Como en el caso de Lucio, ahora el verdadero interés del chico parece haber quedado sepultado por presuntas buenas intenciones, corrección política y una mirada sesgada.
Por Silvia Fesquet
Para Clarín
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"A veces llueve sobre la infancia” (Erik Satie)
Jugaba con él, le cocinaba, lo hacía dormir, lo abrigaba, le enseñaba el pedazo de cielo que podían espiar a través de la claraboya, lo mantenía alejado de esa perturbadora visita nocturna. Ella llevaba encerrada en ese cuarto más de ocho años; él fue el producto de la violación a la que la sometió su secuestrador. Madre e hijo tienen en ese cuarto todo su mundo, y se tienen a ambos. En un momento el nene, Jack, de 5 años, logra escapar a través de una estratagema que planea ella, Joy. Ambos son finalmente liberados.
Ya afuera, ante una pregunta en una entrevista televisiva, ella afirma, con una sonrisa iluminándole el rostro, que el nacimiento de su hijo cambió toda su vida en ese encierro infernal. Pero por momentos, la asaltan dudas. Se pregunta si hubiera podido hacer algo más, si hubiera habido alguna forma de sacar a su hijo antes de ese lugar... Ella, que sintió que había hecho todo lo que estaba a su alcance para darle a él la mejor vida posible, se plantea si no fue un poco egoísta.
Escondido, Jack presencia la escena. Días más tarde, mientras él juega con un autito, Joy le dirá, a propósito de aquella pregunta: “No soy una buena mamá”. Sin apartar la vista del juguete, él replica: “Sos una mamá”.
A pesar de su edad, el nene ha entendido cabalmente de qué se trata eso de ser madre.Tiene que ver con el amor, con el cuidado, con la protección. La historia es la que cuenta la película “La habitación”, inspirada en un libro escrito a raíz de la historia real de Elizabeth Fritzl, encerrada en un sótano por su padre durante 24 años, violada, y madre de siete hijos, fruto de esos abusos.
Esa noción de maternidad que el nene resume en tres palabras pareciera ser la que tantas veces le falta a la Justicia en sus distintos estamentos para ordenar, resolver y decidir sobre el material más sensible: la vida de los chicos.
La muerte de Ángel López, de apenas 4 años, volvió a conmover a la sociedad y puso otra vez bajo la luz pública un tema tan delicado y prioritario. ¿Qué se discute, verdaderamente, en los casos en que padre y madre disputan la tenencia?, ¿qué recaudos se toman antes de entregar al chico a uno de los progenitores?, ¿qué estudios ambientales se hacen?, ¿qué seguimiento del vínculo?, ¿qué antecedentes se verifican?, ¿se habla con médicos y docentes?, ¿se controla el estado de salud general del menor?, ¿alguien habla con él y escucha, realmente escucha, lo que dice?, ¿se atiende a otros signos, a lo que tal vez por su edad no puede expresar pero demuestra de otras maneras?. “Escuchar a un niño puede salvar su vida”, se leía en una pancarta en Comodoro Rivadavia, que marchó pidiendo justicia por Ángel.
Después del horror del caso Lucio Dupuy, el nene de 5 años asesinado por su madre y su madrastra, a cuyas manos lo entregaron a pesar del abandono inicial, de las reiteradas denuncias de parte de los tíos que lo habían criado y de sus abuelos, a pesar de los golpes con que el chico iba al colegio, a pesar de los reiterados ingresos a guardias y hospitales con fracturas y traumatismos, el país vuelve a estremecerse con otra muerte prematura. Si bien las circunstancias deberán establecerse fehacientemente, hay indicios de que, una vez más, alguien, o varios, no cumplieron con su tarea. Alguien, o varios, no vio, no escuchó, no quiso, no supo o no pudo. Y un nene de 4 años hoy está muerto.
Hay, a priori, muchos puntos en común con el caso de Lucio. Ahora, como entonces, el verdadero interés del chico parece haber quedado sepultado por presuntas buenas intenciones, corrección política, una mirada que supone, a priori, que una mujer que da a luz se convierte en madre por haber atravesado ese hecho biológico. Que ser madre implica, automáticamente, ser una buena madre. Y que estar con esa madre es lo mejor que podría pasarle a su hijo.
Sobran los ejemplos que desmienten esas creencias. A quien corresponda: una cosa es parir y otra, ser madre.