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Opinión y Actualidad

Docentes en tiempos de incertidumbre

Si realmente valoramos la docencia debemos honrarla y reflejar ese reconocimiento en las políticas que la afectan.

Hoy 04:52

Por Cecilia Veleda (*), en diario La Nación
Este ciclo lectivo comenzó con episodios de violencia poco habituales en el sistema educativo argentino. Primero ocurrió un tiroteo en el que falleció un estudiante de una escuela secundaria de San Cristóbal, algo que no sucedía desde Carmen de Patagones en 2004. Luego aparecieron amenazas de tiroteos en baños de escuelas secundarias de todo el país. Es fundamental tratar estos síntomas con suma seriedad.

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Varios factores explican el malestar en las escuelas: la pobreza afecta al 60% de los menores de 18 años, la violencia se manifiesta en todos los ámbitos, la salud mental empeoró desde la pandemia, las redes viralizan consignas extremas y es cada vez es más difícil motivar a los estudiantes para el trabajo escolar.

Ante estos desafíos, hay que prestar atención a las docentes, mayoritariamente mujeres. En la actualidad reciben un salario inferior al de hace veinte años, trabajan en condiciones de infraestructura y equipamiento deficitarias, están sobrecargadas de tareas ajenas a lo pedagógico, tienen escaso tiempo para trabajar en equipo, las posibilidades de progreso en la carrera son limitadas, la formación inicial no siempre garantiza bases sólidas, la formación continua es discontinua y de bajo impacto, y la imagen social se ha deteriorado.

Parece que olvidamos el rol fundamental de las docentes en el cuidado de nuestros hijos. El cierre de escuelas durante la pandemia dejó claro como nunca antes cuán vitales son las escuelas -por lo tanto, las docentes- para nuestra organización social. Además de ofrecer un espacio de acogida, las docentes velan por los derechos de los estudiantes y atienden todo tipo de problemáticas sociales, familiares, sanitarias y emocionales.

Más aún, las oportunidades de aprendizaje dependen de las docentes. Son profesionales formadas en conocimientos complejos por instituciones especializadas. Un estudio reciente de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) demostró la relación directa entre el conocimiento pedagógico del profesorado y el comportamiento y el rendimiento de los alumnos en lengua y matemáticas. Un país que no apoya a sus docentes compromete cualquier proyecto de mejora educativa.

Sin embargo, para aprender es necesario desearlo, estar motivado, encontrarle un sentido. Quien enseña invierte no sólo sus competencias pedagógicas, sino también su personalidad, pasión y compromiso con los demás. Las docentes pueden despertar la curiosidad, la confianza en la capacidad de aprender, el autoconocimiento y el pensamiento autónomo. No es igual procesar información que comprender significados. Para mirar la vida con ojos humanos necesitamos aprender de otros seres humanos.

Las docentes encarnan valores éticos en cada juicio y acción. Están a cargo de la mayúscula tarea de la educación formal, que introduce a cada generación en el conocimiento para desarrollarse e intentar mejorar el mundo. Su papel es crucial para el desarrollo. Si realmente valoramos la docencia debemos honrarla y reflejar ese reconocimiento en las políticas que la afectan. Es la tarea más relevante y compleja de la política educativa, pero es posible.

(*) Investigadora principal de Educación de Cippec.