grilletes sobre una mesa cercana a la camilla. Aprovechando el descuido, Vigil logró alcanzar las llaves, liberó sus manos y, cuando Hendy intentó detenerla por la fuerza, la apuñaló brutalmente en el cuello con un picahielos.

Completamente desnuda, sangrando, y cargando el collar de esclava y cadenas con candados, Vigil logró salir a la calle a plena luz del día. En un vecindario compuesto por casas rodantes, golpeó desesperadamente la puerta de una unidad perteneciente a Darlene Breech. Breech la refugió en su sala de estar, cerró la puerta con llave, cubrió a la joven con una bata y llamó al 911.

Al arribar los agentes Lucas Álvarez y David Elston, Vigil les exclamó temblando: “¡Estoy viva. Me liberé!”, procediendo a relatar el infierno que acababa de sufrir e indicando la ubicación exacta del lugar del cautiverio.

Esa misma tarde, decenas de policías allanaron la propiedad de Bass Road, arrestando a Ray y descubriendo la escalofriante cámara de tortura, la que conservaba intactas las herramientas médicas y las cintas de audio. Durante el registro minucioso, los investigadores hallaron diarios personales escritos por Ray en los que detallaba explícitamente haber asaltado entre 40 y 50 mujeres a lo largo de los años. Además, incautaron más de 400 piezas de joyería, prendas de ropa y diversos efectos personales que se presumía pertenecían a las mujeres que había asesinado. Jamás aparecieron los cadáveres.

De forma cínica, ante las cámaras de los medios, Ray justificó sus acciones alegando sentir una simple “adicción” por el estilo de vida del bondage, afirmando que las mujeres eran participantes voluntarias y que su único defecto fue ser “más extravagante” de lo habitual.

En abril de 2001, un jurado condenó a David Parker Ray por el secuestro y la brutal agresión de Jaramillo. En el mes de julio del mismo año, aceptó un pacto de culpabilidad formal que incluía los crímenes cometidos contra Jaramillo y Garrett, con la condición de proteger a Cindy Hendy de una posible condena a la pena de muerte y de reducir los años de prisión de su hija Jessy. Como parte innegociable de dicho acuerdo, Ray debía confesar la ubicación de las víctimas fatales a los investigadores, pero durante las audiencias de agosto, se negó tajantemente a colaborar.

Fue sentenciado a cumplir un total de 224 años de prisión. Su estadía tras las rejas fue sumamente breve; el 28 de mayo de 2002, pocos meses después de iniciar su condena formal, David Parker Ray murió producto de un ataque al corazón a la edad de 62 años.

Los miembros de su círculo íntimo también enfrentaron a la justicia de distintas maneras. Cindy Hendy, quien testificó sobre 14 asesinatos que jamás pudieron comprobarse materialmente, recibió una sentencia inicial de 36 años de cárcel, siendo finalmente puesta en libertad bajo palabra en el año 2019.

Glenda “Jessy” Ray concretó un acuerdo de inmunidad parcial por su cooperación; aunque enfrentó originalmente 12 graves cargos de secuestro, cumplió una sentencia reducida de dos años y medio de prisión y cinco años de libertad condicional, saliendo en libertad por tiempo cumplido en septiembre de 2001.

Por su parte, Dennis “Roy” Yancy fue sentenciado a 12 años de prisión por el homicidio de Sylvia Marie Parker; obtuvo la libertad condicional temporal en 2012, pero al violar rápidamente las severas condiciones de su régimen, fue reencarcelado hasta el cumplimiento final de su condena en el año 2021.

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