La agencia espacial estadounidense perfila su siguiente expedición a la órbita lunar como la prueba clave para acercarnos al aterrizaje en 2028 y la construcción de una base permanente.
El reciente regreso de la misión Artemis II marcó el inicio de una nueva era en la exploración espacial, pero el foco de la NASA ya está puesto en el desafío siguiente: Artemis III, la operación que pondrá a prueba la capacidad de la humanidad para volver a caminar sobre la Luna y establecer una presencia duradera.
El éxito del sobrevuelo lunar de Artemis II renovó la confianza en la tecnología, la colaboración internacional y la visión de largo plazo que impulsa el programa Artemis.
La transición de Artemis II a Artemis III concentra la atención de científicos, ingenieros y autoridades estadounidenses.
Mientras la cápsula Orion y los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen completaban su histórico viaje de más de 1.126 millones de kilómetros y amerizaban frente a la costa de San Diego, la NASA ya coordinaba reuniones de alto nivel para definir la arquitectura de la próxima misión.
Jared Isaacman, administrador de la agencia espacial de EEUU, informó que “hay muchas cosas que, según la información de la que disponemos hoy y los comentarios de nuestros proveedores, sabemos que son factibles”.
La planificación de Artemis III comenzó incluso antes de la recuperación de la tripulación en el Pacífico, lo que demuestra la premura y el compromiso institucional.
La expectativa se centra en el objetivo principal: Artemis III será la primera misión tripulada que intentará acoplar la cápsula Orion con uno o ambos módulos de aterrizaje desarrollados por SpaceX y Blue Origin. Estas naves, denominadas Starship y Blue Moon, representan la más avanzada tecnología de alunizaje desarrollada en colaboración entre el sector público y privado.
El calendario oficial prevé el lanzamiento de Artemis III a mediados de 2027. Si la operación resulta exitosa, el programa avanzará hacia Artemis IV, que llevará astronautas a caminar por las inmediaciones del polo sur lunar y abrirá el camino para construir una base permanente antes de 2032.
La misión Artemis III no buscará descender inmediatamente sobre la superficie lunar. La NASA optó por una fase intermedia: la nave Orión permanecerá en órbita terrestre, donde los equipos pondrán a prueba los sistemas de acoplamiento y transferencia entre la cápsula y los módulos de aterrizaje. Esta decisión surgió tras una revisión exhaustiva de riesgos y capacidades técnicas.
Isaacman explicó que existen dos opciones principales para la órbita de Artemis III: la órbita terrestre baja y la órbita terrestre alta. Cada alternativa presenta ventajas y desafíos en términos de seguridad, eficiencia y coordinación con los socios privados.
“Todos podremos hacernos una idea de qué camino probablemente tomaremos en función del ritmo de lanzamiento de nuestros dos proveedores de HLS”, indicó el administrador durante una rueda de prensa.
La elección de la órbita no es un asunto menor. El éxito de Artemis III depende de la capacidad de sincronizar los lanzamientos de Orion y los vehículos desarrollados por SpaceX y Blue Origin, así como de probar en vuelo real el acoplamiento y la transferencia segura de astronautas y carga entre los módulos.
Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, confirmó que el desarrollo del hardware para Artemis III ya muestra progresos significativos. Algunos componentes del cohete SLS se encuentran en el Centro Espacial Kennedy, mientras que otros llegarán desde las instalaciones de ensamblaje en Luisiana en las próximas semanas.
La operación Artemis III también servirá de ensayo para futuras misiones de alunizaje. Los módulos Starship y Blue Moon todavía no realizaron vuelos orbitales ni demostraron su capacidad para reabastecerse de combustible fuera de la Tierra, dos requisitos imprescindibles para la viabilidad de los aterrizajes tripulados.
Starship, por ejemplo, completó once vuelos de prueba suborbitales, con los dos últimos catalogados como exitosos por la compañía, pero aún resta demostrar que puede operar en condiciones de vuelo lunar y soportar la vida humana.
La cápsula Orion, por su parte, validó su resistencia y funcionalidad durante Artemis II, aunque los ingenieros ya identificaron áreas de mejora.
El sistema de propulsión Integrity sufrió una fuga de helio durante la misión, lo que obliga a un rediseño de las válvulas de presión para futuras operaciones.
El inodoro de la nave también presentó inconvenientes, por lo que se prevé la implementación de ajustes antes del próximo vuelo. Kshatriya recalcó que “estamos actuando con toda seriedad y procediendo lo más rápido posible” para cumplir con el cronograma propuesto.