Cuarto largo de Ángeles González Sinde como directora y guionista, protagonizado por Adriana Ozorez y Darío Grandinetti, que interpretan a unos padres, divorciados, que deben encarar la súbita muerte de su hija, con la que apenas tenían contacto.
Por Juan Pando
Para Fotogramas
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Vuelve la guionista y escritora Ángeles González-Sinde, en su cuarto largometraje como directora, a indagar en la soledad, la ausencia y cómo superar el trance de una pérdida grave, como ya afrontó en La suerte dormida y El comensal, cinta por la que ganó el Goya a la Dirección Novel. Lo hace en esta ocasión por medio de Gloria, médico y psicoterapeuta española, y Juan, físico argentino, residentes en Buenos Aires. Su matrimonio se rompió de modo poco amigable hace años, pero la súbita muerte de su hija los fuerza a un reencuentro no deseado por ninguno de los dos y a viajar juntos a Benidorm, donde residía la finada, con quien no mantenían prácticamente contacto.
Su primera vez juntos de nuevo, a hora intempestiva, en el apartamento de él en Buenos Aires, marca el que será el tempo pausado y sereno del film, muy bien aprovechado por la labor interpretativa de la pareja protagonista, Adriana Ozores —actriz fetiche y hasta alter ego de la propia cineasta— y Darío Grandinetti. Cerebral y previsora ella, más desenfadado él, aunque con rasgos cascarrabias. González-Sinde logra transmitir la emoción contenida de unos personajes que se mueven entre el desconcierto y el dolor, en un ambiente de intimidad recuperada, mientras se ponen al día sobre sus vidas.
La llegada a España les depara una sucesión de sorpresas que les llevará a tomar conciencia de lo ausentes que estuvieron en la vida de su hija y de lo distantes que se encuentran entre sí. La directora demuestra nuevamente su capacidad para captar sentimientos y traducirlos en imágenes. Destacan especialmente dos secuencias: aquella en la que Juan se enfrenta al cadáver de su hija en la morgue, cargada de emoción sin necesidad de palabras, y otra, en contraste, donde una conversación abierta sobre su ruptura expone cómo pueden malinterpretarse los sentimientos.
La película cuenta con una fotografía clara y luminosa, localizaciones bien elegidas que reflejan los distintos universos de Benidorm, una dirección artística cuidada y una música original delicada de Paula Olaz. El film, adaptación de la novela homónima de la directora, funciona con mayor solidez como drama emocional que como thriller. La subtrama vinculada al misterio que impulsa el viaje, aunque coherente en el guion, no termina de integrarse con naturalidad en el tono general.
Una propuesta pensada para cinéfilos interesados en un cine de personajes y emociones, de impronta clásica.