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Austria convirtió la casa natal de Hitler en una comisaría para impedir homenajes neonazis

El edificio, ubicado en Braunau-am-Inn, cerca de la frontera con Alemania, fue inaugurado este miércoles tras una remodelación que costó más de 20 millones de euros.

Hoy 19:43

El Gobierno de Austria decidió transformar la casa natal de Adolf Hitler en una comisaría de la policía, con la esperanza de poner fin a décadas de controversias y evitar que el lugar siga siendo un punto de encuentro para grupos neonazis.

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El edificio, ubicado en Braunau-am-Inn, cerca de la frontera con Alemania, fue inaugurado este miércoles tras una remodelación que costó más de 20 millones de euros.

La antigua fachada amarilla fue reemplazada por un frente blanco y sobrio. En la entrada, el emblema de la policía marca el nuevo destino del inmueble, aunque se mantuvo una lápida con la siguiente inscripción: “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos nos lo recuerdan”.

La ceremonia de apertura, que contó con la presencia de un centenar de personas y una treintena de policías uniformados, incluyó palabras del alcalde Johannes Waidbacher y del ministro del Interior Gerhard Karner. Ambos destacaron la importancia de que la ciudad asuma su historia y mire hacia el futuro.

Un pasado incómodo y una polémica sin fin

El edificio del siglo XVII, donde Hitler nació el 20 de abril de 1889, pertenecía a una familia desde 1912. En 1972, el Estado austríaco lo alquiló para instalar un centro para personas con discapacidad, uno de los colectivos perseguidos por el régimen nazi.


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Sin embargo, la casa se convirtió en un lugar de peregrinación para grupos de extrema derecha. La última propietaria, Gerlinde Pommer, se opuso a la transformación y llevó la disputa a la Justicia, pero en 2016 el gobierno aprobó una ley especial para expropiarla. Tres años después, la Corte Suprema validó la compra por 810.000 euros.

Durante años se debatió qué hacer con el edificio. Se descartó tanto su demolición como la creación de un sitio conmemorativo, para evitar que se transformara en un símbolo para los neonazis.

Finalmente, se optó por instalar una comisaría para dejar en claro que no se permitirán homenajes al nacionalsocialismo.

Críticas y dudas sobre la efectividad de la medida

La inauguración de la comisaría llega en un contexto de avance de la extrema derecha en Austria. Según una encuesta reciente, el partido FPÖ, fundado por antiguos nazis y hoy en la oposición, lidera la intención de voto con un 38%, muy por encima del resultado de las últimas elecciones legislativas.

Las autoridades esperan que la nueva función del edificio termine con la polémica y ayude a Austria a enfrentar su responsabilidad en el Holocausto, en el que murieron 65.000 judíos austríacos y otros 130.000 debieron exiliarse. En total, se calcula que seis millones de personas, en su mayoría judíos, fueron asesinadas por el régimen nazi.

Sin embargo, organizaciones como el Comité Austríaco de Mauthausen se muestran escépticas. Robert Eiter, referente de la entidad, advirtió a la agencia de noticias AFP que la transformación “no disuadirá a ningún neonazi tentado por la peregrinación” y expresó dudas sobre la capacidad de la policía para neutralizar el atractivo del lugar.

Además, señaló que “lamentablemente se observa con frecuencia que una parte de la policía se inclina muy, muy hacia la derecha”.