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Opinión y Actualidad

Felicitar a un perro

El fiscal a cargo de la causa por la desaparición de Agostina Vega en Córdoba, Raúl Garzón, dijo en una conferencia de prensa, tras el hallazgo del cuerpo de la adolescente de 14 años en un descampado, que había que felicitar al perro que la encontró.

Hoy 07:20

Por Camila Alfie
Para Página 12

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“Yo no puedo perder energía en enseñarles a ustedes qué es la Alerta Sofía“, les dijo a los periodistas, irritado, como quien quiere sacarse de encima a las moscas, cuando le preguntaron por qué no emitió la alerta inmediatamente, tras haber recibido la denuncia. El único imputado de la causa es Claudio Barrelier, un hombre de 33 años que tiene antecedentes penales por haber privado de su libertad a una expareja en 2025, pero que, aun así, trabajaba en la municipalidad cordobesa. Hace dos días fue encontrado, además, el cuerpo de otra adolescente, Dulce María, de 17 años, en una construcción en Misiones y, también en Córdoba, Delicia Mamani continúa desaparecida desde el 21 de noviembre de 2025.

Y esos son solo algunos casos que, en esta oportunidad, llegaron a la prensa. Porque en los titulares no hay lugar para todas. Según el observatorio AhoraQueSíNosVen, en el país hay un femicidio cada 36 horas y 1 intento cada 26 horas. Al menos 78 niñxs quedaron huérfanxs este año. Niños que importan menos que las cigotas que el presidente busca defender.

No es casualidad que ahora, de vez en cuando, algún adolescente se haga viral porque en su viaje de egresados eligió disfrazarse de mujer golpeada o mujer violada y después el colegio tenga que “salir a pedir perdón”. Pero ese adolescente y sus amigos permitieron y celebraron que uno de sus compañeros diseñara y ejecutara ese “disfraz”. Porque así ven el cuerpo de las mujeres: una zona de sacrificio descartable. Una incubadora, como dijo Ramiro Marra.

No es casualidad que el presidente, que habla de niños envaselinados y use metáforas violatorias compulsivamente, esté obsesionado en tirar abajo la ESI, una herramienta central para denunciar abusos en la infancia, y sea el perro de Donald Trump, uno de los mayores cómplices del caso Epstein, donde quedó más claro que nunca que los consumidores de tráfico de mujeres son quienes mueven los hilos del poder. Es todo parte de la misma madeja de impunidad machista que nos ahorca como política de Estado, acá, en EE. UU. y en todo el mundo.

Sin embargo, así como Raúl Garzón se nos ríe en la cara diciendo que hay que felicitar a un perro, creyendo que somos todas idiotas dispuestas a comernos cualquier buzón --Laura Vilches le paró el carro inmediatamente--, hace exactamente dos días la Corte Suprema de Justicia dijo que los femicidios bajaron. Un dato curioso, teniendo en cuenta que el gobierno niega la carátula de Femicidio como parte de su “batalla cultural” contra los “asesinos de pañuelitos verdes”.

Un dato curioso, además, teniendo en cuenta que durante toda la gestión de LLA su valioso aporte contra la violencia de género fue desmantelar la línea 114, la IVE, la Ley Micaela, militar el “nadie menos”, la violencia vicaria y ser los defensores de la idea obsesiva de que las mujeres se quieren vengar de los hombres haciendo “falsas denuncias”; desguazar dispositivos territoriales que buscan proteger a las víctimas de violencia de género porque NO-HAY-PLATA --para eso--, estigmatizar la ESI y cualquier tipo de lucha feminista tratándonos de gordas, lesbianas, sucias, negras, indias, planeras incogibles “alerta flequillo” abandonadas por nuestros papás, que merecemos que nos maten a golpes por no aprender a subordinarnos al macho y ser tradwifes y cerrar la boca y aceptar nuestro destino de inferioridad física y mental que pregona Agustín Laje.

Ojalá pusieran toda esa energía en implementar políticas públicas destinadas a bajar la tasa de femicidios, pero les resulta más cómodo proteger la vida de un embrión, usar el caso Lucio para deslegitimar el movimiento feminista y preguntarnos dónde estábamos cada vez que (inserte cualquier caso de violencia), cuando ellos literalmente prefieren amputarse una pierna en vez de compartir una foto de una piba que falta en su casa, porque les da pánico quedar asociados a cualquier cosa “feminista”. En este caso, ayudar a difundir la búsqueda de una nena desaparecida. Ellos literalmente prefieren que los pise un tren antes de ir a una marcha para exigir justicia por una piba asesinada.

Les importa menos que cero la vida de esas pibas; porque al final, siempre la culpa la tiene la madre o la chica que era una “fanática de los boliches” y algo habrá hecho, y mirá por dónde caminaba sola de noche y ¿quién la mandó a bajarse Tinder y salir con un desconocido? Ella se la estaba buscando. La culpa nunca es del violador, del asesino o de la policía encubridora que no toma las denuncias o de la justicia machista que no les cree a las víctimas, o de los depredadores de las políticas públicas que podrían ser la diferencia entre la vida y la muerte de una piba. Esa es la verdadera camaradería peneana de la que habla Malena Pichot.

Mientras nos quieren hacer creer que la culpa es nuestra o que el feminismo era una moda, una caza de brujas, un plan conspiranoico para eliminar a la población mundial, una “causa noble” mal usada, una forma de arruinar la fiesta o una frase idiota para estampar en una remera que al final no sirvió de nada, los feminismos populares seguimos acá como una de las únicas voces contra el fascismo caníbal. Los feminismos seguimos acá, cuidando y aguantando las luchas y acompañando y parando la olla. Y las pibas siguen apareciendo en los descampados. ¿Y dónde estaban ellos, cuando les dijimos que nos siguen matando?

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